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jueves, 30 de abril de 2026

La chica de turismo de Melilla

           El momento de la mañana llega, cuando visitamos la céntrica oficina de turismo. Nos atiende una chica joven, simpática y locuaz, que tras entregarnos el plano solicitado y sin preguntarle , nos entretiene más de media hora, contándonos historias de la zona.

          La frontera de Beni Ensar la cerraron justo el día del inicio del confinamiento (13 de marzo de 2020). Y así estuvo, ininterrumpidamente, durante veintiséis meses. Muchos marroquíes quedaron atrapados en Melilla este tiempo y poco a poco fueron encontrando trabajo -también pareja- y regularizaron su situación. 

          Nadia Mohamed Aomar, asi se llama la chica, es española, aunque sus parientes más cercanos son de nacionalidad marroquí. No lleva velo, ni ningún símbolo, que la delate, como de religión musulmana.

          Asegura, que cuando la frontera reabrió, lo hizo de otra manera, a su modo de ver, muy perjudicial para ambos países. Se restringió mucho el tránsito de personas y de mercancías, estás últimas, hasta casi desaparecer. Se modernizaron los controles de seguridad, los escáneres y se doto al paso de más policía.

          "Mirad -dice-, esto ha sido muy perjudicial para toda la zona. Ha hecho mucho daño.

          Antes, un porteador transfronterizo se podía sacar unos treinta o cuarenta euros cada día. Eso en Marruecos -dónde en cada casa viven diez personas o más - supone mucho dinero, porque ellos  no ganan de media más de 300€ al mes. Y una chica marroquí, podía cruzar libremente, cuando quisiera y trabajar limpiando casas en Melilla y obtener unos 400€, que le venían muy bien , a pesar de currar muchas horas. Ahora, los sueldos del servicio doméstico aquí, sobrepasan los mil mensuales. Todos hemos salido perdiendo".

          La chavala basa su discurso en motivaciones económicas. No entra a valorar, si la forma de portear era digna -que no lo era- o si trabajar doce horas por 400 pavos está o no cercano a la esclavitud. Habría mucho que decir, pero este no es el espacio adecuado.

          Sobre las cuatro de la tarde y tras comprar en Mercadona -no hemos comido peores sandwiches helados en la vida-, nos dirigimos a la frontera. La marea de la playa ha subido mucho, pero las olas tienen menos fuerza. En 2012, la antesala fronteriza estaba precedida de un enorme y vibrante mercadillo, donde se vendia comida , aunque no solo. Había hasta dulces de navidad patrios, comercializados por unidades, porque los alauitas son tremendamente golosos.

          Hoy, ese mismo parque se encuentra absolutamente vacío, triste, muerto.

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