Este es el blog de algunos de nuestros últimos viajes (principalmente, de los largos). Es la versión de bolsillo de los extensos relatos, que se encuentran en la web, que se enlaza a la derecha. Cualquier consulta o denuncia de contenidos inadecuados, ofensivos o ilegales, que encontréis en los comentarios publicados en los posts, se ruega sean enviadas, a losviajesdeeva@gmail.com.

sábado, 31 de octubre de 2026

Desde Poio a Convarro


 

Iglesia de Pontevedra por dentro


 

Plaza de la Pedrería en Pontevedra


 

Pontevedra medieval


 

Casco ⛑️🪖 antiguo de Pontevedra


 

Convento de santo Domingo en Pontevedra


 

Iglesia de la Peregrina en Pontevedra


 

¡ Basta ya de llover!

          Toca volver desde Pollenza a Palma y aún no han terminado los contratiempos del día. Subimos a un bus, que pensamos, nos dejaría en la capital, pero resulta, que solo llega hasta Inca. ¡Vaya día!.

          Una amable chica nos ayuda y conseguimos enderezar nuestro rumbo. También, podríamos haber tomado el tren -es una empresa privada-, que tiene tres líneas en la isla, aspecto, para nosotros desconocido. Parece ser, que en Palma, también hay algo parecido al metro, pero no podemos dar muchos más detalles.

          Llegamos a Palma a más de las once de la noche. ¡Ojalá, los de la acampada de la vivienda nos hicieran un hueco, porque toca pernoctar al raso!.

          Paseos y más paseos, visita a la catedral y el casco histórico, hasta que empieza a diluviar de forma salvaje, durante toda la noche, hasta más de las nueve de la mañana. Sin saberlo, nos refugiamos en los soportales de la sede del parlamento de Baleares y ahí, hacemos vida.

          Cuando abren la estación Intermodal accedemos sin demora y conseguimos dormir sobre bancos sin brazos, sin que nadie nos molesta (oh, sorpresa).

          Mientras visitamos con calma Palma, ya durante el día, la lluvia no nos deja del todo, pero es más moderada y al móvil nos van llegando alertas de la desactivación de riesgo naranja y rojo. Mejor, porque de ninguna de las maneras podemos perder el vuelo de esta noche, que nos devuelve a Madrid.

          Después de almorzar, cogemos un bus local a Can Pastilla, que va abarrotado hasta no caber nadie más. Y de ahí, caminando hasta el aeropuerto, como hicimos el primer día, pero de forma inversa.

          Toca pasar la noche en Barajas, antes de volver a Valladolid, pero nadie del personal de la terminal nos ajusticia (como no hace mucho).

viernes, 30 de octubre de 2026

Tregua lluviosa en Pollenza

           Jarrea con estruendo y poderosos rayos, mientras nos protegemos debajo de un toldo de una terraza de la plaza principal de Alcudia. De ellos escurre el agua, como si fuera de una violenta catarata. Los regueros por las calles van llevándose todo lo que encuentran a su paso.

          Ayer tarde, estábamos durmiendo la siesta en el hotel de El Arenal, cuando el teléfono empezó a chiflar como loco y nos asustó. Era una alerta de la DANA. Nosotros pensábamos, que esto se hacía a través de SMS convencional, pero es mucho más bestia y está mejor así.

          Aprovechamos el tiempo -ademas de para contemplar el soberbio espectáculo -, para planificar el resto del día. Descubrimos, que el autobús desde Pollenza, a Sóller, solo funciona entre mayo y septiembre, por lo que debemos descartar definitivamente este destino.

          Tomaremos un TIB al puerto de Pollenza, si es que deja de llover y desde ahí, recorreremos andando los cinco kilómetros, que lo separan del pueblo.

          Hora y media después para el temporal, pero va a ser solo una tregua, porque la DANA tiene ganas de más.

           Los buses a nuestro destino son muy frecuentes. Sale el sol con timidez. El Puerto de Pollenza no tiene nada de especial y la cercana playa, tampoco.

          Nos dirigimos hacia el pueblo. El camino no resulta complejo, porque alterna carriles bicis y peatonales con senderos paralelos a la carretera, que se hallan repletos de enormes charcos.

          Los atractivos de Pollenza están dispersos y los abordamos casi ya, con el crepúsculo.

          Por un lado está el modesto puente romano y una senda contigua. Por otro, el Calvario, situado en un elevado cerro y al que se asciende a través de un porron de escaleras o siguiendo las curvas de la carretera (optamos por esto último, tanto para ascender, como para descender).

          Y, finalmente, se llega al bonito casco histórico, en torno a su Plaza Mayor y salpicado de calles con encanto y casi siempre, silenciosas.

          De todas formas, nos ha gustado más Alcudia, aunque sea excesivamente turístico y agobiante.

          Hablar español en Mallorca es una rareza. Te defiendes mejor en inglés o alemán. ¡Bueno, exagero solo un poquito!.

          A nuestro entender, dado que somos muy observadores y eso palia la falta de tiempo en los sitios, podemos dividir la isla en tres zonas: el turismo golfo en el sur y El Arenal, capitalizado por los alemanes. En el norte, un perfil más familiar, en torno a su prole, que demanda más tranquilidad.

          Y, en Palma, un poquito de todo, como debe ser, destacando los visitantes anglófonos.

jueves, 29 de octubre de 2026

Alcudia pasada por agua

           Partimos para Palma en autobús urbano, contemplando la devastación de la inmensa tarde y noche de lluvia. Pero parece, que ni mucho menos, la cosa va a terminar aquí.

          Bajamos en Plaza de España, donde se ubica la acampada de la vivienda. Muchas tiendas están, que se caen. Y nosotros con la caraja, somos incapaces de encontrar la estación Intermodal de autobuses, tren y metro. ¡Vaya por Dios, es que es subterránea!.

          Nuestros planes pasan por visitar Alcudia, Pollenza, sus respectivos puertos y la localidad de Sóller, pero por imponderables, irán cambiando a lo largo de la agitada jornada.

          Tomamos un confortable autobús hacia el Puerto de Alcudia. El camino de una hora resulta vulgar, aunque el destino -junto a una playa también -, si merece la pena, aún sin emociones exacerbadas.

          Por una acera sencilla, aunque aburrida, caminamos los más de dos kilómetros hasta la bonita iglesia de San Jaume y una de las puertas de la muralla.

          Alcudia es un pueblo precioso, pero da de sí, lo que da. Una plaza, una calle principal y el resto de callejuelas medievales igual de bonitas, pero casi vacías. A pocos pasos de este casco histórico se encuentra la Ciudad Romana de Pollentia con su Teatro Romano. 

          Otra vez y durante más de una hora, cae el diluvio universal acompañado de rayos y truenos, por lo que debemos guarecernos con urgencia.

          Últimamente y en cuanto a los pueblos pintorescos, que visitamos nos estamos encontrando con el mismo escenario: una plaza principal plagada de restaurantes y bares, pero sobre todo de molestas sillas y mesas. Luego, una larga calle Mayor con los negocios turísticos más típicos y foráneos por toneladas. Y, finalmente, el resto de arterias urbanas vacías y casi abandonadas a su suerte.

          Nos llama la atención una cosa, que no puede pasar desapercibida: en Extremadura la oferta gastronómica se basa en los platos regionales, dirigidos al turismo nacional. En Mallorca, ni un solo manjar típico de la zona (ni siquiera el tumbet): tortilla de patatas, calamares a la andaluza, patatas bravas, jamón, queso manchego...¡Todo pensado para los paladares internacionales!. 

          Con los pies -y algo más- empapados, pretendemos llegar hasta Pollenza.