Toca tomar el bus 200 desde Barajas hasta la estación de autobuses de Avenida de América. Hace una temperatura insufrible, en plena y maldita ola de calor. Nos ponemos a andar hasta la plaza de Manuel Becerra y de ahí hasta el centro, por Alcalá. ¡Podríamos hacerlo con los ojos cerrados!.
Estamos cansados y nos tumbamos un rato en el Retiro. La hierba está hecha un asco. Cuando me despierto, tengo enrojecidos los brazos y las muñecas y ambos pican sin parar. Menos mal y al contrario de días anteriores, que llevo pantalones largos.
Llevamos a cabo la ruta gratuita de los turrones - ya os he hablado de ella- y completamos la comida atiborrándonos de helados del Lidl, mientras a duras penas, tratamos de digerir los acontecimientos de anoche, con la traicionera e injusta denegación del embarque.
Pasamos la tarde caminando y echando otra siesta en el parque Casino de la Reina, lleno de negros agresivos, que te tratan de colocar drogas, mientras la policía observa desde muy lejos. ¡Que capacidad visual tienen!.
El partido entre Inglaterra y Argentina comienza. Lavapiés está llena de bares con pantallas gigantes y casi todo el mundo va con la perfida Albion . Cae el gol ingles y el regocijo es impresionante. Una chica nos sonríe y sentencia: "A ver, si meten otro, que estos argentinos son pesadísimos con todo".
Pero, camino del animadisimo parque de la Cuesta de Moyano, donde pasaremos buena parte de la noche, la albiceleste remonta en un plis plas y nos invade la ruina. La ciudad se llena de cláxones y de gentes gritando, "español el que no bote".
Yo no juzgo a idiotas , ni repudio nacionalidades por unos pocos -aunque aquí, vivan un millón -, pero el domingo van a salir escocidos con esa defensa inmensa de Luis de la Fuente, que empieza en el bloque alto, donde todos colaboran y ese Tiki Taka vertical y agresivo, nada parecido a los bostezos de 2010, cuando tener la pelota -y no meter gol- era lo importante. ¡Pues para eso, que le hubieran dado un esférico a cada uno y todos, a otra cosa!.
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