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domingo, 3 de marzo de 2024

Daman

           Hoy cumplimos 45 días de viaje -37,'en este país- y de momento y a diferencia de otros periplos, hemos visto tres Indias distintas: la de toda la vida, que os llevamos contando desde hace tres lustros; la de Sikkim y Darjeeling -también, algunas zonas de Himachal Pradesh y Ladak- y el lugar donde nos encontramos, en Daman, que resulta una versión intermedia, entre el caos absoluto y el orden imperfecto.

          Daman cuenta con más de diez kilómetros de paseo marítimo -dividido en dos tramos distintos -; tiene un bazar cubierto, ostentoso, limpio y ordenado; está casi libre de basura -incluidas las playas- y la gente es relativamente educada (algunos conductores hasta nos han cedido el paso).

          Lo único que nos ha decepcionado de Daman -ademas de la relación  calidad precio de los hoteles-,es su estresante calle principal, que la esperábamos mas colonial. Todo lo demás nos ha encantado.

          Os contamos, lo que ha sido nuestra hoja de ruta de hoy.

          Empezamos la mañana en el coqueto bazar, donde es posible encontrar algunas gangas y después, a través de un muy genuino barrio musulman sin asfaltar y con dos mezquitas -una de ellas, muy bonita-, nos dirigimos a un puente motopeatonal, que te lleva el  fuerte portugués más grande. Tras las murallas y con mucho tráfico, dos iglesias -una medio ruinosa-, una calle de casas coloniales -tipo Panaji-, una florida plaza, varios vestigios de edificios y las magníficas y tranquilas ruinas de un monasterio construido hace más de cinco siglos.

          Saliendo del recinto y a la izquierda se encuentra un faro, que da inicio a un paseo marítimo, que termina después de unos 5,5 kilómetros, en la playa de Jampore. No es nada buena, aunque sí muy colorida, con sus sombrillas, toldos, camellos, caballos tirando de carrozas, puestos de garbanzos, de pani puri... Más que mar, al fondo, hay marismas, pero les da igual, porque los indios, ni saben nadar, ni se bañan. Como mucho, se remojan con la ropa puesta.

          A primera hora de la tarde, tocó la visita del fuerte pequeño, con una muralla más alta y una puerta grande espectacular. A este lugar se llega por una calle de casas coloniales algo decrepitas.Dentro una iglesia, un mausoleo y varias tumbas muy antiguas. En la explanada central, completamente abandonada, unos jóvenes juegan con pasión al béisbol y no nos llevamos un pelotazo de milagro.

          Ya solo quedaba el paseo marítimo principal, de unos seis kilómetros, donde está la playa de esta localidad -de arena negra, como todas aquí -, que sin ser gran cosa, es la mejor de todas. Hacia la izquierda, un templo hindú moderno, estructuras de pescado secándose y muchas barcas enclavadas en la bahía. A la derecha, un agradable paseo de unos tres cuartos de hora, hacia la playa de Devka, mucho más rocosa y más cutre, donde se encuentran buena parte de resorts y garitos nocturnos. Ayer y hoy, dos bonitas puestas de sol.

          Conmocionados hemos quedado al leer en la prensa la violación por siete hombres de una española, en el norte de este país, mientras le ponían un cuchillo en el cuello a su pareja. Recordar, que si no se cometen imprudencias muy gordas o se va a los bares a última hora de la tarde y por la noche, India es un país relativamente seguro.

          Determinados indicios nos indican, que mañana será un día determinante para este viaje.       

¡Vamos de bodorrio!, en Daman


 

El otro fuerte de Daman

 


¡Vamos a la playa 😄!


 

Ruinas de un monasterio portugués en Daman


 

Muralla de uno de los fuertes de Daman


 

Uno de los fuertes de Daman


 

sábado, 2 de marzo de 2024

Experimentando Daman

           El amable conductor nos dejó en el andén adecuado y no se fue, hasta que se aseguró, de que nos habíamos enterado del asunto. Objetivo conseguido, pero estábamos seguros, de que al día le quedaba mucha vida.

          Efectivamente, no pasaron ni cinco minutos, cuando apareció el autobús, algo más cómodo y barato, que los de Nashik. Para el viajero, los límites administrativos entre Vapi y Daman son difusos, porque no deja de haber casas, ni existe barrera o control alguno. Hay un indicio más perspicaz, que es contemplar, cuando empiezan a ser mucho mejores los edificios, cuando desaparecen la basura y los hedores y empiezan a proliferar las aceras.

          En poco más de veinte minutos llegamos a la estación de Daman. Se nota en muchas cosas -ya mencionadas-, que esta es una India distinta, aunque el tráfico es caótico y tortuoso y pone al endeble y resignado caminante, en peligro. Más todavía, si de repente, como es el caso, aparece una procesión de mujeres bailongas arropadas por una colorida carroza y la calzada se estrecha mucho más.

          La calle principal no está mal, para lo que estamos acostumbrados en este país, pero al ser ex colonia portuguesa esperábamos algo más parecido a Margao o Panaji, que a estos edificios no muy decrépitos pero insulsos. En ella y en las adyacentes se encuentran la mayoría de hoteles.

          Y, como preveíamos, empieza nuestra pesadilla: 80% de "no rooms", " is full", a veces, después de subir tres pisos a oscuras y mugrientas escaleras . Donde te aceptan, casi triplica, lo que estábamos pagando, anteriormente. Y, cuando ya resignado, aceptas la perdida económica, llega el check in -no menos de media hora, en el que ya te advierten, de que te sientes+, que casi siempre se convierte en un interrogatorio policial humillante.

          Al final y a regañadientes, nos quedamos en el alojamiento más barato, que a la vez, es el más caro que hemos pagado nunca en India:1500 rupias. Hemos recuperado el baño -muy básico - y el wifi, aunque pagando el doble, que en Nahsik.

          De comida, tampoco vamos muy bien. Han desaparecido la mayoría de los puestos de los últimos tiempos, no solo los de garbanzos, patatas o fritanga, sino hasta los de fruta o té.

          ¡Todo mucho más caro, salvo el alcohol y la cerveza, en tiendas y bares!

          Hagamos cuentas: precio medio de una habitación, en India: 900 rupias. Tarifa más barata, en Daman 1500. Importe medio de whisky y cerveza en India, respectivamente 250 y 110 rupias, por 150 y 80 aquí. ¡Mal para el hígado,pero peor para el presupuesto!, aunque tampoco dramatizaremos.

          Aunque, que no se pongan tontos estos de Gujarat y aledaños, porque si mandamos a tomar por el culo a seis estados del nordeste, nos cuesta la mitad hacer lo mismo con ellos. ¡Que todavía en España, seguimos teniendo casa!.

De Nashik a Vapi

           Nos marchamos de Nashik con gran pereza, después de tres días, en los que estuvimos narcotizados, sin tener, que resolver un solo problema. Las previsiones para el futuro no son tan halagüeñas, en Gujarat, porque ya estuvimos allí en 2011 y sabemos, las dos dificultades fundamentales, que nos vamos a encontrar: alojamientos caros o donde no nos aceptan y problemas de comunicación por ausencia del inglés más básico (mucha gente no sabe ni los números).

          Tomamos el autobús local 207, hacia la estación Mumbai Naka, sita a 8 kilómetros. Gracias eternas le daremos a un pasajero, que sin pedírselo nos dijo donde bajarnos, porque esta parada, ni es final de línea, ni se ve desde el vehículo. La terminal es un cacharro de manual, donde no tropezarse y partirse una pierna, es un milagro.

          Tuvimos suerte y el desvencijado bus, a Vapi, salió inmediatamente. La carretera interestatal es la peor, que hemos recorrido, en India, durante mucho tiempo: baches eternos, muchos tramos sin asfaltar, curvas inverosímiles y cientos y cientos de camiones. A ratos insoportable, a ratos, cruel, a ratos, letal. Hay cinco situaciones, que se repiten, absolutamente, en todos los autobuses, de India. Pueden ser provocados por una sola o por varias personas, pero nunca fallan: el niño llorón, quien se pasa todo el viaje hablando por teléfono, el/la que abre y cierra la ventanilla, quien te castiga -constantemente- con la ramplona música de voces agudas, gritonas y femeninas y el que pone sus vídeos para todo el autobús, sin usar cascos.

          Vapi es una ciudad absolutamente lamentable, cacharrosa, maloliente, llena de basura, caótica...y eso, solo viéndola desde el autobús, aunque a 35 grados.

          Llegamos a una estación desastrosa y nadie nos entendió, para decirnos, si había desde allí o desde otra parte, un autobús, a Daman

 Negociamos con los del tuck tuck. Con la mayoría de los escasos conductores -de cierta edad-, era imposible comunicarse ni para el destino, ni para el precio. Los más avispados, nos pedían 500rupias, que es el triple, de lo que estábamos dispuestos a pagar y no se bajaban del burro. Creemos -no es seguro -, por lo que hemos visto, que no todos los autoricksaw están autorizados para entrar, en Daman. Paseo arriba, paseo abajo, entre el insoportable calor y el peligroso tránsito. A cada rato, íbamos asumiendo, que nuestro margen negociador era escaso.

          Y un tucktuckero, entonces, que nos había ofrecido sus servicios y viendo que no los íbamos a coger, nos explicó en un casi perfecto inglés, que desde aquí, no hay buses a nuestro destino, pero que desde la estación vieja -esta es la nueva, aunque lo parece la otra-, circulan cada diez minutos y a continuación, nos ofreció los servicios de un veterano compañero, que nos llevaría hasta allí, por solo 80 rupias.

          Estamos acostumbrados a esto y a más, pero el trayecto fue absolutamente delirante, con un atasco tremendo y el cacharro, buscando los recovecos, casi inexistentes, para evitarlos. Estuvimos a punto de darnos contra un árbol y atropellar a una ronda señora de vestido verde. Fue tan honrado nuestro driver, que no se excusó de no tener cambio, para devolvernos  las 20 rupias.

Panorámica de Daman