Es domingo 19 de julio, día de la Gran Final. Paradójicamente, llevo todo el Mundial deseando más, que aplasten a Argentina -casi lo consiguen Cabo Verde y Egipto-, a que España obtenga su segunda estrella. Pero, la caprichosa realidad ha conseguido, que esta noche o morimos de placer infinito o caemos al peor de los infiernos. ¡No os asustéis, porque es terminología futbolera, de la que ellos saben mucho, con sus provocaciones -antes y durante-, su picaresca -más, que picardía, como ellos dicen- y su mal perder autoamargo.
Nunca habíamos estado en el intercambiador de transportes de Eliptica y está muy bien, acostumbrados a la decadencia del de Príncipe Pío. Desde aquí, parten incontables vehículos a Toledo, a cada rato, unos van por los pueblos y otros de forma directa y más rápida. Hace casi cuatro décadas, que no visitamos está ciudad museo. Aunque no sale barato, pretendemos dormir aquí y hacer historia futbolística o en el peor de los casos, sufrir con resignación una "noche toledana".
No nos hace mucha gracia, la verdad, que el acceso a la ciudad antigua sea a través de interminables y oscuras escaleras mecánicas. Supongo, que existen otros accesos menos agresivos, pero no tenemos tiempo, ni ganas de investigarlo.
Toledo histórico es una ciudad compacta y casi totalmente peatonal, lo cual se agradece, sobremanera. Sus callejuelas medievales, la fantástica plaza de la catedral, el sobrevalorado Alcázar... En fin: que lo que hay que visitar, lo encontraréis en cualquier parte.
De repente, en una de esas búsquedas rutinarias en Booking y sin esperanza, nos aparece el hotel cápsula de Usera, donde tantas veces hemos dormido, a 18€. En Toledo íbamos a pagar 37, por lo que no hay color.
Regresamos a Madrid y será aquí, donde definitivamente, aplastaremos a Argentina desde dentro de una modesta cápsula.
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