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miércoles, 1 de julio de 2026

Nos vemos en el Camino, pero afloja la cartera

           Fue tímido, para lo que se explaya con gusto y comodidad Goñi. Sacó un vaso lleno y aludió, a que era una bebida energética, para decir, que habia dejado de beber -se supone alcohol-, hace nueve meses y referirse a una perdida humana, que no supimos captar. Nos dejó a cuadros, porque a Carlos se le entiende todo y nos quedamos con dudas e incertidumbre sobre su incompleto mensaje, que aún nos ronda por la cabeza.

          Bueno. Pero esta entrada está encaminada a sentenciar, que nunca haremos el Camino de Santiago y eso, que nos hubiera gustado la experiencia, sin lugar a dudas.

          Pero o nos hemos vuelto viejos y pensamos mal o como todo lo cotidiano -incluido el pasional fútbol - se ha convertido en un insensible negocio.

          ¿Pero no es una deprimente vergüenza, que la propia iglesia te cobre como peregrino, cinco euros, por la simple visita de la catedral de León?.

          Soy viejo y trasladarme a 1993 es cosa mía, que no sirve para nada y menos, a vosotros, que vivís vuestro día a día.

          Pero algo tan mítico, íntimo y autogratificante, como hacer el Camino de Santiago, hoy se ha convertido en un espurio negocio inhumano. Antes, lo podían hacer los pobres e incluso, los mendigos, pero hoy no. Aunque seguro y sin mucho investigar, alguien ofrece la versión premium para gilipollas, que no tienen donde caerse muertos, pero al menos y puntualmente, pueden pagar lo mucho que les piden.

          Cuando yo lo hice de aquella manera, que os he contado, en el Camino de Santiago en 1993, casi todo era gratis, amparado por lo público, aunque a veces, de forma muy precaria. Porque yo no sugiero o pido que alguien esté en un negocio para perder dinero o por labores humanitarias o de filantropía, que eso ya ni se lleva, pero si sería satisfactorio, que el puro y duro negocio no hubiera devorado a la bestia milenaria peregrina.

          Pero, rómpete tu cuerpo y espíritu, después de tu esmerado esfuerzo, para pagar cinco euros por entrar a la catedral de León y a otros tantos santuarios o museos del Camino.

          Hoy el Camino es para ricos o para los que lo dilapidan todo y como existe mucha gente así, pues se aprovechan.

          En 1993 y desde Calzada del Coto, a Santiago, solo pagamos por un alojamiento de curas en Villafranca del Bierzo y fue un precio casi simbólico. Todo lo demás gratis, público, aunque a veces cutre, más en Castilla y León, que en Galicia, donde se habían puesto las pilas con unos alojamientos de cine, creados para la ocasión o recursos sustitutivos (polideportivos y otras instalaciones municipales adecuadas).

          Hoy, una triste litera, te cuesta entre 10 y 15 euros en albergues oficiales -no se puede reservar y es por orden de llegada- y hasta 25 por persona en los privados.

          Ser peregrino, ya no sale a cuenta, desde luego. Y dentro de poco en este mundo deteriorado y hostil y a este paso, ni siquiera nos va a compensar vivir de pie. Tocará hacerlo de rodillas.


 

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