Arranca una nueva ola de calor en los albores del verano y ya no sabemos cuantas van y sobre todo, las que quedan. Buscamos un alivio, yéndonos a la sierra, pero de nada nos va a servir. ¡Qué mal llevamos el maldito calor!
Y el sistema central nos espera y en concreto, la Sierra de Candelario, con cumbres de hasta 2400 metros de altitud, como la de la Caja y el Calvitero, pero nosotros, a pesar de atiborrarnos de cuestas, no vamos a picar tan alto.
Tomamos el ALSA para Béjar y el insensible y agresivo conductor, nos castiga sin el aire acondicionado. En teoría, el trayecto es directo, pero siempre para más de media hora en Salamanca. Ahora y hace treinta años, cuando llevaba a cabo mis bolos estudiantiles y mis primeros trabajos.
Antiguamente, para llegar hasta Béjar había, que serpentear por la caprichosa sierra de fuentes de agua helada y esquivando voluminosas cosechadoras. Hace ya mucho tiempo, que la cosa resulta mucho más sencilla por la autovía, aunque menos aventurera y reconfortante. ¡Recuerdos de infancia y adolescencia!.
Bejar está a casi mil metros de altitud, pero como si no. Nos damos cuenta, de que resulta un municipio algo hostil para caminar, porque es muy alargado y con estrechas aceras y no nos hace ninguna gracia tener, que estar preocupados, constantemente, del tráfico y de buscar sombras inexistentes.
Pero sí: la localidad -a estas horas primeras de la tarde, completamente desierta-, merece la pena, con su bella arquitectura, predominando el mudéjar y el barroco. Las iglesias soportan severos y robustos torreones y el Palacio Ducal -como el de Venecia -, se convierte en un símbolo de la villa salmantina, que coquetea con Cáceres y Ávila.
Habíamos pensado pasar la noche en un camping, en las afueras de Candelario. Pero, como casi siempre, abusamos de nuestra indisimulada torpeza. Si. Hemos cogido el saco, pero se nos ha olvidado la tienda. Evidentemente, y una vez más, nos va a tocar pasar la noche al raso y la verdad es, que estamos ya tan acostumbrados, que casi nos da igual.
Antes de plegar velas, nos encaminamos a la abrupta ruta de las desaparecidas fábricas textiles, cercanas al sonoro río, llamado curiosamente, Cuerpo de Hombre. No existe una certeza , de porqué los romanos eligieron esa denominación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario