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domingo, 20 de septiembre de 2026

Lugo, jarreando

           Toca madrugar mucho, bajar a la estación todavía de noche y tomar un autobús a León, ciudad, en la que esté verano, hemos estado más de diez veces.

          Desde aquí, nos subimos a un ALSA, rumbo a Santiago de Compostela, aunque nosotros bajaremos en Lugo, donde hace veinte años que no arribamos.

          Durante el cómodo viaje, comemos, bebemos y dormimos (aunque no follamos, claro). Este viaje es diurno y no existe problema, pero en un próximo post os hablaré de algunos desquiciados, peligrosos y repelentes drivers nocturnos de ALSA, que ponen los pelos de punta y a los que apenas, ningún pasajero se atreve a enfrentar.

          Cuando llegamos a Lugo caen chuzos de punta y no lo va a dejar, durante toda la maldita tarde. Nada de orbayu o chirimiri, sin paraguas -somos así de listos, aunque lo sabíamos de antemano - y con los pies empapados tras chapotear, constantemente, en los tremendos charcos. Solo hace falta ir a una ciudad monumental, para que te caiga agua de todas partes: de los arcos de los soportales, de las gárgolas, de los contrafuertes, de los muros y de los salientes de las iglesias, de las puertas de la muralla...

          Lugo es una ciudad de excelente casco histórico -aunque pequeño-, de extraordinaria muralla entera -transitable en sus 2,5 kilómetros de perímetro por arriba- y de las tapas gratuitas y generosas más ricas y apetecibles del amplio y variado panorama patrio.

          Hoy, si tenemos hotel. En realidad, no es tal, sino un bajo de toda la vida reconvertido en apartamento turístico, con dos habitaciones exteriores, un baño grande y una cocina perfectamente equipada y útil para casi cualquier tipo de comida. ¡Los tiempos están cambiando y no siempre para mal!.

          Cuando volvemos del Gadis, después de hacer las últimas compras del día, aún no ha dejado de jarrear. Mañana, si el tiempo lo permite -que parece, que sí -, haremos dos caminatas naturales por los alrededores y el martes, llegaremos hasta O Cebreiro, donde yo ya estuve en 1993, cuando hice el camino de Santiago (de aquella manera, que ya he insinuado en otros post y que os cuento otro día).

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