sábado, 11 de julio de 2026
martes, 7 de julio de 2026
¡Un verano movidito, si puede ser!
Generalmente y desde siempre, todo nos sale a la perfección y por tanto, estamos muy mal acostumbrados.
Sin embargo y en el último mes, hemos tenido dos pequeños contratiempos: mi frustrada -por el momento- operación de cataratas y un cambio sustancial de los días de vacaciones, que nos han hecho improvisar sobre la marcha y cambiar el tipo de viaje y los lugares.
El día 14 volaremos a Faro, como ya podéis suponer, con Ryanair. Haremos la parte este del Algarve, con Estoi, Olhao, Tavira y Vila Real de San Antonio. Además de las islas de La Culatra y la de Barreta.
Volveremos por España por Ayamonte y visitaremos diversos municipios de Huelva. Algunos de la sierra como Aracena, Alajar y Almonaster El Real y otros más sureños, como Moguer y Niebla. ¡No se nos da mal improvisar!.
Y después y dependiendo de la bendita cirugía, vendrán las fiestas de Santander, las de Gijón, algún viaje a Madrid y otros a coste cero por la inmensa Castilla y León.
Un santuario y una Vía Verde para terminar
Es ya de noche y las cigarras y los grillos viven a sus anchas, aunque no abruman, como en la meseta. Tampoco nos agobian moscas o mosquitos.
Nos sentamos en un banco del parque a ver la vida pasar y a la gente, que muestra una agradecida amabilidad especial. Nadie nos conoce, pero todo el mundo nos saluda con mucho cariño, como si fuéramos íntimos. No nos preocupa pernoctar aquí, porque el lugar parece absolutamente seguro. Cae hasta cero la afluencia de paseantes y decidimos tumbarnos en la escasa y punzante hierba.
El primer asustante y abrupto despertar se produce con la gélida agua de los aspersores sobre nuestros cuerpos. Nos vamos a otra zona y en media hora, nos ocurre lo mismo. Recalamos en un banco, para ponernos a salvo, pero vuelve a suceder otra vez. ¡Como le dijo Jesús, a Pedro, "me regarás tres veces"!. Ya ha amanecido y ahora sí, el frío serrano debemos tomarlo en serio.
Comenzamos a abandonar Candelario y a deshacer el camino improvisando, porque casi siempre, las cosas nos salen bien. Ayer vimos un desvío hacia el Santuario de Nuestra Señora del Castañar. Como otras tantas veces, fue creado a través de las visiones místicas de unos pastorcillos.
Justo al lado está la Plaza de Toros de Béjar, algo rara y la más antigua de España, por eso, cariñosamente, le llaman "la ancianita".
El descendente camino hacia el municipio es cómodo con una buena acera, así, evitamos la carretera de ayer tarde, aunque el calor ya mata y entierra.
Toca ahora acometer parcialmente -son más de sesenta kilómetros -, la Vía Verde de la Plata. Cruzamos un larguísimo y fresco túnel, hasta la antigua estación ferroviaria de Béjar.
Tanto esta localidad, como Candelario, tienen numerosos y no demasiado complicados senderos para excursiones express: Ruta de la Canaleja, embalse de Navamuño, Hoya Moros, Circuito de la Garganta del Oso... En fin, en eso la inteligencia artificial y la oficina de Turismo, os van a ayudar más, que yo.
La vuelta resulta muy tranquila y ágil. Más, que nada, porque dormimos en todas las versiones imaginables.
lunes, 6 de julio de 2026
¡Que bonito es Candelario!
Son casi las ocho de la tarde y envueltos en el desagradable sudor, cuando caminando ligeros, ponemos rumbo a Candelario, por una carretera absolutamente ascendente y estrecha, teniendo como referencia y siempre a la izquierda, el serpenteante y ágil río Cuerpo de Hombre.
En los cuatro kilómetros de duración, con algunas sombras, el tráfico no es denso, pero si muy molesto. Nos topamos con varias fábricas abandonadas, desconociendo el gremio, que sustentó su actividad en el pasado.
Enclavado entre montañas y cuestas, Candelario es, sin lugar a dudas, uno de los pueblos más bonitos de España. Está absolutamente relacionado con la matanza de cerdos y bueyes y con la omnipresente chacineria, aunque tiene pinta, de que hoy sus habitantes viven de otra cosa, sin saber dar más pistas del asunto.
Sus calles y casas resultan armoniosas y colosales, siendo habitualmente de tres plantas y con un enorme portalón de gruesa y cuidada madera noble. La primera estaba pensada, para las labores del despiece de los animales. La segunda, como vivienda y la tercera, como lugar de secado de las carnes.
Su iglesia, aunque muy encajonada, resulta bellísima, aunque, como ya anochece, no podemos visitarla por dentro y es una pena.
Dos cosas son muy características de Candelario: sus paneles informativos sobre la historia de la villa y sus dieciocho fuentes de agua helada, que cortan la sed, radicalmente. Sin olvidarnos de sus estruendosas regaderas descendentes, que también fueron pensadas para la omnipresente matanza, que se desarrollaba entre noviembre y enero y que daba sustento a muchos trabajadores de los alrededores.
Candelario tiene un extensísimo parque, para apenas sus mil habitantes, aunque no está demasiado bien cuidado y más se parece a un pinar con el suelo lleno de piedras y rastrojos , que a un lugar recreativo y confortable. Da igual, ¡porque será nuestro hogar esta calurosa noche de julio!.