Este es el blog de algunos de nuestros últimos viajes (principalmente, de los largos). Es la versión de bolsillo de los extensos relatos, que se encuentran en la web, que se enlaza a la derecha. Cualquier consulta o denuncia de contenidos inadecuados, ofensivos o ilegales, que encontréis en los comentarios publicados en los posts, se ruega sean enviadas, a losviajesdeeva@gmail.com.

jueves, 30 de abril de 2026

La chica de turismo de Melilla

           El momento de la mañana llega, cuando visitamos la céntrica oficina de turismo. Nos atiende una chica joven, simpática y locuaz, que tras entregarnos el plano solicitado y sin preguntarle , nos entretiene más de media hora, contándonos historias de la zona.

          La frontera de Beni Ensar la cerraron justo el día del inicio del confinamiento (13 de marzo de 2020). Y así estuvo, ininterrumpidamente, durante veintiséis meses. Muchos marroquíes quedaron atrapados en Melilla este tiempo y poco a poco fueron encontrando trabajo -también pareja- y regularizaron su situación. 

          Nadia Mohamed Aomar, asi se llama la chica, es española, aunque sus parientes más cercanos son de nacionalidad marroquí. No lleva velo, ni ningún símbolo, que la delate, como de religión musulmana.

          Asegura, que cuando la frontera reabrió, lo hizo de otra manera, a su modo de ver, muy perjudicial para ambos países. Se restringió mucho el tránsito de personas y de mercancías, estás últimas, hasta casi desaparecer. Se modernizaron los controles de seguridad, los escáneres y se doto al paso de más policía.

          "Mirad -dice-, esto ha sido muy perjudicial para toda la zona. Ha hecho mucho daño.

          Antes, un porteador transfronterizo se podía sacar unos treinta o cuarenta euros cada día. Eso en Marruecos -dónde en cada casa viven diez personas o más - supone mucho dinero, porque ellos  no ganan de media más de 300€ al mes. Y una chica marroquí, podía cruzar libremente, cuando quisiera y trabajar limpiando casas en Melilla y obtener unos 400€, que le venían muy bien , a pesar de currar muchas horas. Ahora, los sueldos del servicio doméstico aquí, sobrepasan los mil mensuales. Todos hemos salido perdiendo".

          La chavala basa su discurso en motivaciones económicas. No entra a valorar, si la forma de portear era digna -que no lo era- o si trabajar doce horas por 400 pavos está o no cercano a la esclavitud. Habría mucho que decir, pero este no es el espacio adecuado.

          Sobre las cuatro de la tarde y tras comprar en Mercadona -no hemos comido peores sandwiches helados en la vida-, nos dirigimos a la frontera. La marea de la playa ha subido mucho, pero las olas tienen menos fuerza. En 2012, la antesala fronteriza estaba precedida de un enorme y vibrante mercadillo, donde se vendia comida , aunque no solo. Había hasta dulces de navidad patrios, comercializados por unidades, porque los alauitas son tremendamente golosos.

          Hoy, ese mismo parque se encuentra absolutamente vacío, triste, muerto.

¡Cien novias jovencitas para tu marido!

           Ya habíamos estado en Melilla en febrero de 2012. Por entonces, la frontera de Beni Ensar -la única existente - era un auténtico y colorido circo, donde el llamado "comercio atípico" -contrabando o portes transfonterizos- se desarrollaba con la vista gorda de las autoridades españolas y marroquíes. Escasos o nulos controles a porteadores con enormes fardos a cuestas o señoras cruzando día a día a Melilla para ganarse un discreto salario de chacha. Policias divertidos y relajados completando el pintoresco paisaje. Para el turista, todo un espectáculo de luz y color muy entretenido y que contar a la vuelta a familiares y amigos (o años después a los nietos).

          Hoy, ya no queda absolutamente nada de aquello. Pero vayamos por partes.

          Duermo mal y la cercana mezquita tampoco ayuda a otra cosa. A las siete y media de la mañana ya estamos arriba y media hora después, en la calle, con la lluvia cayendo con fuerza. 

          No hemos investigado todavía sobre los autobuses a la frontera, por lo que nos acercamos a una parada de taxis compartidos. El vehículo tarda en llenarse. Puedes haber estado veinte veces en Marruecos y pensar, que lo controlas todo, pero si ven un resquicio, por mínimo, que sea, van a intentar colártela. 

          Así, nos quieren cobrar tres veces más de lo que cuesta la plaza. Cuando vamos a bajarnos, aparece un simpático hombre ya entrado en años, que nos aclara , que son siete dirhams y no los 30 , que nos querían hacer pagar.

          La conversación se hace amena en los 13 kilómetros, que dura el trayecto. Al enterarse, de que llevamos veinte años viajando a su país, le espeta a mi pareja: "Has tenido mucha suerte de poder conservar a tu marido. Con un DNI español, como el de él, podría haberse echado aquí cien novias jovencitas". Asegura también, que a él le caen bien los ciudadanos de cualquier país, "porque todos dejan dinero". Y sentencia: "España va bien y Marruecos también. La diferencia es que allí mandan muchos y aquí solo uno". No logramos deducir por sus gestos, para cual de los dos países es la crítica.

          Son casi las nueve de la mañana, cuando llegamos a Beni Ensar, donde nos recibe algún pedigüeño. Sigue lloviendo y nosotros sin paraguas. No hay prácticamente nadie en la incomoda frontera.

          Tardamos en traspasarla media hora exacta, después de los dos controles de pasaportes, las aduanas -ni miran, porque nuestro bulto es mínimo - y cuatro tornos giratorios con barras de suelo a techo. A los lados son visibles las famosas y temibles concertinas.

          No amaina, mientras ya en España nos recibe un desaliñado polígono industrial, que deja paso al largo paseo marítimo, que bordea la playa de la Hípica y la de Los Carabos. Hay marea baja y un montón de abruptas olas, que rompen contra la arena.

          Hay tres kilómetros hasta el centro y tenemos la suerte de encontrarnos un paraguas, levemente dañado, que perderíamos dos días después.

          Llegando al final del paseo y hacia la derecha, arribas a Melilla la Vieja, una enorme fortaleza amurallada con vistas infinitas al agitado y sublime mar. Está bastante bien conservada y la visita es gratuita, con vídeos explicativos muy bien hechos sobre su historia y funciones, además de sus personajes más celebres. Puertas, torres, muros, iglesias, acantilados... Imprescindible visita, que puede durar más de dos horas.

          Volviendo al paseo marítimo y girando a la derecha, se llega a la plaza de España -en la actualidad, completamente en obras- y a las famosas calles plagadas de edificios modernistas de gran belleza, aunque para nuestro gusto, demasiado simétricos. La multirreligiosidad de la urbe está latente en la cercanía en la zona de una mezquita -junto al mercado central -, una iglesia -también en restauración -, una sinagoga judía y un templo hinduista.

           Buscamos el barato supermercado de 2012, pero no dimos con él. Sí con un Mercadona, edificado en unos antiguos y enormes talleres. Los precios de todo son los mismos, que en la península -vino y cerveza incluidos-, salvo para las bebidas alcohólicas, que tienen un descuento de un 30% aproximadamente. ¡Nos abastecemos!

miércoles, 29 de abril de 2026

Nador

           Habíamos estado en dos ocasiones anteriores en Nador. Una , en 2010 con una amiga, camino de Alhucemas y Chaouen. La otra, dos años después, en el inicio de nuestro quinto viaje largo, que nos llevó a cruzar el desierto por Sáhara Occidental y Mauritania, hasta Senegal y Mali. En este periplo actual, queremos dedicar a la ciudad y alrededores algo más de tiempo.

          Y por eso, pasaremos aquí todo el día de hoy. Mañana nos acercaremos hasta Melilla, donde ya estuvimos hace catorce años. El sábado trataremos de hacer la excursión al cabo Tres Forcas y a Tibouda y La Charrana. Y para el domingo podríamos dejar las playas de La Bocana y Arckmane.

          Finalmente, el viaje real iba a ser algo distinto, aunque iremos poco a poco y por partes.

          Para nuestra sorpresa, además de ser un lugar muy barato, la mayor fortaleza de Nador es su excelente y económico sistema de transporte público, gestionado por una empresa de Alicante. Por unos pocos dirhams te llevan a casi todas partes, incluidas algunas playas casi vírgenes y algo alejadas.

          Existen tres estaciones en la ciudad: la de transporte urbano explotada por Vectalia. La antigua, también en el centro y abandonada. Y la nueva del transporte interurbano, camino de Zeluan y el aeropuerto.

          Sin embargo, al Cabo de Tres Forcas no arriba ningún transporte colectivo. Existen algunas agencias de viajes en la ciudad, pero no gestionan esa excursión o es más cara, que negociada con un taxista.

          A pesar, de que estamos  muy cansados, no nos acostamos un rato, como otras veces y nos encaminamos  a una de las numerosas paradas de taxis compartidos, cercana al hotel. Existen vehículos de este tipo para llegar hasta Tibouda, pero el problema es la vuelta, dado, que allí no hay parada estable - ni casi alojamientos-, por lo que habría, que gestionar el retorno por teléfono y en vehículo privado, lo que puede salir más caro y problemático.

          Por eso, un amable "charlas" nos ofrece  por 70€ un transporte hasta la zona -unos 43 kilómetros -, tres horas de espera del conductor, para que podamos llevar a cabo las visitas y el retorno. No llegamos a negociar los detalles, como las paradas concretas. Nos parece algo caro, pero nos da la sensación, de qué son lentejas y no vamos a encontrar otra cosa. De todas formas y hasta el sábado, nos lo vamos a pensar. 

          A ratos llueve y otros no, pero el potente viento no desaparece nunca. Desde luego, la metereología - y las previsiones son malas- va a marcar enormemente el devenir de este periplo.

          De momento y tras recorrer el centro, enfilamos -mirando el mar-, la parte derecha del paseo marítimo, por donde no transita casi nadie. Son tres cuartos de hora de agradable paseo hasta llegar a un puente y a una reserva ornitológica, que en la actualidad -desconocemos hasta cuando - se encuentra cerrada. De camino se contemplan  las agradables vistas sobre la laguna salada llamada Mar Chica y una playa algo más fea, debido al color de su arena.

          Deberíamos haber llegado hasta el final del refugio de los pájaros, pero estamos demasiado cansados y lo dejamos para otro día. Tanto, que a la vuelta nos tumbamos a dormir un rato en un banco, hasta que la lluvia nos despierta. ¡Y nosotros sin paraguas!.

          Ahora toca recorrer el paseo marítimo hacia el otro lado, una vez, que hemos dejado atrás las letronas típicas con el nombre de la ciudad. Se trata de un tramo sensiblemente más corto, que finaliza con la contemplación de un morabito, tumba de piedra blanca y coronada por una cúpula que alberga los restos de un santon o ermitaño musulmán en el Magreb.

          En Nador -como en el resto de Marruecos - son infinitos los gatos, que se agolpan en las calles (casi más, que personas). Están ampliamente alimentados por la mayor parte de la población, a diferencia de los perros, que además, resultan escasos. Esto se debe, a qué los felinos son más independientes y pueden ser protegidos por toda la comunidad, a diferencia de los canes, que necesitan dueño propio.

Arribando a Nador sin sobresaltos

           Son las siete de la tarde del 22 de abril, cuando llegamos a Madrid. Aún nos da tiempo a dar un largo paseo por el centro, dado que la climatología es muy generosa, rondando los 25 grados.

          El sábado anterior habíamos tenido problemas con los desagradables seguratas de Barajas, cuando tratábamos de acceder a la estación de autobuses de la T4 y hoy vamos -como quien dice- con el cuchillo entre los dientes para enfrentarnos a todo tipo de conflictos con energía y contundencia. Pero está vez los cancerberos están de mejor humor y ni nos ponen pegas, ni nos piden documentación alguna. Lamentablemente, el Adolfo Suárez se ha convertido en una lotería emocional y en un nido de abusos de autoridad y chulería, en pos de la supuesta seguridad de los viajeros. Y luego, algunos de nuestros  gobernantes ¡Van dando lecciones de democracia por el mundo!.

          Nuestro vuelo a Nador parte a las seis de la mañana. Son casi las tres, cuando entramos a la terminal 1 y decidimos, pasar de inmediato los controles para poder dormir algo dentro. A pesar de no haber casi nadie y estar bastante aburridos, los de los controles de seguridad no nos tocan demasiado las narices, como en otras ocasiones.

          Partimos en hora, en un avión con muchos asientos, libres y con un pasaje compuesto mayoritariamente por matrimonios mixtos -generalmente, ella española y él marroquí - y sus correspondientes vástagos. Me duermo, durante el cortísimo vuelo.

          En Nador no hace malo, pero el cielo se halla muy nublado y no tardará en empezar a llover, circunstancia, que se va a convertir en la mayor molestia del viaje, además del incesante viento, siempre presente en todas las costas marroquíes. El control de pasaportes y el acceso al país alauita resulta tedioso y lentísimo. Como ellos suelen decir: "prisa mata".

          Caminamos cuarto de hora hasta la rotonda de Al Aaroui y cogemos el autobús 22 -4 dirhams -, que nos deja en Zeluan. Aprovechamos para visitar su antigua kasbah del siglo XVII, que se encuentra en estado algo ruinoso, aunque los muros y las torres están bien. Acortamos el recorrido en su interior, dado que nos persigue a ladridos un enorme perro con cara de pocos amigos y mal carácter.

          Ahora toca tomar el bus 21 -sirve también el 26- para llegar a Nador. Lo primero es encontrar una oficina de cambio. El dirham se ha devaluado bastante en los últimos días y eso nos favorece. Lo segundo buscar un hotel y eso nos cuesta algo más. Hay decenas de ellos, pero en la mayoría nos piden demasiado dinero.

          Finalmente y por 120 dirhams, conseguimos una habitación doble con baño compartido. Es enorme, luminosa, limpia y disponemos de potente wifi. Están en obras de mejora y la propiedad resulta muy amable. Se trata del Hotel Parc  ubicado en la calle Ibn Roch.

          Nador es una ciudad sosa y algo abúlica, cuyo nivel de vida y armonía resultan bastante superiores a la media de Marruecos. Casi todos los negocios abren tarde y cierran bastante pronto. Esto último no es común al resto del país. Aquí, el porcentaje de personas, que hablan español resulta elevadísimo. No parece extraña la presencia de una sede del Instituto Cervantes, ubicada en el largo y bien pavimentado paseo marítimo.

          Destacan unas cuantas mezquitas, aunque ninguna es de relumbrón. Hay un mercado central de alimentación y una especie de centro comercial abierto con numerosas tiendas al estilo bazar marroquí. Nador no dispone de medina 

          La calle más animada es la de las FAR, con numerosos locales de comida rápida, donde degustar pollo asado, pescados y cefalópodos fritos y el típico bocata emblemático de la ciudad, ideado en 1964 por un restaurante, que todavía existe. Se trata de una baguette rellena de bonito, huevo cocido, mortadela de pollo -o queso- y patatas fritas con salsas diversas. Cada maestrillo le añade su toque personal: pepinillos, aceitunas, alcaparras... Se vende por unos diez dirhams en decenas de establecimientos.

          Otra calle importante de la ciudad es la Mohamed V con una zona central peatonal. Pero apenas tiene actividad y gente. A diferencia de la mayor parte de Marruecos, en Nador apenas existen puestos callejeros. No transitan turistas por las calles y los lugareños son tranquilos y amables, sin aspavientos, sobre escenificaciones y griteríos. Eso sí, tienen dos de las habilidades más características de los marroquíes: la zalamería exagerada y que si pueden, te la van a intentar colar.

martes, 28 de abril de 2026

Exposiciones en Madrid: un valor refugio

           Hacia algún tiempo, que no pasábamos un fin de semana completo en Madrid. Las razones eran variopintas: expiración de los abonos de transporte gratuitos, hartazgo general, precios abusivos de los alojamientos, masificación insoportable y trivialidad inconsciente y agotadora...

          Pero, avivados por el abono único, decidimos volver a las andadas de paseos capitalinos, exposiciones notables, experiencias variables y propuestas de Samplia.

          No habíamos elegido mal fin de semana, porque el 18 de abril se celebraba el Día de los Monumentos y muchos museos madrileños eran gratis. ¡Otra cosa es lo de las desgastantes y constantes colas!.

          Decidimos, volver al Reina Sofía, donde solo habíamos estado unas vez en nuestras vidas hace más de un par de años. Y no resultó mala elección, porque salvo la aglomeración insoportable en torno al Guernica, pudimos transitar con cierta holgura y tranquilidad.

          Lo bueno de este museo es, que tienes un poquito de todo y no te aburres. Desde lo rompedor, transgresor y original, hasta lo cutre a lo cursi y cada uno, sin más, decide, con lo que se queda. Desde la guerra civil a la movida, pasando por otros varios acontecimientos históricos y estados de ánimo.

          Nuestro segundo recurso fue la cercana Serrería Belga, abarrotada de gente, inusualmente. Nos acogió una agradable exposición de cuadros de Menchu Gal, muy entretenida y después, un cuento de la ciudad de Madrid y sus versatibilidades, dividido en catorce escenas con sus imágenes y texto explicativos. ¡Todo muy fresquito, digerible y recomendable!.

          Y para el domingo -las entradas el sábado estaban agotadas-, dejamos la exposición de Caixa Forum, sobre el inquietante y potente -hace más de 2500 años- imperio asirio, en cooperación con el siempre interesante y expoliador Museo Británico.

          Está civilización ocupó buena parte de Oriente Medio, con base en Nínibe, su capital, que se corresponde con la actual Mosul, en Irak.

          La muestra se centra en Asurbanipal, uno de sus máximos líderes, que llegó al trono por casualidad, porque este estaba reservado para sus hermanos mayores. Y por eso, es de los pocos dirigentes, que sabía leer y escribir, cuando por aquel entonces y para reinar y masacrar -a los tuyos y a los rivales-, no hacía siquiera falta.

          Todo muy interactivo y recomendable, como suele suceder casi siempre en esta fantástica Fundación de CaixaBank, a la que los clientes tenemos acceso gratuito.

Madrid ya es invivible

           Una tarde de hace mucho tiempo, cuando tenía 14 o 15 años, leí en El País, que estábamos a punto de ser 5000 millones de habitantes sobre la faz de este planeta. Y pensé: "¡Madre mía, cuánta gente!.

          Hoy en día, ya sobrepasamos los 8000 y me temo, que una buena parte de esas millonarias incorporaciones se han ido a vivir -o al menos, a residir temporalmente-, a Madrid, especialmente, durante los fines de semana.

          Cada día, la capital de España resulta más insufrible y deteriorada, pero no parece importarle a nadie. De verdad y con toda naturalidad, que hemos perdido todo tipo de sentido, sobre lo que significa -o fue- calidad de vida. ¡Todo vale y ya sin asombro!

          Resulta imposible caminar por Madrid -salvo a unas reducidas deshoras-, hacer algo sin guardar una larga y tediosa cola; visitar una exposición -si es, que hay entrada- sin colección de codazos, transitar por el metro sin que te arrollen sin pedirte perdón con cuerpo o bulto - en Madrid diez de cada cinco personas lo portan-, tratar de coger aliento...

          Y ya no digamos, encontrar un hotel digno y no abusivo, para la noche de un viernes a sábado o a domingo -lo budget supera los 150€- o una vivienda para ser un madrileño más: de 1500€ para arriba por espacios reducidísimos, no aptos para más de dos personas. Pero, todo fluye y se ha normalizado, sin que se vea el cambio de tendencia o el final.

          El caos es tan evidente, disfuncional y recurrente, que ya nadie lo considera tal, en un mundo puro de supervivencia sin normas, que daría miedo, si no fuera, porque nos hemos acostumbrado a todo y a una terrible y constante resignación (que no, resiliencia).

          La vida diaria capitalina resulta un horror mayúsculo, pero los fines de semana todo se transforma en peor, porque la ciudad se llena de eventos y cada uno se cree capacitado y bendecido para llevar a cabo el suyo. ¡Veamos, el finde pasado!.

          El sábado a primera hora, colapso en los entornos de Neptuno, provocado por la policía, que montaba el dispositivo atlético de la final de la Copa del Rey de fútbol.

          No demasiado lejos y en Sol, un solo acto multitudinario por la visita a España de la fascista María Corina Machado, que ha venido a darnos lecciones a los españoles, de cómo se deben hacer unas elecciones limpias y transparentes. ¡Lecciones de los lameculostrumperos Machado y Rute, necesitamos muy pocas y racismo de Carlos Baute -como abanderado de tal causa-, aún menos.

          Para el domingo quedaba el desmontado de vallas coperas, que de nada habían servido, porque la Real le había dado sopas con honda al equipo de Simeone.

          Casi al lado, una carrera popular -con muy buenos objetivos, pero arramplándolo todo -, contra el cáncer: desorden, confusión, embrollo y vorágine vestidas con camiseta verde, en las que llegamos a ver el dorsal cincuenta mil.

          Y casi en paralelo y sin poder respirar -Ayuso colecciona protestas diarias sin pestañear -, una nutrida manifestación de la Enseñanza Pública coreando, que no pueden hacerse cargo de veinte alumnos por clase, cuando en nuestra época éramos cuarenta y ningún profe se quejaba. ¡Se trata de un hecho y no de una opinión, que la mia me la guardo!.

          Y mientras y en cotidiana escena, subsaharianos y musulmanes abarrotando la Plaza de Lavapiés ( los primeros, cargados de latas de cerveza). 

          Vivimos en Madrid casi dos décadas y tenemos una conexión bestial con la ciudad, pero este Revolutum Selvático, ya no hay quien lo aguante. ¡Ni nosotros!.

          O quizás, nos estemos volviendo viejos!

martes, 21 de abril de 2026

Maderos y seguratas (parte II)

           Sé, que el título de este post y el anterior no está exento de cierta polémica. ¿Por qué llamarlos maderos y seguratas, cuando son cuerpos de seguridad del estado -pobre estado - y "guardianes" de nuestra seguridad?. A ver: yo soy periodista de profesión y no me molesta, si me llaman plumilla, pero no estamos aquí para hablar del lenguaje o de intentar controlar lo incontrolable, que ofende a cada cual a discreción.

          Un segurata es un madero aún más rústico, más agresivo, menos formado y empático, chulo y arrogante por genética y naturaleza, perdonavidas universal e inagotable perseguidor sin desaliento hacia los débiles e inseguros. Podríamos seguir, pero parecería, que es cebarse y no vamos a ser como ellos.

          Solo conocemos tres formas -habrá más - de combatir esta profesión -por llamarla de alguna manera- y todas están basadas en ser más chulos y bordes, que ellos. Aún así, no siempre entran en razón pero suele funcionar.

          Primero es, pedirles, que se identifiquen. Después, que te remitan a su superior. Y finalmente, amenazarlos con la policía (curiosamente, sus alter egos). Los tres pasos son necesarios, pero en realidad no tienen, que ser por ese orden.

          Si tú quieres, que una situación, que te incomoda se convierta en una venganza -y una vergüenza -, hacia algo o alguien evítala y ponla en manos de seguratas y si puede ser , elige a los más agresivos del lugar, que no te va a faltar una extensa lista de voluntarios. El madero se hace, el segurata y su chulería, nacen.

          Lo del aeropuerto de Barajas y AENA se está convirtiendo en una vergüenza nacional, curiosamente, de la que ya nadie habla. No solo, porque hayan expulsado a los mendigos -la mitad de ellos trabajadores- de las instalaciones sin darles alternativa alguna, sino por humillar, constantemente, a los pasajeros/viajeros o a transeúntes, que se acercan  a las terminales para viajar o simplemente, porque les da la gana, que para eso es un lugar público.

           Conversación con un indeseable, el pasado sábado sobre las nueve de la noche, tras abandonar Cercanías e intentar acceder a la terminal 4:

          - ¿Me pueden enseñar sus tarjetas de embarque? (con bestial soberbia)

          - No vamos a tomar un avión, sino a salir a la calle -no hay otro camino posible-, para en unas horas coger un bus en la colindante estación de autobuses.

          - Ya, pero me tienen, que enseñar el billete.

          - Solo queremos salir a la calle, nada más y para eso es necesario pasar por aquí. Si acaso, cambien los accesos.

          Y como le hemos hecho frente, aún se indigna más: 

          - No, es que ustedes no me dejan hablar, ni explicarme (y seguidamente, nos manda a un ascensor).

          En resumen: nos machaca a preguntas y como las respondemos, no  le permitirnos expresarse. Curiosa visión de las cosas, pero normalmente y ante la abulia general, les funciona.

          Domingo por la tarde, en Príncipe Pío, a punto de coger el Media Distancia, a Valladolid. Nos entretenemos, mirando los descuentos de una panadería, que líquida todo a mitad de precio a partir de las ocho y media de la tarde.

          Estoy justo detrás de mi pareja, cuando un segurata se acerca y le dice, que le están abriendo la mochila para robarla. Ella se indigna y en vez de pedir perdón y sonrojarse, se enaltece y espeta: "nosotros estamos aquí para acabar con los malos, que hay muchos". Le cayó la del pulpo.

          Ya no queremos la defensa del estado de derecho, batalla completamente perdida, sino que al menos la próxima vez y antes de humillar o hundir a alguien se lo piensen.

lunes, 20 de abril de 2026

Sobre maderos y seguratas (parte I)

           Además de Trump, Netanyahu, la caída irremediable del viejo y más cómodo orden mundial, el fascismo, el insoportable precio de la vivienda, la inflación, el turismo de masas...y toda esa sucesión de cosas, que últimamente hacen realmente insoportables y peligrosas nuestras vidas, dos son los elementos, que casi imperceptiblemente, están atacando y socavando nuestra libertad y nuestra democracia: la policía y los muy desagradables vigilantes de seguridad, que campan a sus anchas por los derechos fundamentales e individuales de las personas.

          De la policía se ha hablado bastante en diversos artículos de este blog. Esa querencia natural, que tienen los agentes de acojonarse contra los peligros reales y de ir a chulear y molestar a los débiles. No los verás nunca, cuando se está cometiendo un delito flagrante y contra la seguridad, pero hallarás cuatro furgonas y decenas de tipos arrogantes y maleducados, en una pacífica manifestación de mayores, quejándose por la precariedad de sus pensiones o con un par de parejas sentadas tranquilamente haciendo botellón en un parque. ¡Entonces, si se vienen arriba!.

          Para ser madero o segurata en este país -no se en otros-, se premia al necio, al macarra, al chuloputas de barrio, al matón de la clase, al ignorante, al extremista. ¡De donde habrán sacado a los psicólogos, que controlan las capacidades -y sobre todo, las evidentes taras y psicopatías- de estos cancerígenos gremios, que horadan y enferman nuestra sociedad en tiempos difíciles.

          Todos -o casi- conocemos a alguien, que nos escandaliza y del que pensamos: ¡como este tip@, ha podido llegar a ser policía, con sus antecedentes mentales!.

          Dicho sea de paso , que nosotros nunca hemos sido denunciados o multados por la policía en nuestras largas vidas. Pero encontronazos y humillaciones si hemos padecido unos cuantos y más, porque no solemos callarnos, ni ser sumisos y preguntamos, siempre que nos molestan, donde está su extraña agudeza visual para ver los indicios de un delito.

          La verdad es, que habiendo sido víctimas de muchos atropellos por ellos, no nos lo tomamos demasiado en plan personal. Se trata de personas, que cuanto más desamparado te vean -y en eso sí son expertos-, más te machacan y más te vejan.

          Pero al menos, los polis tienen estudios y han debido pasar algunas pruebas de capacitación, para nosotros, realmente dudosas e insuficientes.

          Es verdad, que nosotros tampoco somos unos ciudadanos convencionales y nos mostramos casi siempre bastante echados para adelante -aunque respetuosos, defendemos firmemente nuestros derechos-, lo que suele conllevar más inquietud e incomodidades en general y en la vida.

          Pues eso, que nosotros no somos humanos al uso: viajamos casi constantemente y pasamos demasiado tiempo en la calle, lo que te expone aún más a sus detestables focos. Además, solemos beber cerveza en la vía pública o teñirnos el pelo de colores raros. En la pandemia evitábamos ponernos la mascarilla -la norma más estúpida, que hemos debido soportar- y -aunque los asumimos-, no estamos demasiado de acuerdo con los convencionalismos sociales y esa necesidad casi enfermiza de aprobación, que necesitan la mayor parte de las personas. Evidentemente, todo esto facilidades y paz no te dan.

          Lo de la policía es un mundo, pero normalmente, puedes razonar con ellos. Lo del poli bueno y el poli malo en parejita no es para nada un mito, porque a nosotros nos han tocado unos cuantos. Además y salvo excepciones -que también las hemos tenido -, suelen parar y dejarte tranquilo, cuando comprueban -ademas de la actividad de tu DNI-, que no tienen demasiado donde rascar.

          Lo de los vigilantes de seguridad es otra cosa, que abordamos en la segunda parte de este artículo, ademas con dos concretos y clarificadores ejemplos, que nos han acaecido este mismo fin de semana en Madrid.

jueves, 16 de abril de 2026

Nador y sus prolijos alrededores

           Nos vamos seis días -del 22 al 27 de abril - a Nador y alrededores contando la ida y la vuelta, por lo que netos se nos quedan en cuatro. Aunque se podría dedicar una semana o más, porque la zona está plagada de lugares interesantes.

          Llegaremos al aeropuerto e iremos caminando un cuarto de hora hasta la localidad de Alaourin, donde tomaremos el bus 22 o 22B hasta Zeluan (Selouane). Allí visitaremos su famosa kasbah, una antigua fortaleza defensiva del siglo XVII.

          El bus 21 y 26 llevan hasta Nador, que será nuestra siguiente parada. Buscaremos alojamiento y aunque ya la conocemos, recorreremos la ciudad. Por la tarde nos acercaremos hasta la colindante laguna salada de la Mar Chica. 

          Probablemente, el día siguiente viernes -dia sagrado del islam-, arribaremos a Melilla, ciudad autónoma, donde ya estuvimos en 2012. Sus edificios de estilo modernista y la ciudadela fortificada nos esperan.

          El sábado tenemos previsto acercarnos al cabo de Tres Forcas, a unos cuarenta kilómetros al norte de Nador, a disfrutar de sus paisajes espectaculares, acantilados y faros. Se trata de un lugar bastante virgen y poco frecuentado.

          El problema fundamental va a ser llegar hasta allí, dado que parece ser, que no existe transporte público. Un taxi, ida y vuelta, debe costar entre 900-1100 dirhams, por lo que probablemente, nos saldrá más a cuenta contratar un tour de una jornada desde Nador, a través de uno agencia. ¡Habrá, que rascarse el bolsillo!. Lo suyo sería alquilar coche, pero no conducimos.

          Trataremos de acercarnos a algunas playas poco distantes, como La Charrana y Tibouda, en la que se ubica una tranquila y cotidiana aldea de pescadores.

          Para el domingo, lo suyo sería visitar el monte Gurugu -plagado de monos, que "tanto" gustan a mi pareja-, adonde tampoco existe transporte público. Se trata de un volcán extinguido de 600 metros de altura, desde donde se contemplan excelentes vistas de Nador y Melilla. Pero ahora mismo creemos, que no iremos, porque requeriría de otra excursión organizada y con la de Tres Forcas ya tenemos bastante.

          Nos quedan, como alternativa, otras playas, como la de la Bocana o la de Kariat Arckmane, de estilo más familiar y donde avistar numerosas aves migratorias 

          Otra opción es la cueva de Ifri N'ammar, que posee pinturas rupestres del paleolítico. Aunque suponemos, que este sitio arqueológico será de difícil acceso y además, se encuentra a más de una hora de Nador, en coche.

          Oujda y Alhucemas están a unos 130 kilómetros en direcciones distintas, pero ya las conocemos de viajes anteriores.

          Hemos encontrado tres agencias locales en Nador, que ofrecen excursiones por la zona: Kabdani Voyages, Giromarfly y Los Tours Marruecos. Seguiremos investigando.

miércoles, 15 de abril de 2026

El abono único, a examen

           Después de haberle dado medio mes de uso, ya podemos sacar unas conclusiones sobre el bono único de transporte:

          -.¿Compensa?. En la mayoría de los casos sí, si eres menor de 26 años -30€- o resides en un núcleo de cercanías, aunque seas adulto (60€). A poco más, que se viaje, ya sale a cuenta.

          Para el resto de personas se debe estudiar caso a caso. Nosotros en los treinta días vamos a hacer cinco viajes de entre uno y seis días y si hubiéramos tenido, que comprar billete a billete, habríamos cuadruplicado la inversión.

          -.¿ Para que transportes sirve?. Lamentablemente y no estaría mal, no existe un listado de las compañías, que lo han suscrito, por lo que se debe investigar, dependiendo del viaje de cada cual 

          En términos generales y tanto el abono joven, como el adulto sirven para todos los nucleos de cercanías y antiguo FEVE de RENFE, además de los trenes de Media Distancia y asimilables.

          Es válido para ALSA, normalmente, solo para recorridos interregionales. Por ejemplo, no sirve para un trayecto entre Santander y Castro Urdiales -misma comunidad autónoma -, pero si vale para llegar a Bilbao, desde el mismo origen, a pesar de ser más kilómetros.

          El resto de compañías de bus se deben investigar una a una. Las bases hablan de "interregionales estatales", pero el concepto es realmente difuso e indefinido.

          -.¿Es posible usarlo para recorridos largos?. La distancia  no tiene nada, que ver siempre, que se cumplan  las normas. Por ejemplo, nosotros los hemos utilizado entre Bilbao y Madrid y desde allí, a Granada y vuelta a la capital de España, sin ningún coste adicional.

          -.¿Se debe reservar plaza para llevar a cabo los recorridos?. Evidentemente, no para Cercanías, aunque se debe asociar el pin del abono a una tarjeta física -1€, si no la tienes- en las máquinas de esta modalidad de transporte.

          En los Media Distancia y ALSA se debe reservar una plaza a través de las apps correspondientes o soportes automáticos en las estaciones. Se puede cancelar hasta dos horas antes de viajar.

          -.¿Que ocurre, si reservo, no anulo y tampoco viajo?. Ni idea, porque siempre hemos cancelado antes de no tomar un transporte. De todas formas, una persona seria no debería hacerse esta pregunta.

          -.¿Que otras ventajas tiene el abono único?. Fundamentalmente son cuatro:

          -1. El periodo de validez es de 30 días y no  de un mes natural. Así, que por ejemplo puedes empezar el día 7 de un mes y ser válido hasta el 6 del siguiente.

          -2. Se pueden reservar recorridos simultáneos, anulando el que no uses al final. Por ejemplo, un tren y un autobús para el mismo día y hora a idéntico destino. O varios itinerarios  coincidentes a lugares diferentes.

          -3. Permite el uso gratuito de autobuses nocturnos, lo que supone ahorrar en alojamientos.

          -4. Recorridos ilimitados.

         Claramente, el abono único saca una nota altísima (digamos, un 9).

Atrapados (parte XX) La frontera de Armenia

           Recordaréis, que dedicamos buena parte del mes de marzo en este blog a la saga "Atrapados". A ratos y a medida, que vayamos recordando, iremos añadiendo nuevos capítulos. En esta ocasión se trata del vigésimo, ocurrido en 2012, entre las fronteras de Georgia y Armenia.

          Tomamos un tren entre la bellísima y caótica Tiflis y Ereván. Era un convoy moderno, barato y no demasiado concurrido, no viendo más occidentales, que nosotros, entre el pasaje.

          Entonces -no sabemos ahora- el visado, consistente en una pegatina de hoja entera, se podía obtener de manera sencilla en la frontera.

          Sin embargo, durante los días anteriores habíamos detectado algo alarmante: mi pareja no tenía ni una sola hoja libre en el pasaporte.

          Así, la noche anterior y en el austero hotel georgiano, tratamos de quitar uno de los dos adhesivos de dos años atrás, de Zimbabue. El jodido estaba severamente adherido a la hoja dieciséis y no había forma humana de despegarlo de allí y menos, con las escasas herramientas, que portábamos. Cada acción, que poníamos en marcha hacia más grande la chapuza y carnicería en su credencial.

          Cuándo cogimos el tren íbamos casi convencidos, de que nos devolverían en la frontera. A ella llegamos ya bien pasada la medianoche. 

          Se trataba de un lugar lúgubre y oscuro, convertido en una pequeña oficina improvisada, pero la falta de luz no impedía contemplar nuestra chambonada. Al verla, los polis primero se rieron, pero después, guardaron largo silencio, lo que nos colmó de incertidumbre.

          Afortunadamente para nosotros, no hablaban ni papa de inglés. Trataron de explicarnos por señas, que aquello no era muy serio y nosotros -incluso forzándola-, tratando de no perder la sonrisa y de pasar el mal trago.

        El tren estaba a punto de seguir su camino y dejarnos en tierra de nadie, cuando finalmente e in extremis, nos pusieron la pegatina y el sello de entrada. Pensamos, que nos pedirían una cantidad a mayores de la visa por haber hecho la vista gorda, pero no fue así.

          A la mañana siguiente llegamos a Ereván, sin novedad.

          Tenemos nuestras dudas, de que esto lo hubiéramos conseguido en otra frontera del mundo y menos, gratis 

martes, 14 de abril de 2026

Ligeros de equipaje, como los hijos de la mar

           Resulta más habitual de lo deseable, que le cuentes a alguien, que has conseguido unos billetes de avión muy baratos para un sitio determinado y la pregunta siguiente sea: ¿Pero están incluidas las maletas?. ¿Por qué la primera y más preocupante asociación de viajar, es la palabra equipaje, para la mayoría de la gente?. A mí esa pregunta, me hace casi enfermar, pero trato de aguantar el tipo y responder: "No. No están incluidas las maletas, pero en la mayoría de billetes caros y de aerolíneas de bandera, tampoco".

          No se puede generalizar, pero la mayoría de los que esto proclaman son personas que han viajado poco o nada; que están acostumbrados a vacaciones en coche particular o que enseñan como único y valioso trofeo un viaje a Punta Cana de luna de miel. ¡A Punta Cana ocho días/siete noches, teniendo las preciosas islas y playas, que poseemos en España! . De los tres, solo entiendo a los segundos y tampoco del todo.

          Son los que nosotros denominamos turistas "porsi", en relación a empezar a meter una cosa tras otra en el petate, por si acaso, hasta parecer cargueros andantes o generosos portadores de ayuda humanitaria.

          Igual, que hoy en día no eres nadie si no paseas a tres o cuatro perros a la vez, la gente parece competir en los aeropuertos para ver quién lleva más maletas y más grandes. ¡Es absurdo, pero real, plantearse un viaje, como si fuera una mudanza!.

          Muchos, no pueden ni manejarlas y otros, lo hacen con gran temeridad, arrollando todo, lo que pillan de por medio y normalmente, sin inmutarse por ello. ¡He pasado más miedo, por hablar de un par de ellos, en los aeropuertos de Delhi o Shanghái, que en las calles de esas dos ciudades y no exagero!.

          Se van reduciendo paulatina y afortunadamente, aunque siguen siendo mayoría, los viajeros con bultos con ruedas a sus espaldas. Deberían estar prohibidos y penados, dado que resultan incontrolables, salvo para los pasajeros con ojos en la nuca. Más soportables son, los que se llevan lateralmente, aunque la forma ideal sería, transportarlos por delante.

          Luego además, estos tráilers humanos suelen quejarse de tener, que pagar por el equipaje o por el exceso de peso, alegando, que debería estar incluido. Como, que si pagará lo mismo por un café, que si le añades un pincho de tortilla y un zumo de frutas.

          Nosotros siempre -más bien, desde hace casi dos décadas- viajamos con dos mochilas pequeñas de unos tres/cuatro kilos de peso y unas dimensiones adaptables a todas las compañías aéreas del mundo. Da igual, que sea un fin de semana o puente, que irnos un año entero. Es sencillo de entender, pero por extrañas causas, la gente no suele asociar, que la mayoría de las cosas, que llevan en sus voluminosos bultos, se pueden comprar en los lugares de destino. Y en muchas ocasiones, hasta más barato, que en tu propio país.

          Nosotros en los tres últimos lustros, apenas hemos facturado dos o tres veces y siempre fue, por llevar a países musulmanes más cantidad de alcohol de lo permitido en cabina.

          La mayoría de los viajeros parece tampoco entender, que solo con equipaje de mano te ahorras pasar -normalmente- por el mostrador a la salida y por la cinta giratoria a la llegada con el consiguiente valioso ahorro de tiempo y gestiones. Y sobre todo, evitas perdidas y otras sorpresas desagradables.

          Naturalmente, no siempre fue así. Nosotros también fuimos víctimas del mal del injustificable equipaje, hasta que dijimos basta y no necesitamos pasar por terapia (individual o grupal).

          Cuándo los primeros interrailes de finales de los ochenta, íbamos de camping y llevábamos la casa a cuestas. Vivíamos todavía con nuestros padres y obviamente, hacíamos cada uno nuestro propio equipaje. Deshaciendo el de mi pareja, le llegué a contar doce camisetas. Es verdad, que por entonces éramos un poco guarretes y lavábamos muy poco. El lema era: "ir auténticos". O sea: llenos de mierda.

          El cambio radical se produjo casi al inicio del tercer viaje largo, estando en Pietersmaritburg (Sudáfrica). Hacia un calor de muerte en pleno mes de diciembre y pasamos sed -ni tiendas, ni bares de camino-, hasta casi la extenuación. Finalmente y al borde del colapso encontramos una cerveza -allí las típicas son de 75 centilitros - y engullimos de un trago una cada uno. Tomamos aliento y dijimos: "estás mochilas tan grandes, nunca más". Y hasta hoy.

lunes, 13 de abril de 2026

Medina del Campo

           Aprovechando la vigencia actual de nuestro bono único,  decidimos pasar el domingo en Medina del Campo. No resultó una determinación correcta, porque a pesar de haber sol, la temperatura era baja, el aire intenso y molesto y terminó lloviendo a cántaros. A pesar de estar a poco más  de 50 kilómetros de Valladolid, nunca habíamos visitado esta localidad a fondo.

          Habíamos estado allí decenas de veces, especialmente de jóvenes, porque era punto necesario para tomar trenes de largo recorrido, que se dirigían al norte -esencialmente a Galicia-, pero no habíamos ido más allá de los bares, que se hallaban cercanos a la estación, donde los camareros nos dejaban boquiabiertos con las historias de un delincuente local, apodado "el choto", no sabemos, si verdaderas o meros bulos ochenteros.

          La estación vieja se ubica algo alejada del centro, aunque no hace falta llegar hasta él para visitar la atracción principal del pueblo: el bello Castillo de la Mota, que cuenta con torres redondas y otras más cuadradas.

          La localidad cuenta con la Plaza Mayor más grande de España  -la de la Hispanidad-, donde se encuentra la Colegiala de San Antolín -algo mamotreto -, el ayuntamiento y el palacio testamentario de la reina Isabel. Muchas calles peatonales la rodean , donde los bares estaban a pleno rendimiento en el mediodía del domingo.

          Además, la villa tiene un buen número de iglesias y conventos tradicionales de bonita factura, aunque demasiado clásicos.

          El alóctono río es el Zapardiel, que se halla seco, no sabemos desde cuándo. Sin embargo y junto al cauce, se extiende un extraordinario y cómodo Paseo de Versalles.

          También tiramos por la calle de Salinas, en lo que parecía una senda prometedora, pero donde terminamos arribando fue a la moderna y pequeña estación del AVE.

          El fin de semana, que viene, nos largamos a Madrid, gracias de nuevo al abono único, a ponernos al día  con diversas exposiciones y eventos.

          Del 22 al 27 de abril, volamos a Nador, en Marruecos, para transitar por los diversos alrededores, especialmente, por el cabo Forcas, aprovechando una fiesta autonómica y un par de días de asuntos propios.

          Y el último finde del bono, el del puente de mayo, nos dirigiremos a Asturias.

Castillo 🏯 de la Mota




 

Castillo 🏯🏰 de la Mota, en Medina del Campo


 

viernes, 10 de abril de 2026

¡Adiós a la Semana Santa!

           Habíamos pegado un buen volantazo y en tan solo un par de horas de toma de decisiones habíamos cambiado  con éxito el rumbo de nuestro viaje semanasantero, después de hallarnos atrapados en el fango psicologico -además de la lluvia y el viento- de Cantabria y País Vasco. No nos arrepentimos, ni de haber hecho esos más de 800 kilómetros entre Bilbao y Granada, ni de la larga vuelta a casa, ni de solo haber pasado poco más de 24 horas en la siempre agradable Andalucía.

          El domingo amaneció soleado y caluroso. Dejamos con mucha pereza la habitación del hotel y nos dirigimos por otro anodino camino a la estación de autobuses. Otra vez nos tocaba vehículo subcontratado y no de ALSA -Montijano-, pero al menos tenía tomas USB para cargar el móvil. Una cosa muy buena, que ha puesto en marcha la compañía de transportes asturiana es, mandarte un WhatsApp al celular, con el número de matrícula de tu autobús, unos minutos antes de la salida.

          El amable conductor y antes de ocupar nuestras plazas ya nos advirtió, de que probablemente tomaríamos retraso sobre el tiempo de viaje previsto. No se equivocó.

          Partimos en hora, a las diez de la mañana y todo iba sobre ruedas hasta llegar a La Carolina, donde sufrimos las primeras severas retenciones, aunque no las más serias del viaje. El tráfico también se ralentizó al cruzar Despeñaperros y sobre la una de la tarde paramos media hora a almorzar y a necesidades varias -era un bus sin baño- en un concurrido complejo de comidas de Almuradiel.

          Estábamos ya en la tercera provincia más grande de España, después de Badajoz y Cáceres. La situación volvió a la normalidad, hasta que llegamos a Valdepeñas -pueblo donde yo pasé dos buenas semanas en 1997, haciendo un curso-, donde volvieron las desagradables y desesperantes retenciones.

          Pero aun faltaba por llegar el premio gordo y eso ocurrió al atravesar Puerto Lapice, una localidad citada cuatro veces en Don Quijote de la Mancha y también famosa por sus casas blancas estilo manchego y su bello patrimonio. Nos hubiera gustado bajar a verla, en vez de tirarnos casi hora y media para recorrer cuatro kilómetros en el atranque más importante del día. No sabemos si Quijote y Sancho sufrieron algo parecido.

          Nos temimos  lo peor y no llegar a conectar con nuestro Media Distancia a Valladolid, por lo que tomamos un plan B, reservando billetes con ALSA para casi la media noche. En el mapa interactivo de la DGT, que vimos por internet, aparecían dos accidentes en esta zona, pero en la realidad, no contemplamos ninguno.

          Al atravesar las afueras de Tembleque, ya en la provincia de Toledo, sufrimos el último amago de retenciones. Finalmente, llegamos a Méndez Álvaro con una hora y tres cuartos de retraso, en el único tramo con incidentes de todo nuestro periplo.

          Faltaban casi cuatro horas para nuestro tren, así, que anulamos los billetes del ALSA. El día era muy caluroso en Madrid, así que nos sobraba toda nuestra pesada ropa. Pasamos por el Samplia de Gran Vía y de Callao para probar un par de ricas degustaciones, además de dar un largo paseo por el centro, como siempre, abarrotado de guiris.

          Al arribar a la estación de Príncipe Pío, pudimos al fin resolver el problema del abono único y los Cercanías. En esta ocasión, la chica resultó muy diligente y nos llevó a la máquina a enseñarnos a vincular con el pin, el abono y la tarjeta física. No resulta nada complicado.

          Era Domingo de Resurrección. En años pasados y con los bonos gratuitos, no habría habido billetes para tal día, dos o tres semanas atrás. Pero el tren iba vacío, al ser de pago y de precio poco competitivo con ALSA e incluso, con algunos AVE. Por eso, volveremos a pedir al gobierno, que se repiense la gratuidad de los transportes, que no tuvieron costes entre septiembre de 2022 y junio de 2025.

          Más allá de la una de la madrugada, llegamos a casa, exhaustos.

¡Graná!

           En el trayecto de ALSA entre Bilbao y Madrid, habíamos hecho las reservas de la vuelta a la inversa, para evitar contratiempos. Primero, el Media Distancia entre Madrid y Valladolid, para última hora del domingo. Después, el Granada - Madrid para el mismo día por la mañana. Y finalmente,  el de ida desde la capital de España a la ciudad andaluza, para la madrugada del sábado.

          Evidentemente y después de tres noches sin hotel, no cabía otra cosa más urgente, que tomar una habitación costará, lo que costara. Las había desde 58€, casi la mitad de precio, que en Castro Urdiales. Pero hasta las tres de la tarde no podríamos tomar posesión de ella.

          Así, que a las ocho de la mañana, haciendo aún frío, pero con cielo despejado y el sol despuntando, nos fuimos caminando hasta el centro. La estación está lejos, casi a una hora a pie y transitando por numerosas y aburridas rotondas.

          A las nueve de la mañana -incluso un sábado santo-, Granada es una maravilla, porque las hordas -y gordas- turísticas aún duermen o están desayunando. Nos llamó la atención, que aún sigan trabajando esas gitanas mayores, que te tratan de colocar hierbabuena, para sacarte los cuartos.

          Recorrimos pausadamente en casi soledad los alrededores de la catedral, empapándonos del constante olor a empanadas, pizzas y hojaldre.

          Una hora después nos dirigimos al cercano y bello Albaicin. El barrio es una pasada. A un lado las casas y al otro, las torres de la Alhambra, a veces, junto a un canal con pequeños saltos de agua. Pero no nos engañemos: el paseo no es nada cómodo, sobre todo, cuando se peta de gente -como a la vuelta, siendo ya más del mediodía -, porque las aceras son muy estrechas y el tráfico constante (sobre todo, taxis). No se el que, porque no es mi cometido, pero deberían hacer algo.

          Habíamos estado unas cuantas veces en Granada -la primera en 1991, cuando descubrimos sus generosos aperitivos gratuitos -, pero nunca habíamos subido hasta el mirador de San Miguel Alto y desde luego, ¡que elevado está un rato!. Desde la calle principal se debe salir a la derecha. Está indicado, pero es el único cartel en todo el camino, con lo que luego no es difícil despistarse, porque además no había mucha gente para preguntar. Afortunadamente, nos topamos con un simpático anciano con mucho tiempo libre y gracejo.

          El trayecto es largo y constantemente ascendente, hasta que se llega a un extenso pinar. Justo detrás de él se halla una ermita grande y blanca y el espectacular mirador sobre la Alhambra, el Sacromonte y el Albaicin.

          Las vistas son impresionantes y además, sube muy poca gente, porque hay, que esforzarse y la mayoría no está por la labor. En concreto nos cruzamos con tres argentinos y un par de colgadillos con perros.

          Al contrario, al más cercano mirador de San Nicolás resulta mucho más fácil llegar y está repleto de lugareños, nacionales y guiris. Las vistas son más modestas, pero no dejan de estar bien, en un ambiente de estrés.

          Siendo las dos y ya con la ciudad petada de turistas nos acercamos hasta la Alhambra, por ese camino jalonado a ambos lados con regatos descendentes . 

          Hemos entrado al recinto un par de veces en nuestras vidas. La primera, en 1991, cuando aún teníamos carnet de estudiante y pagamos 150 pesetas por la entrada general. Entonces, era gratis los domingos por la tarde. Ahora solo lo es para los "granaínos", en lo que es una clara y burda discriminación.

          Cansados y sedientos, localizamos en el móvil un cercano Mercadona y nos fuimos a hacer las compras para la tarde y a comernos un kilo de helado de limón (el día anterior había sido de mango).

          Y ahí terminó nuestro día activo, sobre las tres de la tarde. Nos fuimos al Art House -esta mejor y más céntrico el de Madrid - a tomar posesión de nuestra modesta habitación con baño compartido. A esas horas ya hacía 25° y nos sobraba toda la ropa. Pero en la alcoba reinaba algo de fresco. Resulta increíble que no te pongan la calefacción pagando 58€.

          Y allí estuvimos 18 horas seguidas hasta las nueve de la mañana del domingo, sin remordimiento alguno.

jueves, 9 de abril de 2026

Más de ochocientos kilómetros, casi de golpe

           Tienen suerte los vascos, porque en Euskadi es fiesta jueves y viernes santo, más el lunes de Pascua , pudiendo juntar cinco días.

          Nos encanta pasear por el centro de Bilbao, pero en este caso había, que tomar una decisión sobre que hacer el sábado y el domingo. En apenas un radio de medio kilómetro vimos, una ferviente aglomeración a la puerta de una iglesia, una actuación musical tradicional y un concierto de Tanxuguerias (o imitadoras). ¡Así es Bilbao!

           Y mientras tanto y con perseverancia,no paraba de llover y de hacer aire, teniendo ya los pies empapados 

          Decidimos, un extremis, que nos iríamos esa misma tarde a Madrid, al ver, que había plazas en el ALSA y luego, ya veríamos.

          Pero antes de volver a la Intermodal de autobuses preguntamos, en la estación de Cercanías como funciona el abono único en los trenes de esa categoría. Y para nuestra sorpresa, la chica de la ventanilla nos dijo, que no tiene ni idea. ¡Toma ya!.

          Nos subimos al bus para la capital y nos pusimos en modo locura. ¿Y si nos vamos a Granada en el ALSA de la una y media de la madrugada, puesto, que aún, quedaban algunos asientos libres?. ¡Dicho y hecho!. El único problema iba a ser, que llegábamos a la estación de Avenida de América y saldríamos para Andalucía de la de Méndez Álvaro.

          El viaje a Madrid resultó tranquilo y en cinco horas nos pusimos en nuestro destino. El autobús fue lleno hasta la única parada intermedia -Burgos- y allí, nos quedamos solo a bordo diez personas, contemplando un bonito atardecer, después de dos jornadas lluviosas y desagradables. Las nubes habían desaparecido justo, al abandonar el País Vasco.

          En Madrid la temperatura era muy agradable y nos sobraba toda la ropa. En hora y media y sin problemas, hicimos el camino entre las dos estaciones, paseando. Las zonas de bares estaban abarrotadas, como corresponde a un viernes por la noche. Pero, el resto de la ciudad permanecía realmente tranquila.

          El bus para Granada partió casi en punto y caímos rendidos nada más arrancar, no enterándonos de nada de las cinco horas de viaje y siendo ya la tercera noche sin hotel.

          A las seis y media de la mañana arribamos a la capital andaluza, siendo todavía de noche y con frío (siete grados de temperatura)

¡Un Vía Crucis Viviente!

           El jueves santo, cuando más fuertemente llovía, nos habíamos apalancado en la funcional oficina de turismo de Castro. Son muchas las rutas, que se pueden llevar a cabo por los alrededores. Nosotros en 2020 y en plena pandemia, ya habíamos realizado en casi su totalidad la etapa del Camino de Santiago del Norte, entre Muskiz y Castro Urdiales. ¡Sencillamente bellísima!.

          En esta ocasión, tres eran nuestros objetivos: la de diez kilómetros, a través de los acantilados y hasta el cargadero de Dicido. Empezamos mal, porque en la actualidad está cerrada por serios y constantes derrumbes.

          Otra era la Vía Verde del Piquillo, de Ontón a Cobarón. No seguimos muy bien, porque no arranca desde Castro, sino a siete kilómetros, por lo que conviene ir en vehículo particular hasta el inicio.

          Y finalmente, la Vía Verde de Traslaviña, que por las lluvias no está en las mejores condiciones, pero permanece abierta.

          Nos centraríamos en ella, pero antes, tocaba ir al inicio -diez de la mañana - de la Pasión Viviente, en la iglesia de Santa María, que ya había tenido una fase previa el jueves por la noche. El solemne espectáculo comenzó casi puntual. Se fueron recreando poco a poco las catorce estaciones del Vía Crucis de Jesús, hasta la crucifixión y posterior resurrección (hasta no hace muchos años está última parte no se incluía). Las calles se llenan de altavoces para que pueda ser seguido en todo el pueblo. Se ve, que los actores no son profesionales, pero para nada quita un ápice de mérito en una representación vibrante, emotiva y grandiosa.

          Algunas son las críticas, que no podemos dejar de hacer, muy a nuestro pesar:

          -. La extraordinaria masificación a lo largo de todo el pueblo y toda la mañana, que no solo impide caminar con soltura, sino ver la mayor parte del espectáculo, limitándote a solo escucharlo.

          -. Al hilo de esto, la mala ubicación de los actores. Normalmente, están en alto, por lo que el público se coloca en cuestas descendentes, siendo imposible visualizar casi nada.

          -. La ceremonia es larguísima y poco ágil. Seis horas de duración total son demasiadas para el aguante de cualquier cuerpo. Decidimos quedarnos a las primeras representaciones y a las ultimas y entre medias, levar a cabo la Vía Verde de Traslaviña, que arranca desde las afueras del pueblo. Aunque es más larga, hicimos solo unos tres kilómetros y otros tantos de vuelta, contemplando pueblos, un bello paisaje natural y un larguísimo túnel, acompañados de muchos domingueros en bicicleta y unos pocos peregrinos, la mayoría en solitario. ¿Se habrán encontrado ya a si mismos?.

          Regresamos a tiempo para ver las etapas finales del Vía Crucis Viviente, entre la emoción de la crucifixión y la insoportable aglomeración, en la que solo le faltó un Herodes real, para hacerse cargo de tanto niño desquiciante y mal educado.

          Como hemos dicho, el espectáculo es grandioso, pero pur lo expuesto en las valoraciones de más arriba, no os recomendamos acudir en el futuro, mientras no solucionen esas cosas.

          Tocaba pensar, que hacer el sábado, al no tener más excursiones en los alrededores y estar las habitaciones a más de cien euros. Nos planteamos, incluso, volver a casa en autobús, pero todos los vehículos iban completos.

          Decidimos, que pasaríamos parte de la tarde en Bilbao, paseando por el centro y las siete calles, que tanto nos gustan. Mientras tanto, iríamos urdiendo un nuevo plan.

miércoles, 8 de abril de 2026

Objetivo Castro Urdiales

           El viaje de Semana Santa ha sido glorioso y nos ha resucitado de la abulia de los dos últimos meses. Pero por momentos se transformó en diabólico, viendo de cerca el infierno, tras pasar por el purgatorio. Parece un chiste malo o un simple juego de palabras, pero nuestra realidad se ha ajustado bastante a lo descrito en este trepidante periodo de pasión.

          Nunca pensamos, que fueramos a recorrer más de 2250 kilómetros, doce provincias o seis comunidades autónomas. O que tres de las cuatro noches no tendríamos hotel. Pero nosotros nunca nos rendimos ante la adversidad, las sorpresas negativas o la especulación y avidez de los sirvenguenzas del sector turístico (propietarios de alojamientos y hosteleros). Todo el mundo debería hacer lo mismo.

          La idea inicial pasaba por viajar el miércoles a Santander. Pasar jueves, viernes y la mitad del sábado en Castro Urdiales -haciendo rutas- y la tarde en Bilbao, viajando de noche a Gijón donde finalizaríamos el periplo el domingo.

          La cosa no empezó demasiado mal y tomamos el bus previsto a la capital cántabra, donde llegamos de noche y paseamos  desde las estaciones a la playa del Sardinero (jugaban el Racing y el Sporting).

          A las dos de la mañana tomamos un bus a Bilbao y dormimos en él. Lo hay directo a Castro, pero no lo cubre el bono único por ser un tramo, dentro de la misma región. En la Intermodal bilbaína seguimos roncando nuestras miserias.

          Sobre las nueve de la mañana nos subimos a un vehículo de IRB, rumbo a Castro Urdiales. Lo cubre el bono, porque aunque son solo 34 kilómetros es trayecto interregional.

          La noche anterior había llovido y lo haría a intervalos, durante todo el jueves y parte del viernes, haciendo algo de frío y desagradable aire. El abrigo, el gorro y la bufanda, lamentablemente, no sobraban.

          Nos bajamos en la última parada, junto a la fea plaza de toros y no nos costó demasiado esfuerzo llegar hasta la maravillosa playa de Ostende, de gran oleaje -a pesar de la baja mar- y aguas verdosas, que ni el intenso nublado podía teñir de otro color.

          Tomamos un embarrado sendero hasta la Punta de la Pepina, contemplando diversos acantilados, los restos de un cargadero minero y desde la lejanía, los diferentes monumentos del pueblo.

          Regresamos por el mismo camino y recorrimos el arenal entero hasta el casco histórico, donde destacan la iglesia, el castillo -gratuito-, el faro, la ermita y algunas agradables calles peatonales dignas de ser paseadas y de zambullirse en los pinchos y potes de sus bares.

          Nos llevamos una muy agradable sorpresa al saber -no teníamos ni idea-, de que al día siguiente se iba a celebrar una tradicional Pasión Viviente, durante varias horas, evento muy trascendental y concurrido. Se estaban ultimando todos los preparativos a buen ritmo.

          En el interior del castillo habían montado todas las estaciones de la crucifixión de Jesús con play móvil, de forma muy original e imaginativa.

          La tarde la pasamos paseando por la playa de Brazamar -al otro lado -, llegando hasta una punta muy alejada, en el parque de Cotolino.

          El alojamiento en Castro rondaba los 100€, por habitaciones con baño compartido, que no íbamos a pagar.

          Dividimos la noche en tres: en la Intermodal de Bilbao, en un bus sin cargo a Santander y en la terminal cántabra. Dormimos en todos los sitios.

          A las siete de la mañana, nuevo bus a Castro.

138 euros en cinco días y medio

           En este país y no sabemos por qué -o si-, está muy mal visto, que tengas dinero y aún peor, que lo digas, porque genera socialmente mucho resentimiento y envidia. En el mundo anglosajón si dispones de posibles, la gente te admira. En España, si eso ocurre, el pensamiento común es: "a saber de dónde lo habrá sacado".

          Al hilo de esto decir, que nuestra situación económica resulta muy envidiable y que somos muy, muy, muy privilegiados. No daremos cifras por no asustar, pero por si alguien quiere secuestrarnos y pedir un rescate señalar, que casi todo está bien invertido y la liquidez es solo la suficiente para nuestro desenvolvimiento cotidiano .

          Y, ¿a qué viene hoy esto?. Acaso, ¿de un día para otro nos hemos vuelto presumidos?. Vanidosos o engreídos no lo hemos sido nunca y no lo vamos a ser ahora. Como hemos dicho, tener dinero no supone un problema, pero que los que te rodean lo sepan sí, por aquello de los celos, la rivalidad, la comparación, la petición de favores económicos...

          Entonces, ¿lo publicitamos, porque estamos buscando herederos tras nuestra muerte?. Podría ser, pero tampoco es el caso. Si mis padres me sobreviven -los de mi pareja están muertos- no verán un euro diga la ley, lo que diga y aunque sean legatarios forzosos. Mis hermanas y los de mi cónyuge no recibirán ni un vaso de agua y nuestra única sobrina, tampoco. Dicho eso, nuestros fondos sobrantes y nuestra vivienda irán para obras sociales, que todavía no hemos determinado.

          Pues entonces, ¿por qué airear las riquezas?. Como no podía ser de otra manera, los motivos son estrictamente viajeros. Quienes leéis a menudo este blog -y antiguamente la web- sabéis que nuestra forma de movernos por el mundo es muy austera y no gastamos casi nunca más de lo necesario. Podríamos derrochar, pero no nos da la real gana y así, vivimos super felices. No tenemos, por supuesto, que justificarnos, pero os vamos a dar unos pocos razonamientos:

          -. Viajamos muy asiduamente y eso multiplica los gastos. Tanto lo hacemos, que incluso y en su momento, llegamos a cansarnos y a agobiarnos, por no saber ya donde ir y por encontrar pocas experiencias nuevas. Pero éramos incapaces de quedarnos un mes seguido en casa. Así, que le dije a mi pareja: "anda, preséntate a esa puta oposición, a ver si la sacas y nos amarramos al hogar". Y fue ella -no resultó una sorpresa - y lo hizo.

          -. Disfrutamos mucho más y por más rato encontrando chollos o ahorrando, que gastando. Estamos muy orgullosos y satisfechos de haber empleado en cino días y medio de Semana Santa solo 138€ entre los dos y no nos da ninguna vergüenza decirlo, ni que alguien nos considere cutres o tacaños, porque la opinión de los demás siempre nos ha dado exactamente igual.

          -. Nosotros no disfrutamos gastando, sino ganando -sobre todo yo- y vencer es conseguir las cosas al mejor precio. En Líbano, por ejemplo, nos pasamos tres horas negociando el precio de un hotel, después de veinticuatro sin dormir y dice de un vuelo internacional . ¡Y nos salimos con la nuestra!.

          -. Pero la razón fundamental es la más clara: no nos gusta, que nos tomen el pelo; que nos vean como un euro con patas; que se quieran aprovechar de nosotros por ser turistas -más bien, viajeros-, extranjeros o viejos, que ya vamos camino de ello... Nos gusta ser autosuficientes -aunque humildes y colaborativos-, no formar parte del redil, no ir como la mayoría de veraneantes/excursionistas en rebaño haciendo las mismas gilipolleces y pagando por todo, lo que les pidan, aunque las cifras sean astronómicas, porque total, un día es un día.

          Todos tenemos derecho a viajar donde nos de la gana, pero el turismo de masas está haciendo un daño bestial a los viajeros independientes, a las ciudades, a los entornos naturales y al medio ambiente. Y solo por el ansia recaudatoria de los estados, los propietarios de alojamientos y  la hostelería, que cada día quieren ganar más dinero y sin escrúpulos. Para ellos, el capital es como el agua del mar. Cuanto más bebes, más sed tienes.

          Y lo peor es, que la cosa no tiene remedio.

martes, 7 de abril de 2026

Nuestra canción de Semana Santa (parte II)

           -. Precios desorbitados: este tema es el más complicado de manejar y por eso, la mayoría de las veces, la gente acepta la derrota y se gasta, lo que sea o se conforma, reduciendo los días de estancia. Esto resulta cómodo, pero también derrotista y un error, porque los propietarios del negocio turístico son cada día más ricos y los viajeros, cada vez más pobres y deprimidos.

          Hoy en día, hacer una escapada de Semana Santa o puente cuesta el doble, el triple o más, que antes de la pandemia y no ha pasado tanto tiempo de aquello.

          Los restaurantes y bares se han subido a las nubes, pero son evitables, yéndote al supermercado. La entradas a los lugares a visitar han disparado su precio, porque es una forma sencillísima y poco esforzada de aumentar la recaudación estatal o autonómica y seguimos -siguen, más buen-, picando, como tontos.

          El grueso del aumento del gasto son sin duda los alojamientos, porque no se puede viajar sin pernoctar, lo que supone un concepto, que los fondos de inversión inmobiliaria manejan y que entienden hasta los más tontos. El problema no es el coste en si -que también -, sino que la mayoría de la gente ha naturalizado, que pagar 150€ por una habitación con baño compartido es normal o barato, "porque para una semana al año, que salgo...".¡ Nos tienen pillados por todas nuestras partes íntimas y además, sin remedio o esperanza alguna!

          -. Si a los precios añadimos la masificación turística insoportable, la cosa ya pasa de castaño oscuro. Se trata de un asunto muy complejo, porque la masa la formamos todos y cada uno y cada quién, puede ir a donde le da la gana sin restricciones. La solución es imposible -no se me ocurre ninguna racional-, pero a río revuelto, ganancia de pescadores (tenedores de alojamiento e instituciones). Tenemos la sensación, de que cuanto más sube todo, más demanda hay. Pero como bien sabe la becaria del boletín informativo horario de turno todo es culpa de la guerra de Irán.

          -. Retenciones: pues sí. Es otra variable a plantearse, sino somos super gilipollas, para salir cuatro días y tirarnos dos de ellos en innumerables atascos de tráfico con una resignación más, que cristiana. Somos animales de costumbres y ni siquiera nos planteamos dejar de hacer cosas, que deberíamos. Es más: nos empeñamos constantemente y con pasión en justificarlas. ¡Porca miseria!.

          -. La climatología, para finalizar. El tiempo en Semana Santa suele ser una ruleta rusa y casi siempre, terminas perdiendo. Aparte de la lluvia -dos de los cinco días y de forma copiosa- en el norte hemos pasado frío con abrigo, gorro y bufanda y en el sur, nos hemos asfixiado, al margen  de cargar con toda esa ropa a cuestas, al viajar en transporte público.

          En resumen, como diría la inteligencia artificial: los que no habéis podido salir está Semana Santa de casa, no nos tengáis demasiada envidia, que no es oro todo, lo que reluce.

Nuestra canción de Semana Santa (parte I)

           Nuestra semana de Pasión -dejémoslo en Santa, porque de lo otro cada vez nos va quedando menos- ha resultado bastante distinta a la planificada. Eso en si, no es ni bueno, ni malo, siempre, que tengas capacidad de reacción y no te desmorones y nosotros ambas cosas las llevamos bien y con mucha naturalidad.

          La música del viaje suena muy bien: más de 2259 kilómetros recorridos en cinco días, seis comunidades autónomas y doce provincias transitadas, 138€ de gasto total para los días en transporte público y alojamiento...

          Pero la letra ya es otra cosa y debimos de trabajar mucho la introducción, la estrofa, el preestibillo, el estribillo, el puente y la salida de esta canción de primavera.

          Y esta composición ha estado marcada por una serie de palabras, que iremos enumerando y posteriormente, desgranando: Abono Único, refuerzo -y no precisamente en forma de snack-, precios abusivos, masificación, retenciones -y no fiscales- y climatología incontrolable.

          Contemos la canción:

          -. Abono Único: ha sido el indestructible gran aliado de este viaje. Pagamos por él 60€ y ya llevamos gastados 165 reales y aún, con 25 días de uso. Nos ha servido, por supuesto, para desplazarnos -diez autobuses y un tren de Media Distancia-, pero también, como modo de alojamiento cogiendo recorridos nocturnos para dormir a coste cero, aunque fueran innecesarios para el itinerario. Y es, ¡que el precio de los alojamientos en épocas clave resulta ser una estafa!

          ALSA, compañías regionales de autobuses, Media Distancia y Cercanías -el abono se vincula en las máquinas de esta categoría de RENFE con la tarjeta física - han sido nuestras grandes fortalezas. El Abono Único cuenta además con otra ventaja crucial: puedes reservar cuantos recorridos quieras, incluso simultáneos, para barajar varias alternativas en ruta, porque todos los trayectos se pueden anular sin coste hasta dos horas antes de la salida. Hemos llegado a tener reserva para tres lugares diferentes a casi la misma hora, decidiendo justo al límite.

          -. Refuerzo: nosotros no somos mucho  -mas bien nada - de planificar con antelación o de reservar transporte o alojamiento semanas o meses antes. No va con nuestro estilo de vida y lo consideramos poco práctico, porque solo ofrece la ventaja de garantizarte algo con tiempo, que lo mismo luego, no puedes cancelar o tiene costes, cuando ya no lo necesitas.

          Naturalmente, en fechas puntuales, como Semana Santa, la mayoría de los ALSAS van petados desde el principio. Pero la compañía dispone de los llamados buses de refuerzo. Los ponen con poco margen de tiempo para los recorridos habituales. Cuestan lo mismo y mantienen los horarios. La desventaja es, que no son propios, sino subcontratados y suelen ser peores en materia de espacio, wifi y enchufes para cargar, pero a nosotros el modelo nos compensa.

lunes, 6 de abril de 2026

Filosofía barata de una Semana Santa

           Ha sido una Semana Santa distinta, extraña, estresante en general -aunque finalmente placentera-, en la que el poco guión, que teníamos para desarrollarla ha saltado por los aires. La cuestión es, que no hemos vuelto ni contentos ni cabreados, sino básicamente, reflexivos y con más preguntas, que respuestas, con más enigmas, que soluciones.

          Me resulta difícil escribir este artículo, sin que a estas alturas, ya lo hayáis dejado de leer, por excesivamente metafísico y hasta pedante.

          Pero, es que en este día posterior al fin del viaje se mezclan demasiadas emociones sobre temas tan diferentes, que me está costando llevar a cabo una mezcla digna, comprensible, edificante y clara: lo que nos ha pasado, lo que ocurre en general, lo que está por venir -generalmente, malo-, lo que ya no tiene remedio, las nuevas oportunidades -que también las hay -...

          En fin. Voy a ver, si soy capaz de ir desbrozando y poniendo orden a sucesos, sentimientos y emociones.

          Podríamos partir de una pregunta muy directa y contundente: ¿Merece la pena hacer un viaje semana santero de cuatro o cinco días con las circunstancias, condiciones y exigencias actuales?. La respuesta es abrupta, aunque cristalina: no y de casi ninguna de las formas posibles y trataré de explicarlo a mí manera, desordenadamente, pero que no traiciona mi lógica mental. ¡Dadme tiempo y espacio!.

          En el mundo actual existen muchos problemas -evidentemente-, pero dos de ellos, nos afectan de una manera muy cotidiana a casi todos y además -por mucho que nos cabreen-, no tienen ningún remedio a corto o medio plazo: la imposibilidad de conseguir una solución de vivienda digna sin arruinarse -afortunadamente, este no es nuestro caso- y la cada vez más imposible manera de disfrutar de un ocio vacacional, sin altos costes psicológicos y económicos, debido a la masificación turística y a los cada vez más elevados costes, que encima, muchos acaban considerando normales, por dejadez o por presumir, de que pueden permitírselo.

          España está muriendo de éxito con más de cien millones de viajeros/ turistas/visitantes anuales, a los que se atiende cada vez peor y de los que solo se busca su dinero. Pero no únicamente tienen la culpa los sanguinarios, impíos y nada empáticos gestores del sector turístico, que cada vez dan menos por más y con exiguas y malhumoradas explicaciones, sino todos nosotros, que cada vez, les dejamos más margen de acción y peleamos muy poco.

          La gente ya considera normal, que ahora ya solo pueda salir cuatro días, cuando antes disfrutaba de diez; pagar 100 o 150€ por una pequeña habitación con un minúsculo baño compartido o gastarse cuarenta euros por chupar cáscaras en un restaurante a través de un poco elaborado arroz con bogavante (homarus gammarus).

          No parece para nada normal, que una pareja sin hijos -por poner un minimo- haya aceptado con toda naturalidad, que cada día de disfrute de Semana Santa, puentes o verano les salga por 200€, solo entre alojamiento, comer fuera y las disparatadas entradas a los lugares a visitar.

          Leíamos el otro día, que solo el 23% de los españoles se ha podido tomar unos días de viajecito esta Pascua. Y lo primero, que piensas es: ¡qué injusticia!, ¡pobrecito el resto!, ¡en que país más pobres vivimos!...

          Pero la realidad y la pregunta es: ¿cómo iban a ser las cosas, si estando, como están, ese porcentaje subiera al, por ejemplo, 50%?. La respuesta es sencilla: doble precio, mitad de calidad y lo que hay en ambos aspectos, ya es ahora insufrible. 

          Pero nosotros seguimos haciendo la guerra por nuestra cuenta y no nos va mal, aunque con mucho estrés y volantazos constantes.

          Y los demás, a tragarse el cuento: "todo es culpa de la guerra de Irán" (como lo fue de la ya olvidada de Ucrania).