Este es el blog de algunos de nuestros últimos viajes (principalmente, de los largos). Es la versión de bolsillo de los extensos relatos, que se encuentran en la web, que se enlaza a la derecha. Cualquier consulta o denuncia de contenidos inadecuados, ofensivos o ilegales, que encontréis en los comentarios publicados en los posts, se ruega sean enviadas, a losviajesdeeva@gmail.com.

domingo, 24 de febrero de 2019

De la reconciliación con Kuala Lumpur, a las Highlands

                     Las seis primeras son, de Kuala Lumpur y el resto, de las Cameron Highlands (Malasia)

          Y por fin y de forma absolutamente inesperada, llegó la reconciliación, con Kuala Lumpur. Nuestra relación de mal rollo con esta ciudad, duraba desde nuestra primera visita, en 2008, cuando acabamos en el alojamiento más cutre de todos los viajes de nuestra vida y creedme, que no me falla la memoria.

           El año pasado, nos sentimos bastante enfadados por las omnipresentes e interminables obras, que bloquean el centro, ya caótico de por sí. La desesperanza, en el retorno tan próximo en el tiempo, nos invadió a la llegada al ver, que Chinatown, estaba tan desmantelada, como la última vez y que en su contorno, aún había más reparaciones urbanísticas (la gran lacra de este viaje, junto al clima).

          Pero, a partir de ahí, todo mejoro. El alojamiento elegido -nada del otro mundo y sin ventana, pero muy barato porque la competencia es grande-, cubrió las necesidades básicas, que no habíamos tenido nunca en esta ciudad.

          Unos pescaditos al peri peri y unos cuantos platos de noodles con marisco, nos revitalizaron, además de un mercado de puestos de comida, situados en el caótico cruce de Little India,  con el acceso a Chinatown, todavía sin arreglar, porque está zona no es importante para el imperante musulmanismo.

          Sí que han avanzado y de qué manera -como cabría esperar-, en lo que se refiere a la zona de la mezquita y el palacio, totalmente terminada y de forma espectacular. Han creado un canal artificial lleno de peces que brujulea a sus anchas. Han acondicionado un paseo al lado del río, donde han montado un mercadillo de fin de semana muy animado y acogedor, de deliciosas comidas y como premio gordo y por otras obras menores, tienen cortado parte del centro al tráfico, por lo que se obtienen unas fotos maravillosas y unos paseos idílicos.

          Abandonamos, Kuala Lumpur, después de adquirir vuelos de ida y vuelta, para Bali. Estaremos en diferentes islas, de Indonesia, durante un par de semanas.

          Ahora, nuestro objetivo es el fresco y el sosiego de las Cameron Highlands. Se tarda unas cuatro horas, por una carretera, en sus inicios, muy aburrida. Luego y sin necesidad de pasar por Ipoh, se aborda una senda montañosa no demasiado sinuosa, pero con muchas curvas y vegetación, que conduce a la localidad, de Iscander Rata. Esta, cuenta con una simpática cascada y un mercadillo de domingo muy concurrido.

          Simplificando, el entramado de pueblos de las Cameron discurre entre tres localidades. Al principio y viniendo desde la capital, se encuentra Ringlet. A 12 kilómetros, el centro neurálgico llamado Tanah Rata, donde se encuentran la mayoría de infraestructuras: alojamiento, restaurantes, pequeños supermercados y bares para todos los gustos. Y, al final a unos 18 kilómetros, a localidad de Brinchang, cerca del monte Gunung.

          De las incertidumbres no previstas, al llegar a Tanah Rata, la mayoría se resolvieron en tan sólo diez minutos. Alojamiento bueno y barato; comida rica, variada y económica; alcohol y cerveza a precios accesibles y facilidad para encontrar los senderos turísticos de esta zona, a pesar de que no están muy bien señalizados -carteles viejos y escondidos- y de qué no existe una oficina de turismo.

          Nos ha gustado mucho este área silvestre y campera, a pesar de que el tráfico por la arteria principal -que debemos cruzar mil veces- invade, hasta nuestros sueños más sosegados. Pero, en próximos post tendré muchas cosas, que explicar sobre estas tierras altas, sin pretender dar demasiada información técnica de las rutas, porque para eso hay algunos -pocos- buenos blogs y muchas guías, más o menos, atinadas.

sábado, 23 de febrero de 2019

Tratando de adaptarnos a la velocidad del viaje

                                Todas las fotos de este post son, de Kuala Lumpur (Malasia)

          Ya no dudamos tinta china. Los grandes logros del viaje, que eran Australia y Nueva Zelanda, con un preámbulo- masaje de Tailandia, ya se han conseguido. Pero, aún así, el día a día nos sigue devorando, como ocurre en todos los viajes largos, donde ayer es la Prehistoria y mañana -por día flojo, que parezca- es el apocalipsis.

          Después del susto, de Singapur, sus desalmados y "graciosos" funcionarios y no sin problemas logísticos, conseguimos un hotel en Jhoror Baru, donde descansar nuestros doloridos huesos. Es la primera vez, que venimos en noviembre, a Malasia y toda esa retahíla del monzón, de la estación fresca o de la calurosa, es puro formalismo y topiquismo.

          Por mi experiencia, aquí llueve -y a cántaros- casi todo el año y la humedad te tumba, aunque, eso sí, en las épocas más benignas, alguna brisa momentánea alivia tu cara y cuentas con el super lujo, de poder dormir alguna noche con el ventilador apagado, a pesar, de que te sigan ofreciendo, como un mantra, habitaciones con aire acondicionado (en época alta, te las venden menos, porque las tienen llenas).

          Solo hace un año, que abandonamos Malasia y a primera vista, algunas cosas prácticas han cambiado y son muy irritantes. Por ejemplo, se les ha ocurrido -septiembre de 2017-, que debían aplicar a los extranjeros -y no a los nacionales, como siempre ocurre-, una tasa de alojamiento por habitación, de 10 ringgits. El matiz es, que solo es obligatorio para los hoteles más caros, pero casi todos los baratos, también lo aplican, embolsandosela ellos (afortunadamente, no, el digno hotel, de Kuala Lumpur, donde estamos ahora).

          Otro aspecto, que destacar es, que han subido el precio del transporte público, en Kuala Lumpur, el 100%. Así, recaudan lo que les da la gana, sin oposición alguna. Aunque bueno, yo seremos igual de bananeros, que ellos, porque ya  la Comunidad de Madrid, subió el metro a Barajas, de 2 a 5 euros.

          Lo curioso y trágico es, que si a alguien, que vende hamburguesas en un puesto de la calle se le ocurriera hacer lo mismo, se quedaría sin clientes y sin fuerzas, siquiera, para refunfuñar. Pero, para quitarnos el mal carácter y las incesantes lluvias -29 de 56 días- y las obras eternas -asiaticas y oceánicas- que llevamos padeciendo en este viaje, decir, que hoy hemos comido unos ricos noodles con marisco para chuparse los dedos, además de disfrutar de una siesta con pesadillas constantes, que seguro, he conseguido expulsar del interior de mi cuerpo.

          El año pasado dije: "cada vez, que vengo a Kuala Lumpur, está peor" y lo afirmó nuevamente. Han arreglado el 10% de lo levantado, pero han estropeado, otro 20%. Viva el constante contraste entre las alcantarillas nuevas y los eternos fosos de las calles, donde las ratas gordas - y las delgadas, también- campan a sus anchas.

          Ir a Maldivas, va a resultar muy complicado. Taiwán, parece, igualmente, difícil. Explorar lo que no vimos de Bali, Lombok y Flores, se adivina posible. Pero, me da la sensación, de que el viaje empieza a languidecer, si no somos capaces de ponerle remedio y obrar con contundencia y determinación.

Corolario de los post anteriores

              Dos, de Sydney (Australia), cuatro, de Singapur y dos, de Kuala Lumpur (Malasia)

          1°.-La salida de Australia, que cuando fuimos, a Nueva Zelanda, fue relajada y la reentrada también -no nos hicieron ni pasar por la aduana, todo un privilegio-, culminó con una persecución en toda regla, al tratar de abandonar, definitivamente, el país.

2°.-La entrada en Singapur, por aire, no nos generó ningún problema.

          3°.- Por el contrario, la terrestre, siempre nos ocasionó dificultades y está vez, también.

          4°.-Cuando alguien, en Singapur, Malasia o resto del sudeste asiático, os hable de una senda peatonal, contrastad, antes de emprender camino, la información. O, casi mejor, ¡salir corriendo!, inmediatamente.

          5°.-No hagáis excentricidades en lugares peligrosos. En Oceanía, las aceras llegan a todas partes, no así en el sudeste asiático. Y lo peor es, que nosotros somos expertos, para haber caido en este error.

          6°.-Empieza la información de servicio: en las terminales malasias de la frontera, existen oficinas de cambio con amplio horario y buena tasa. No esperéis hasta llegar a la ciudad, de Jhoror Baru.

          7°.-La estación de buses de Larkin, en Jhorur Baru, no es lo mismo, que el centro. Así, que aclararos bien, adónde queréis ir. En Larkin hay un mercadillo, numerosos hoteles a buen precio y bastantes restaurantes, pero muy pocas posibilidades de comprar alcohol -salvo cara cerveza-, de encontrar lugares interesantes o de toparse con un supermercado.


          8°.-Los check-out de los alojamientos de esta ciudad son a las tres de la tarde.¡Y en Australia y Nueva Zelanda, a las diez de la mañana, sin pasarse ni un minuto, te largan a la calle! En Jhoror Baru los hoteles parecen buenos en la recepción, son regulares en los pasillos, malos en las habitaciones y muy malos en los baños.

          9°.-En Jhoror y en toda Malasia, suelen ser más baratas las cervezas europeas -tipo Heineken o Carlsberg-, que las de la zona.

          10°.- No os sorprendáis, porque un malasio diga llamarse, Ramón. Nosotros hemos conocido uno está misma tarde.

Frontera de Singapur: otro día de zozobra

                                              Todas las fotos de este post son, de Singapur

          Cambio de cinco husos horarios en dos días, 12,5 horas de vuelo en aviones de bajo coste -sin comida y bebida-, 8.000 kilómetros realizados, cuatro noches - por diversos motivos- sin pisar un alojamiento, controles sanguinarios en los aeropuertos, lluvias torrenciales...

          Nuestros cuerpos, hasta con cincuenta años, aguantan muy bien estas cosas aún, pero la mente ha acabado en servicios mínimos de respuesta y máximos de estrés. Pongo todos estos atenuantes, no como justificación, sino para daros argumentos de lo que nos ha pasado a la salida, de Singapur, país -donde además de hacer mucha humedad y llover todo el año y no solo, durante el monzón, siempre pasa algo y no bueno. Especialmente, en su frontera terrestre.

          Como ya lo conocíamos, desde 2008, el viaje en esta ocasión, a Singapur, ha sido exprés. Una seis horas, sino contamos las del aeropuerto y transporte. Nada inusual ni mencionable, hasta que decidimos -en vez del autobús, como la vez anterior- usar el metro, hasta Woodlands, opción que hemos leído a algunos blogueros.

          Al llegar a esta nos ocurre una extraña aventura, que nos pone el día dificil y absurdo. Preguntamos a varios autobuseros, de Woodlands, como podemos ir andando hasta la frontera. Uno nos dice, que el check point está lejos -2 kilómetros, aunque luego constatariamos, que son 4- y otro miente de forma descarada, indicando, que el camino está cerrado. Nos recomiendan el bus 911 y decidimos seguirlo, caminando, pero lo perdemos de vista pronto.

          Entonces, preguntamos a un chico, que camina por la acera y que no habla inglés -y lo siente, pretendiendo justificarse, porque debe ser el único en Singapur-, pero nos hace un croquis, que nos aclara el camino, a seguir.

          Reencontramos la ruta del 911 y tras varios titubeos, damos con el puesto fronterizo. Mientras estamos en la cola, una pareja de polis me pide el pasaporte y me hace poner el pulgar en una especie de TPV. A mí pareja no, pero no me supone ninguna ventaja dado, que debemos hacer los mismos trámites los dos.

          Otro policía nos pregunta, si vamos por la senda peatonal o hacia los autobuses, para llegar a la frontera, de Malasia. Y, nosotros pensamos:"¿Hay una senda peatonal? ¡Que bien y sobre todo viniendo de la tranquila Porque ceania!" Empezamos, tras pasar una puerta giratoria, que solo tiene una dirección y por donde no cabrían la mayoría de los equipajes de los viajeros.

          Todo bien, hasta que salimos a una carretera infernal, aunque con estrecha acera. Debe ser ya Malasia, porque está llena de alocados motoristas. Nos ponemos a andar y cruzamos un ancho río, como casi siempre en las fronteras y tras unos veinte minutos, se termina la acera, quedando solo el transitado asfalto. Tras varias precipitadas y nerviosas valoraciones, decidimos volver sobre nuestros pasos.

          Pero la puerta giratoria, nos impide regresar. Y el policía, que la vigila, también,  decepcionado porque no hemos sido capaces de coronar un "sencillo" -segun el- camino de 45 minutos. Al final, concluye que tenemos, que volver a entrar en Singapur y volver a salir, para poder ir a la zona de autobuses, que conectan, con Malasia. ¡Nosotros alucinando!


          Todavía, nos cuesta un rato explicarle a sus superiores, nuestro simple desconocimiento y que no pretendemos nada raro -error, si es necesario-, para que nos abran unas puertas mágicas con contraseña, que nos dejan en la parada de los buses, que circulan hacia Malasia.

La única e imperceptible ventaja es, que le echamos jeta y no hemos pagado un duro de una frontera a la otra, dado que el conductor nos considera cuerdos y piensa, que ya veníamos anteriormente en su bus.

          A todo esto, caemos en la cuenta, de que se nos ha pasado algo por alto, al volver tan distraídamente, del primer al tercer mundo: por mucho, que te muevas bien en este último -cual es nuestro caso-, siempre debes estar muy alerta, cuándo regresas a el, desde la placidez de los países desarrollados. O te pones las pilas o en el mejor de los casos, te las ponen.

          ¡Vaya dos días consecutivos de zozobra!

viernes, 22 de febrero de 2019

Los polis, el negro y el chino. ¡Pánico en nuestro último dia, en Sydney!

                                             Todas las fotos son, de Sydney (Australia)
       
Nunca creímos en lo del martes y trece y en lo del viernes, tampoco. Por eso y tras la experiencia de la salida, de Sydney y a Nueva Zelanda, dos semanas atrás, pensamos, que el último día en Australia, a la vuelta, sería un mero trámite. Nada más lejos de la realidad.

          Por desidia y por ahorrarnos un buen puñado de dólares -despues de la sangría de Nueva Zelanda- decidimos ir a dormir a la confortable estación de tren, como otras veces anteriores. Pero en esta ocasión, a las siete en punto de la mañana se presentan dos policías -como siempre, uno bueno y otro malo-, de aspecto cómico: con pantalones cortos y con camisetas sin mangas.
         
         Tras preguntarnos - al vernos tumbados en el suelo-, si esperamos algún tren y mentirles, diciendo que al del aeropuerto, comienza una conversación trabada, que da tanta risa, como miedo, por su imprevisible final. Nosotros tratando de explicarles nuestros planes de volar, a Singapur y ellos tan sorprendidos -no nos llaman mentirosos- de que con dos bultitos pequeños, llevemos viajando dos meses por el mundo y tres semanas, por Australia. Finalmente, nos dejaron ir y no perdemos ni un segundo en cumplir sus órdenes.

          Lo gordo, sin embargo, nos esperaba en el aeropuerto, unas pocas horas más tarde, donde todos los derechos civiles y humanos, se acaban para los pasajeros. Habíamos comprado varias latas de comida -sardinas, ricas y muy baratas, alubias y un guiso de cordero, beicon, patatas y vegetales-, para cuadrar el dinero sobrante. Tambien vino, pero ya nos lo habíamos bebido, antes de arribar a la terminal aérea. Como siempre y tras la impecable obtención de las tarjetas de embarque, por parte de la compañía Scoot y el tranquilo control de inmigración, no facturamos: todo nuestro equipaje en los bultos de mano.

          Ya habíamos leido, que no se permiten líquidos, aerosoles y geles de más de 100 mililitros, aunque cuando salimos la otra vez, colamos un champú y un gel de medio litro cada uno, aunque esta vez, no llevábamos nada de eso.

         
          Las cosas empiezan mal y son discrimatorias, porque a todas las mujeres, las hacen pasar por una infame máquina de rayos X y las toquetean bastante. Uno de los bultos acaba en las manos de un chino -el malo- y el otro en las de un negro -el bueno, a priori- Siempre me he preguntado, porque hay tanto inmigrante curtido -Barajas incluido- en los controles aeroportuarios. Tengo mi propia y clara respuesta, pero no viene al caso y quedaría demasiado largo.

          El negro sonrie y se apiada de nosotros y nos deja pasar las sardinas, que ya habíamos transportado, de aquí, a Nueva Zelanda. Separa la lata grande.¡Pero si es algo sólido! Le indicamos que no pone nada de eso en ninguna parte. Cada vez, se va poniendo de peor carácter y estalla, cuando le decimos, que vamos a perder el vuelo "eso no es mi problema", no contesta, de muy malas formas.

          Ahora nos enfadamos nosotros, porque destroza todo nuestro equipaje con las manos cubiertas con guantes y sin permitirnos explicarle nada, para dejarlo todo tirado. Mientras tanto, el chino a lo suyo. Con cara de idiota, se ha cargado toda la comida, incluidas las sardinas del otro bulto: ¡eso es unificación de criterios! No ha puesto pegas, sin embargo, a dos enormes magdalenas de chocolate y al paquete de pan de molde. A mí modo de ver, los problemas son varios y muy graves:

           -Cada trabajador de este sector, hace lo que le da la gana, sin potestad de autoridad, sin dar explicaciones a nadie

           -No serán, ni a uno ni a dos, a los que les hayan hecho perder un avión, sin responsabilidad alguna.

           -Te ponen de los nervios con todo tu equipaje desperdigado y los documentos abandonados, mientras tanto, en las bandejas. Por supuesto, no se harán responsables, si pierdes o te roban algo importante.

           -Sin de una arrogancia y una chulería tremenda y desbordante

            -Aplican las normas, según les caigas y la resistencia, que opongas.

           -¿Donde van todos esos productos, que retiran? Los pasajeros deberíamos tener derecho, a saberlo

           -¿Como podemos defender nuestra dignidad, como personas, ante estos procedimientos abusivos e impunes?

          Y lo que casi nadie sabe es -a mí me lo explico un trabajador de Barajas-, que el escáner no distingue si un bote es de 100 mililitros, del de un litro, por lo que registran a boleo o dependiendo, de como tengan el día.

jueves, 21 de febrero de 2019

Tras el furibundo ataque de las gaviotas, comparamos Australia, con Nueva Zelanda

                                 Todas las fotos de este post son, de Kaikoura (Nueva Zelanda)

          Ya predije yo -más por las experiencias vividas que por talento de adivinación-, que los incidentes con los autobuses, de Intercity, no habían terminado.

          Reservar el billete on line con el móvil, como habíamos temido, no fue ningún problema, pero si un largo retraso en la salida del autobús, a Kaikoura -injustificado-, que propició, que de camino nos toparamos con unas desastrosas obras -marca Oceanía- y con un desgraciado accidente de tráfico, que nos retraso otra hora y media más y que nos dejó en nuestro destino, bajo un diluvio infernal, siendo ya casi de noche y con la mayoría de los alojamientos ya cerrados.

          Sin poder remediarlo y por no quedarnos a dormir en la calle, con unas condiciones climatológicas tan adversas, pagamos la choza más cara, en Nueva Zelanda y nos morimos de frío, durante la noche, porque después de soplarnos más de 40 euros por un bungalow infumable y sin calefacción, todavía nos quiso cobrar aparte por una manta.

          Hasta Kaikoura, conduce una breve pero intensa carretera escénica de paisajes marinos, que culmina en una playa colosal de arena negra. Después de la desangelada noche, abordamos muchos senderos, poco turismo y día soleado, por lo que tenemos unas buenas sensaciones. Hasta, que antes de partir y por sorpresa, llega el ataque masivo de las gaviotas.

          Almorzábamos patatas fritas de cebolla verde y ni caso, igual que a unos indios, que engullían unos bocadillos y a otros chicos, que comían arroz. Pero, fue abrir una pizza de carne, pimientos, queso y salsa barbacoa y se volvieron locas. Las de delante, resultarles fáciles de espantar, aunque siempre vuelven, desafiantes, después de planear en circulo. Pero desde un alto, nos atacaron por detrás con decisión. Una, a la que no vimos venir, nos tiro la pizza al suelo, aunque no se llevó nada, pero la otra, aprovechando el desconcierto, me arrebato de la mano un buen trozo. Creedme: ¡embisten como toros!

          Cuando esto escribo, ya hemos abandonado, Nueva Zelanda, así que, ya nada nos puede pasar allí. La salida fue buena. El vuelo de retorno a Sydney puntual y la reentrada, en Australia, sin control alguno, ni siquiera en la temida aduana.

          Creo, que no escribiré el prometido post de diferencias, entre Australia y Nueva Zelanda. Dejaré, que la pura realidad, me destroce un buen post. Pero, si quiero significar, una breve comparación de datos prácticos para el viaje. Vamos con ello:

          -Alojamientos mucho mejores y más baratos, en la isla de la Nube Blanca -salvo, en Queenstown-. Además, aquí no piden depósito por la llave, no suben el precio los fines de semana y se adaptan más a tus necesidades.

          Eso sí y como en Australia, las horas del check-in son tardías y las del check-out, tempranas.

          -Transporte. Escaso en los dos países, pero casi monopolístico, en Nueva Zelanda, lo que lo hace muy deficiente y caro. Los precios, en Australia, son mucho más razonables.

          -Comida. Quien lo iba a decir el primer día, que llegamos, a Christchurch, que pensábamos, que íbamos a estar durante doce jornadas comiendo alubias y espaguetis de bote. La ventaja de Nueva Zelanda, es que cuenta con más competencia de supermercados y a horas determinadas, los descuentos de platos preparados, son de vértigo, llegando al 80% Creo, que esto está ligado al temperamento de esta gente, que ven muy feo desperdiciar la comida.

          Por ejemplo hace un par de días y por un dólar neozelandés cada plato, -56 céntimos- hemos comido una enorme pizza de chorizo, un bollo relleno de queso y carne o un arroz con pollo y mandala de 400 gramos.

           -En cuanto al wifi, Nueva Zelanda presta mucho mejor servicio, en hoteles, estaciones, aeropuertos y centros comerciales. En Australia, te lo quieren cobrar en todas partes y a veces, resulta muy lento y se corta, a menudo.

          Me sigo reafirmando, que en cuanto a la organización de las excursiones, son más profesionales, en Australia.

          Por cierto, con paciencia -dos horas- y sin peligro, se puede llegar andando al aeropuerto, de Christchurch. De esta forma, el ahorro, en transporte, resulta considerable.