A pesar de viajar tantísimo -gracias a Dios, ahora, que está tan de moda encomendarse al altísimo -, nos siguen pasando cosas nuevas y hasta inéditas.
La penúltima, una denegación de embarque en un vuelo de Ryanair a Faro. En casi cuarenta años de viajes y casi cuatrocientos vuelos - los llevo contados- nunca nos ocurrió tal cosa. Después de 25 años viajando con ellos y alabándolos, ya tendríamos motivos para despotricar contra la compañía irlandesa, pero no lo vamos a hacer, porque no podemos evaluar a una aerolínea por una estupida, que ni siquiera sabemos , si forma parte de ella (la sospecha es que no).
Aunque a O' Leary le molestan mucho los que beben en el aeropuerto -tambien los de las ensaimadas -, no tanto los que se atiborran a alcohol en sus aviones y se lo pagan a él.
En fin: en solo siete meses he sido acusado de acosador sexual y alcohólico alborotador por dos líneas aéreas. ¿Qué será lo siguiente?. Tal vez, ¿asesino?.
Calor y mucho calor cuando tomamos el ALSA en Valladolid, directos al aeropuerto de Barajas, sin grandes aglomeraciones y sin que nos pidan las tarjetas de embarque al acceder al interior. Pasamos los controles de seguridad sin problemas, al mismo tiempo, que el árbitro da el pitido inicial entre España y Francia. No tardan nada en marcar los nuestros, pero nada está decidido.
Paseamos de un lado a otro , siguiendo de cerca el partido. Sobre las once nos ponemos en la cola de embarque. Parece, que el vuelo va a salir con retraso -como es habitual en los últimos de la noche de las low cost- y para entretenerme y calmar los nervios futboleros, me empiezo a beber un bote de vodka de cien centilitros y al rato y tras llamar por teléfono, una histérica señora nos saca de la fila y le dice a mi pareja: " supongo, que sin él, no quieres viajar".
Y sin un solo rechazo expreso de la tripulación -a la que ha aludido-, otra persona más tranquila -que no contesta nuestras preguntas-, nos saca de la zona de embarque. Ni siquiera han comprobado, si el alcohol es tal, ni ha habido un solo derecho de defensa. Arbitrariedad pura y muy mala hostia, como si a la hija de puta, le debiéramos algo. La verdad es que no estamos acostumbrados, a que nos humillen, así, que tenemos la piel muy fina.
¿Que habría pasado si eso mismo nos hubiera ocurrido a diez mil o quince mil kilómetros de España?. Ya tuve un problema al abandonar Oman hace un par de años y eso que allí el alcohol es ilegal, salvo para extranjeros residentes. Pero tener un defecto visual congénito, confunde a unos pocos imbeciles.
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