Este es el blog de algunos de nuestros últimos viajes (principalmente, de los largos). Es la versión de bolsillo de los extensos relatos, que se encuentran en la web, que se enlaza a la derecha. Cualquier consulta o denuncia de contenidos inadecuados, ofensivos o ilegales, que encontréis en los comentarios publicados en los posts, se ruega sean enviadas, a losviajesdeeva@gmail.com.

lunes, 20 de octubre de 2014

Mitos y falsas verdades: India (parte II)

                                                                                    Haridwar
          -“Después de ir a India, ya ningún destino te sorprenderá”: Lo dudo. Yo hay días, que he escrito bastante más de nuestra estancia en determinados lugares, de Bangladesh, que en India. Y cuando, nos fuimos de allí, a Nepal, tras el primer viaje al país, lo pasamos divinamente. Y para el futuro, seguimos teniendo las mismas ganas de viajar, que después de nuestro segundo periplo, por India.
                                                                                                                Amritsar
          -“Hay mucha gente en India, que viaja buscándose a si mismo”: Para empezar, India es el 38º país más visitado por extranjeros del mundo. Así que mucho guiri, no hay. En el norte, en lugares como en Pushkar, Orchha o Varanasi, no es infrecuente este perfil, perro no tanto, como se piensa. Hay casi más gente, poniéndose ciegos a base de ganj –marihuana-, En Manali y Rishikeh, es posible encontrar a ese tipo de viajero, de forma más pura. Son tan llamativos y excéntricos, que parece que son más, de los que en realidad, son. En el sur del país, no encontramos a nadie con esa dinámica
Mcleod Ganj 
        -“En India abundan los mercados y las especias”: Incluso para nosotros, que ya algo sabíamos al respecto, ha sido una pequeña decepción, encontrar menos mercados de los esperados o mercadillos –esta realidad, es también extensible a los  escasos puestos callejeros de comida- y tan pocas tiendas de especias. No sé adonde irán a comprarlas, porque la cocina, si que es realmente especiada en el sur y tan solo, muy picante –o mal especiada-, en el norte”.

          Los mejores mercados, los encontramos en ciudades como Amhedabad, Shimla, Delhi, Jaipur, Bhopal, Bombay o Calcuta. En cuanto a tiendas de especias y de forma muy palpable, las hallamos en el camino que va, desde Fort Cochin, a Matacherry. En el resto del país, masala por todas partes y algo de currry (Indiscutiblemente, muchísimo menos de lo esperado).
Manali
          -“Como maravilla del mundo moderno, que es, el Taj Mahal es lo más imprescindible de visitar, en India”: De esa creencia, se aprovechan sus gestores, para cobrar tres veces más, que por cualquier otra atracción turística. Pero, no somos ni uno, ni dos, ni trescientos, los que nos tiramos varios meses en India y solo lo contemplamos desde arriba (muy buenas vistas, desde hoteles cercanos). Tres veces hemos estado ya, en Agra y todavía tenemos pendiente la visita. Y me temo, que aún va a pasar bastante tiempo, hasta que esta s e produzca.
Shimla
          No seré yo, quien asegure, que la visita al Taj Mahal, no merece la pena. Pero desde luego y en este país, pondría por delante Hampi, Khajuraho, Varanasi, Orchha, Pushkar, Jaipur, Amber, las cuevas de Amanta o Ellora, Haridwar, Shimla, el templo de Madurai, Kanyakumari,… ¡Y podría seguir!.

          -Las ciudades en India, están llenitas de vacas”: La realidad actual es, que en el sur apenas las hay -si exceptuamos, la zona próxima a las estaciones de Bangalore y alguna en Kanchipuram- y en el norte, cada vez ves menos (en Nueva Delhi, por ejemplo, han reformado la zona más turística y se las han llevado al campo).
                                                                                                               Chandigarh
          Sí, que tienen una presencia más “mágica”, en los lugares más sagrados, como Pushkar, Orchha, Rishikesh, Allahabad y los ghats de Varanasi, por donde campan a sus anchas, junto a los búfalos.

          Aunque, si es verdad, que se trata de animales sagrados, no lo es, que el tráfico se detenga ante ellas, cuando se paran en too el medio, como nos contaron en el colegio. Cuando esto ocurre, se llevan sus correspondientes pitidos o aparece un espontáneo, que a tirones del rabo, se las lleva de allí.

          Exotismos y religiosidades al margen, las vacas son una absoluta molestia para el viajero: se pasan el día revolviendo y comiendo basura, llenan las calles de enormes plastas y en el norte, incluso embisten a la gente, bien por placer o para arrebatarles comida (como hemos vivido en nuestras propias carnes, una mediodía del primer viaje, en la localidad de Oechha). Además, atraen a las moscas.
Vasit
         -En India, mucha gente vive en las medianas de las carreteras”: Habrá gente, que no tenga más remedio, pero desde luego, no de forma mayoritaria, ni generalizada. Al menos, nosotros apenas hemos visto unos pocos miles de personas, después de cinco meses y de 25.00 kilómetros. recorridos por el país.

          De día, la mendicidad en India, es mucho menos evidente y presente de lo que esperábamos. De noche, se concentra tranquilamente, en los alrededores o interior de las estaciones de ferrocarril. Siempre, se trata de mujeres, dado que los hombres, pueden trabajar en cualquier cosa. Porque los empleos precarios, no faltan, en India.


domingo, 19 de octubre de 2014

Mitos y falsas verdades: India (parte I)

                                                                  Trichy, arriba y cuevas de Ellora, debajo
       -“Como colonia británica, que fue, en India todo el mundo habla inglés”: ¡Absolutamente falso!. Ya quisieran en este país, hablar la mitad de inglés, que manejan otras ex-colonias, como Sudáfrica o Botswana, por ejemplo. En India, la gente que habla inglés es escasa –y mucho más, que lo hagan bien-, si bien la mayoría, al menos saben los números y cuatro frases. En torno a un 5% de la población, instruida y con medios económicos, domina a la perfección, la lengua de Shakespeare.
                                                                                                               Bombay
          Es verdad, que en el sector turístico, no hay problemas para entenderse en los hoteles, agencias de viajes o estaciones de bus y tren, aunque ssí muchas veces, en los restaurantes de gama económica o en los puestos de los escasos mercados.

          Parece, que en la actualidad –y según nos comentaron-, hay bastante interés, en que los niños aprendan inglés en el colegio, pero de momento, aún les queda mucho camino por andar, para convertir esto en una realidad.

          -“India o la amas o la odias”: Pues ni lo uno ni lo otro. Probablemente, acabe siendo de los países más interesantes, que he visitado en mi vida –sino, el que más-, pero sin sentimientos extremos.
Margao
          -“Para conocer un poco India, hay que ir al menos un mes”: Sencillamente, se trata de una soberana estupidez. Hay, quien en diez días, asimila más esencias, que otros en un montón de años. Nosotros nos recorrimos el sur del país, en tan solo 15 días y nos dio bastante de sí. Y es que la ventaja, en India, es que puedes hacer muchos trayectos de noche y se avanza, extraordinariamente, rápido.
                                                                                                                 Varkala
          -“India es durísimo”; Durísimo, durísimo, tampoco. A ratos es bastante estresante y determinadas cosas del país, te sacan de quicio, pero nada más. En general y salvo el insufrible tráfico, no hay muchos más padecimientos, que evitar a los pelmas. Si es posible, que en el sur del país, hayamos encontrado a la gente más desagradable –por detrás de los judíos-, de los 108 países, que conocemos.

          El caso es, también, que mucha gente, atraída por supuestas frases hechas, leyendas y tópicos, acude a este país, apenas habiendo salido de Europa. ¡Y entonces, si que puede ser desagradable y duro¡
Kovalam
          La dureza de un viaje, la marca cada uno, decidiendo, como se transporta, en que sitios duerme, que come o cuantas horas andas al día y por donde. Nosotros viajamos con un presupuesto muy ajustado -unos 200 euros mensuales, cada uno-, pero añadiendo un poco más de dinero, el confort sube, como la espuma.

          Finalmente, para evitar la dureza de la India, nada mejor, que abstenerse de viajar, entre abril y agosto, ambos meses incluidos.
Kanyakumari
          -”En India hay mucha miseria”: Lo que me apetece es, escribir de forma visceral, pero aún así, me controlo y busco datos. Es posible, que esta sea una de las reflexiones más duras, pero es que estamos hartos, hartos, hartos y lo siguiente, de que desde que hemos llegado, cada vez que nos encontramos con alguien y le decimos, que hemos estado varios meses en India, siempre nos espeten lo mismo: “¡Ah, pero allí hay mucha miseria!”.



          Cierto es, que la tercera parte de la población de India, vive bajo el umbral de la pobreza. Pero, no nos olvidemos, que un 20% de los habitantes padecen la misma situación, en la próspera y honorable España. Con la diferencia, de que aquí, el porcentaje sube, progresivamente y allí, baja, constantemente.

sábado, 18 de octubre de 2014

Mitos y falsas verdades: Tailandia

                                                                             Esta y la siguiente son, de Petchaburi 
          Pues el título, lo dice bien claro: cosas, que se dicen o se piensan sobre los países y que nada -o poco-, tienen que ver con la realidad. Hoy, nos centramos en Tailandia, pero iremos abordando los otros destinos.

          -”Tailandia es el país de la eterna sonrisa y el de mayor estabilidad del sudeste asiático”: Cierto es, que el trato con sus habitantes resulta bastante cordial y amable, aunque en los lugares menos turísticos, se vuelve algo más distante. Pero, también es verdad, como escribió un lector en mi blog, que las sonrisas se acaban, cuando se termina el dinero. Me explico:

          En Sangkhlaburi, solo hay un banco para cambiar dinero y estaba cerrado, por ser fin de semana. Volvimos a Kanchanaburi, ya siendo de noche y sin bahts en el bolsillo. Prometimos y juramos, que pagaríamos a la mañana siguiente, dejando en prueba del pago los propios pasaportes y solo en un sitio, después de preguntar en otros cuantos, lo aceptaron, con muchos recelos y porque ya, habíamos dormido allí, previamente. Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana.


                                                                                             Phimai
        En cuanto al tema de la seguridad, en Tailandia, baste decir, que durante nuestra estancia, se produjo un golpe de estado, el centro estaba tomado por una acampada gigante y la mayoría de edificios oficiales, rodeados de sacos terreros y alambradas de espino. Assí, que ¡ojo!. Si es cierto, que fuera de la capital, las cosas suelen estar bastante tranquilas.
Esta y la de abajo son, de Nakhon Ratchasima
          Otro asunto, son los severos registros policiales en plena calle, que de forma aleatoria, te pueden tocar (nosotros llevamos dos, ya).

          -“Las islas del sur de Tailandia, son realmente, paradisíacas”: Nos hallamos, nuevamente, con otra verdad a medias, que puede arrastrar a bastante gente, a llevarse una desilusión, un extraordinario cabreo y un desembolso económico inolvidable (más que la propia ínsula).


        A mi, me parecen mucho más idílicas, las playas de Goa y Varkala, en India o las de Sri Lanka. Pero, admitiendo, que las de Ko Samui, por ejemplo, no están mal, no es una buena ocurrencia tomar vacaciones en ellas, en plena época de lluvias o cuando las mareas están bajas –no sé, si llegan a subir alguna vez, porque en tres días, no la vimos alta nunca- y tienes que andar casi medio kilómetro, para que te llegue el agua a las rodillas.
                Esta y la siguiente son, de Kanchanaburi
          -“La cocina de Tailandia es de las más variadas, picantes y ricas del mundo”: Vayamos por partes: Variada, lo es y muchísimo. Quizás, junto a la española, la que más, de nuestros países visitados. Picante, también, pero no mucho, si la comparamos con la de India, donde casi todo lleva guindilla o chile. Y ica, supongo, que para ellos sí, porque os aseguro, que nueve de cada diez occidentales, no podrían soportar, casi ninguno de los platos, que se venden en los infinitos restaurantes callejeros, de Bangkok. Nos incluimos y no os creáis valientes, por haber comido en algún thailandés, en España, La cocina está muy suavizada


          -”Los vuelos desde Bangkok y hacia el resto del sudeste asiático e India, son muy baratos”: Hace seis o siete años, esto era una realidad. Pero, desde hace tres o cuatro, los chollos ya no existen. Más de cien euros hemos pagado, desde Bangkok, a Chenai y en 2.011, más de 80, por aterrizar en la no muy lejana, Yangon.
Bangkok

jueves, 16 de octubre de 2014

La trastienda de un viaje

Camino, de Kanchanaburi (Tailandia)
          Concluye nuestro sexto viaje largo, que de momento, parece que será el último de estas características, en mucho tiempo. Diré, que probablemente, no ha sido el más bonito de todos, pero sí, el más esforzado, de los que hayamos llevado a cabo. Hemos pateado, de arriba a abajo, la India y Bangladesh, como si tuviéramos aversión a tomar, cualquier tipo de transporte.

          Hemos padecido un calor infinito, que en tramos del viaje, ha superado los 50 grados. Hemos estado horas y horas bajo el sol, disfrutando y sufriendo, de lugares maravillosos y horribles. Tales han sido nuestras condiciones extremas, que al llegar a El Cairo, en pleno mes de agosto -con 35 grados a la sombra-, el lugar nos ha parecido un balneario: aceras amplias, gente amable, conductores medio educados, ligera brisa procedente del Nilo... El esfuerzo ha sido tal, que ahora, ya de vuelta, andamos con ciertas secuelas psicológicas, cercanas a la ansiedad y los ataques de pánico. ¡Y no es broma!.
Rishikesh (India)
          Por un lado, estamos encantados, de haber vuelto sanos y salvos, después de más de tres meses pululando por India y Bangladesh (el mes y medio por Tailandia, Egipto e Israel no cuentan, al ser paradisíacos, en comparación con lo otro). Parece increíble, que nada nos haya ocurrido, después de nuestro precario modelo de viaje y de las condiciones extremas padecidas. Y todo, con casi, ni un mínimo contratiempo.
                                                                                                                  Manali (India)
          También, nos mostramos eufóricos. Desde nuestra demorada llegada, nos sentimos tan fuertes, tan reforzados por los avatares de la vida, que cualquier inconveniente, que nos surge, en esta España de chiste, nos parece una minúscula contrariedad, sin importancia. Casi diría, que nos sentimos por encima del bien y del mal, en esta España deprimida y corrupta, gracias a la vacuna recibida, en forma de sufrimientos diversos, allá, por el querido y odiado subcontinente indio.

           Pero, vayamos por partes. Este viaje ha sido extraño. Aunque, al final, siempre acabamos diciendo lo mismo de todos. Al fin y al cabo, largarte casi medio año por el mundo, siempre acaba siendo imprevisible. Al fin y al cabo, lo que teníamos claro, era que queríamos volver a India, por un tiempo dilatado y visitar Bangladesh, único país que nos quedaba de la zona. Bueno, tampoco conocemos Pakistán y fue un país muy estimado, como propuesta añadida, pero nuestro gran grado de locura, de momento, no incluye aventuras, como esta. ¡Todo se andará!.
Thanjavur (India)
          Y lo de un viaje extraño, lo argumento algo más. Debería haber empezado un 7 de febrero y acabó, iniciándose, un 2 de mayo, después de tener que renunciar, a unos boletos aéreos ya pagados, el 19 de marzo, entre Barcelona y Dubai, por razones, que no vienen al caso.    

          Deberíamos haber volado a Bombay y aterrizamos, en Bangkok, destino nunca pensado para este periplo. Pero, como nos gusta tanto Tailandia, nos acabamos quedando allí, 20 días, conociendo sitios nuevos.
                                                  Dahab (Egipto)
          Nuestros planes pasaban, por estar dos meses en India y acabamos viviendo por allí, 87 días. Las dos semanas previstas para Bangladesh, se quedaron en una. Y terminamos transitando por Egipto e Israel, países a los que nos pensábamos en volver, durante muchos años. Y no nos arrepentimos, después de haberlo hecho, porque son dos países con mucha miga y además, contratiempos así, ¡que me vengan los que sean!.
Delhi (India)
          Si la ida fue como un parto, no os cuento la vuelta. Este viaje no tenía previsto durar, más de unos 3 meses y acabamos en 129 días, a solo 2, de nuestro segundo viaje largo, más extenso. Corría un 4 de agosto en Delhi, con ya todo el pescado vendido. Los vuelos estaban caros, como suele suceder, en esta época del año. Pero, se abrió una ventana, para el día 19. 330 euros, un Bombay-Madrid. Bastante económico.

          Que si sí, que si no. Que si estamos hasta las narices de India, que si queremos irnos ya, que si es mucho esperar... Total, que entre paja y paja mental, lo perdimos. Tuvimos, que inventarnos un recorrido de sitios nuevos por Rajasthan -donde no habíamos pensado ni ir-, para entretener el tiempo y buscar otra alternativa, aunque tampoco, con mucho ahinco.

          Los nuevos destinos fueron magníficos: Bikaner, Kota, la maravillosa Bundi, Chittor... Pero, al llegar a la revisitada y redecepcionante Udaipur, se nos encendió la luz. Aparte, de querernos ir ya, nos quedaban 12 días de visa. Había que irse, sí o sí.

          Afortunadamente, nuestro alojamiento tenía wi-fi y nos pusimos, con la tablet y el móvil, a la labor de buscar unos boletos aéreos, que nos sacaran del país. Más de 20 horas -y no exagero-, en dos días, para descubrir, que en esas fechas, volar a Europa es una sangría incurable. ¡500 euros, un Delhi-Madrid!.     Jerusalén (Israel)
Kanchanaburi (Tailandia)
          Estambul, Túnez, Casablanca, Dubai, Abu Dabi, Taskent... Todos eran destinos potenciales. Sí, y finalmente El Cairo, con Royal Jordanian. Ese sería nuestro destino más inesperado, para luego transitar por el Sinaí y volver a Israel, desde donde volar con la española. Vueling, a Barcelona y así, acabar retornando, a nuestra querida y odiada España. Cuando la dejamos, hace ya casi medio año, estaba echa una mierda. Hoy, ni os cuento, porque ya lo podéis ver por vosotros mismos. ¡Han llegado el ébola y las blaxk cards!.

          Empezar este viaje, nos costó y consumió muchas de nuestras energías. Las primeras semanas nos sentíamos fuera de juego, en un país, tan fácil, como Tailandia, a pesar de padecer un golpe de estado (allí, eso es como comer pipas). Luego, nos fuimos animando, tras un par de duras semana en India. Y acabamos de forma pletórica, casi sin querer regressar.


miércoles, 15 de octubre de 2014

El viaje a vista de pájaro

          Para aquellos, que no tengan tiempo o les dé pereza, leer un relato tan largo, como el de la página web, se hace una compilación, en unas cuantas líneas, de lo que ha sido nuestro trepidante viaje, a lo largo de cinco países.
Bundi (India)
          La cosa debió empezar en febrero, para aprovechar el clima más benigno de la zona a visitar, pero se retraso hasta marzo. Compramos billetes a Dubai -con Pegasus Airlines-, pero por causas de fuerza mayor, no pudimos tomar ese vuelo y perdimos el dinero (aún peleamos, con la asegurdora de nuestra tarjeta de crédito).      Fatehpur Sikri (India)

          Finalmente, fue el día 2 de mayo, cuando nos pusimos en marcha, rumbo a Bangkok. No era nuestra intención, volver a Tailandia, pero nos lo pusieron tan a huevo, las tarifas aéreas... Dos mochilas pequeñas, los boletos a la capital Thai y una visa de India, fueron nuestro único y cómodo equipaje.

          Las dos primeras semanas las pasamos, con la cabeza más aquí, que allí, pero luego, todo se fue normalizando. El periplo por Tailandia, resultó muy tranquilo, visitando lugares escasamente turísticos, como Kanchanaburi, Sangkhlaburi, Nakhon Ratchasima, Phimai o Petchaburi. Sitios, muy recomendables y acogedores, cuando uno ya conoce, lo fundamental del país.

          India, India, India. El el 22 de mayo, aterrizamos en Chennai, para completar nuestro segundo periplo por el país, que iba a durar dos meses, pero acabó en tres. A pesar del calor, de los 13.500 kilómetros recorridos o del agobio general, que siempre supone viajar por el país, en plan trotamundos, vivimos una experiencia muy sufridamente, inigualable.
Sanggkhlaburi (Tailadnia)
          Bajamos, a tramos breves, hasta la punta de la India y ascendimos por el oeste, con menos calmas, hasta la ya conocida, Bombay (o Mumbay, que a mi, me gusta menos el nombre). Zigzagueamos por el norte, hasta Delhi y Amritsar y nos sumergimos con placer, en los maravillosos paisajes y las benignas temperaturas, de Himachal Pradesh, acabando en la maravillosa Shimla, lugar, que debería servir de ejemplo a otros estados del país, como ciudad sostenible (aunque dudo, que así ocurra).

          A partir de ahí, comenzó nuestro periodo de santidad y de abstinencia alcohólica -bueno, no fue exactamente así, pero en este epígrafe, debo ser breve-, por las santísimas ciudades de Haridwar, Rishikesh, Allahabad y Varanasi. Terminamos en Calcuta, nuestra tercera casa en el mundo, después de la de Valladolid -pagada y en propiedad- y Bangkok.   Bombay (India)

          Bhubaneswar, Puri y Konark, fueron el preludio, de un aventuroso periplo por Bangladesh, que iba para dos semanas y se quedó en una. El calor húmedo, la falta de entretenimientos, la ausencia de cerveza, el Ramadán y el escaso interés de los lugares a visitar, tuvieron la culpa. Sin embargo, vivimos ricas y enriquecedoras experiencias, además de transitar, por unos mercados magníficos (de los mejores del mundo).

          India, India, India. Vuelta a la India y además, tan contentos, después del estrés pasado en el país vecino. El pescado estaba vendido, pero como no encontrábamos vuelo de vuelta, a buen precio, acabamos haciendo un recorrido muy interesante, por ciudades secundarias de Rajasthan, destacando, la increíble, Bundi.
Jerusalén (Israel)
          Y sin quererlo, aunque estamos muy agradecidos, nuestros huesos fueron a parar a Egipto e Israel, para desde Tel Aviv, volver a Barcelona. El reencuentro con El Cairo fue apoteósico y la semana, que pasamos en Dahab y alrededores, magnífica (lastima, no haber podido subir al monte Sinaí)

          Lo de Israel, resultó ser un formato exprés. Jerusalén -ya visitada- y Tel Aviv, entre precios desorbitados, por todo, muchas medidas de seguridad y humillación en las fronteras. ¡Nada nuevo bajo el persistente sol!..

martes, 14 de octubre de 2014

El viaje en cifras

          -129 días de aventura -o lo que es los mismo, 18 semanas y tres jornadas más-, transitando por Tailandia, India, Bangladesh, Egipto e Israel. De todos esos países mencionados, solo el tercero era nuevo.
Kanchanabury (Tailandia)
          -En torno a 18.000 kilómetros realizados -unos 13.500, por India, que se suman a los 10.000, de la vez anterior-, solo por vía terrestre. 75 destinos visitados, que nos sirvieron para hacer 1.850 disparos fotográficos, de los que resultaron, 1.578 fotos. Este tema, tuvo su miga. Se nos rompió la cámara y acudimos a una segunda, de repuesto, que también falleció. Terminamos el último mes, haciendo las fotos con el móvil y a la vista están los efectos:, ¡no os podéis imaginar, cuantas han quedado borrosas!.
                                                                                                        Puri (India)
          -Pernoctamos en 59 alojamientos (42 en la India). En algunas ciudades cambiamos de hotel en varias ocasiones, por no estar conformes, con el primeramente elegido. El hospedaje más caro, lo pagamos en Israel, llegando a abonar 20 euros, por dos camas en un hostel. En India, con precios muy variables, aunque siempre baratos, logramos dormir por menos de 2 euros, en Fatehpur Sikri, en lo que fue, nuestro hotel más barato del viaje.

          -Pasamos 28 noches sin alojamiento -18 en India-, repartidas entre trenes, autobuses, aeropuertos, estaciones ferroviarias, la calle... Aunque, parecen muchas -y lo son-, no son tantas, proporcionalmente, como en algunos otros viajes largos. De todas formas, esto significa, que casi una de cada cinco noches -en concreto, 4,77-, no tuvimos hotel y en unas pocas ocasiones, siquiera, lugar para dejar el equipaje, durante el día.
El Cairo (Egipto)
          -En los 129 días de aventura, gastamos 3.629,67 euros, en total y sumando, todos los conceptos, lo que supone una cifra de risa. Ello significa un gasto medio por día, de 28,14 euros (para los dos). Y eso, que casi la mitad de lo gastado, se lo llevaron los vuelos: : 1.756,03 euros. El resto del transporte supuso, un ridículo importe, de 316,08. Para alojamientos, dispusimos de 560,10 euros y para gastos corrientes diarios, 739,52. En cuanto a los visados, utilizamos, 241,78 euros y para entradas a lugares de pago, 13,91. Conseguimos ver muchísimas cosas, buscándonos la vida, sin abonar un solo euro, como se le supone, a nuestra delicada economía de guerra.
                                                                                                        Rishikesh (India)
          -Pasamos, la friolera de 447 horas y 26 minutos, montados en diversos medios de transporte público, ya fueran trenes, buses, aviones o barcos. En este cómputo, no se incluyen, las horas invertidas en transportes locales, como autobuses urbanos, metro, tranvía. rickshaws, taxis o tuk tuks, entre otros. No hace falta saber de matemáticas, para intuir, que la cifra expuesta es una auténtica barbaridad. De los 129 días de nuestro periplo, 19, casi completos, nos los pasamos viajando

sábado, 11 de octubre de 2014

Los 10 peores momentos del viaje

                                                                                Allahabad (India)
          1º.- El calor en general y especialmente, el que padecimos en Delhi, antes de partir para Amritsar, a mediados de julio. Superamos los 50 grados y pasamos un día sin hotel, vagabundeando y estando a punto de tener problemas, con un imbécil integrista, por tomar una cerveza en la calle. Ni siquiera en la estación de trenes, con aire acondicionado, fuimos capaces de reaccionar.
                                                                                                       Kanchanaburi (Tailandia)
          2º.- En Calcuta, también sin hotel, al marcharnos esa misma noche a Bangladesh y con abrasador calor húmedo. Dolor de barriga y estómago, diarrea y todo un día sin comer, convirttieron a ese día, en el peor del viaje.

          3º.- Paseando con los bultos a cuestas -ninguna agencia de autobuses te los guarda-, por la calurosa y agobiante Dhaka, antes de que cayera el diluvio universal y en pleno Ramadan. Y además, sin fórmulas posibles de diversión, más allá, de matar el tiempo en un decadente y lúgubree ciber.
Varanasi (India)
          4º.- Comiendo muy mal, a lo largo de todo Rajasthan, mientras recorres ciudades tan maravillosamente asquerosas, como Bikaner.

          5º.- Aterrizando en Chennai (India) y descubrir, que nada de lo malo de este país, ha cambiado a mejor (si acaso, a peor). Fue pisar la calle, escuchar el inequívoco, pi, pi, pi, pi de los coches y demás cacharros y decir: “Efectivamente, estamos aquí”. Entonces, te pellizcas y te das cuenta, de que no es un sueño.

                                                                              Bhubaneswar (India)
          6º.- Tirados en Calcuta, deprimidos, encerrados en la habitación, con ventana semi ladrillada, por donde entraba olor a chapatis quemados. Y todo, por no saber a donde tirar, por estar mentalmente, colapsados. Bangladesh, Corea, Japón.... Sin ideas claras, de como salir de aquí y seguir camino.
                                                                                                        Amritsar (India)
          7º.- Siendo perseguidos por los pelmas, en Varanasi. Especialmente, por uno, al que intimidamos, le llamamos de todo y aún así, no nos dejo de seguir, durante hora y media, hasta que encontramos alojamiento (por supuesto, se quedó sij beneficio alguno, faltaría más y habiendo perdido su tiempo).

          8º.- Tratando de entrar en Bangladesh, poniéndonos más pegas y pegas, una vez, eso sí, que ya nos habían sacado los 52 dólares de los visados. La salida, tampoco fue un buen momento, pero sobre ese tema, ya hay un post en eel blog
Dahab (Egipto)
          9º.- Estropeándose el móvil, en Kanyakumari e impidiéndonos comunicarnos por whatsapp, herramienta que nos resultaba bastante cercana y práctica. La pantalla se quedo en blanco y con empeño, conseguí repararlo un par de semanas después. Nos quedaba la tablet, pero en India el wi-fi, todavía es bien de lujo, al menos, en los establecimientos hoteleros económicos.
                        
          10º.- Llegando a Allahabad. Al bajar del concurrido tren, una avalancha de gente, que quería entrar a toda costa y sin reparar en nada y en nadie, nos atropelló, dando con nuestros huesos en el suelo, mientra tratábamos de bajar (afortunadamente, sin consecuencias).
 Fatehpur Sikri (India)

viernes, 10 de octubre de 2014

Los 10 mejores momentos del viaje

                                                                 Dahab (Egipto)
          1º.- y casi único y sublime: cada día, al llegar al hotel y al comprobar, que habíamos superado una jornada más,, vivos, con todas sus dificultades, con todo el esfuerzo y, sobre todo, con las altísimas temperaturas, tan insufribles. Darse una ducha, ponerse debajo de un ventilador de techo, tomar una cerveza helada y relajarse, fueron el motor, que nos ayudó a continuar, en nuestro viaje.
Thanjavur (India)      
          2º.- Volver a Bangkok, por enésima vez. No estaba previsto, pero por motivo de los precios de los vuelos, acabamos, una vez más, en esta maravillosa ciudad. Y el reencuentro fue encantador, con acampada gigantesca cercana a Kahosan, incluida, que derivó en golpe de estado, l día antes, de que nos marchábamos del país.

          3º.- Retornando a El Cairo. La ciudad, que tan inhóspita nos había parecido, en 2.006, resultó, como ir, a nuestro particular spa. Nada es casual: El Cairo ha mejorado mucho -especialmente, en la zona islámica antigua- y nosotros, necesitábamos salir de India, fuera como fuera y a cualquier parte.
                                                                                                          Manali (India) 
        4º.- Encuentro con María y Carol, en Agra y Fatephur SiKri o con María José y Almudena, en Varanasi. Momentos intensos y agradables, con muchas vivencias y recuerdos de por medio, en un viaje, en el que apenas nos topamos con españoles (digamos, que casi, con extranjeros). No me extraña, que India sea el país número 28, en cuanto a recepción de turistas.

          5º.- Buceando en Dahab (Egipto), en uno de los marcos más incomparables para esta reconfortante práctica. ¡Merece mucho la pena! Y no hay demasiada gente.

                                                 Nakhon Ratchasima (Tailandia)
          6º.- Marchándonos de Bangldesh, después de uno de los periplos más estresantes y aventureros, de nuestra trayectoria viajera.
Margao (India)
          7º.- Retornando a Calcuta. Es nuestra tercera casa en el mundo, después de la que tenemos en propiedad, en Valladolid y la inolvidable, Bangkok. Es la ciudad, donde mejor se come y se bebe en India y nosotros -que conocemos buenos sitios-, lo agradecimos.

          8º.- Siendo invitados, a una cena de Ramadan, en Cox's Bazar, a punto de abandonar Bangladesh. Comimos hasta reventar, en un ambiente muy agradable.

                                                            El Cairo (Egipto), arriba y Bangkok (Tailandia), debajo
          9º. Bañándonos en las playas de India -Kovalam, Varkala y Goa-, después del insoportable calor y de la dureza de las ciudades.

          10º.- Engullendo con ansia, bolas de queso con guindillas y rebozadas, en Dheradun. Mira, que esta vez, hemos comido mucho mejor en India y que el reencuentro, con el riquísimo chow mein, fue sonado y más tempranero, que en el viaje anterior. Pero, como este rico y sabroso plato, ningún otro, en India. También, podríamos destacar, volver a degustar el ful o las tamiyas, de Egipto.


          Y no debemos olvidarnos, aunque sea fuera del decálogo, de nuestra única habitación con aire acondicionado, en Dahab. Gracias a Dios o a Alah, allí casi todas lo tienen, porque si no, habríamos perecido abrasados.
Sangkhlaburi (Tailandia)