Poco a poco, se van apagando los resonantes ecos del Mundial, pero el legado queda: España es de largo, con tres Eurocopas y dos Campeonatos del Mundo, el mejor equipo del siglo XXI y con humildad y buen rollo..
Los que no terminan, son nuestros viajes veraniegos, al amparo del abono único y del BUSCYL y así, seguiremos hasta finales de septiembre, si la inminente operación de cataratas no lo impide.
Este fin de semana pasado, tocó volver a la capital y al hotel cápsula de nuestra gloria futbolística. ¡Y encima, el calor nos dió un respiro, lo que fue muy de agradecer!.
Queríamos, contemplar la exposición de "Arte urbano. De los orígenes a Bansky" en la Fundación Canal, pero al final, nos pasamos el día comiendo y bebiendo. ¡Que se le va a hacer!.
Sí cumplimos el otro objetivo, consistente en acudir a las Fiestas de Villaverde Bajo y al soberbio concierto de Coti (ya lo habíamos visto un par de veces, anteriormente).
Y el domingo y casi al lado, una paella popular, que es peor o mejor, pero en Madrid, siempre son gratis, de lo que deberían aprender en Valladolid, donde te cobran con excusas de todo tipo. ¡Tacatá!.
El próximo finde toca Santander de camping y un punto de playa.
Al siguiente, las atractivas fiestas de Gijón -nos encanta Asturias y su gente- y la asistencia al concierto de Echo & The Bunnymen, a los que perdimos la pista a finales de los 80 y pensábamos -mal hecho- que estaban retirados o tal vez, muertos.
Para el del 14 y el 15, retornaremos a las Fiestas de la Virgen de la Paloma de Madrid, a las que no vamos desde hace unos tres años.
Y el fin de semana posterior, volveremos a la Sierra de Béjar, donde tenemos muchos planes pendientes.
Por cierto y como somos, como los del Cuéntame, que siempre estamos donde toca, fuimos espectadores privilegiados de los incendios de Ávila y Madrid. Entre El Escorial y Villalba, el cielo estaba oscuro, humeante, el sol convertido en una intensa minúscula bola roja y el olor a chamusquina era más palpable y persistente, que cuando te acercas a las míticas hogueras de Varanasi.
En Villaverde Bajo y con menos intensidad, asistimos a la luna de sangre, que no malogró el concierto de Coti.
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