Dijo el gran sabio Luis Aragonés: "Las finales no se juegan, sino que se ganan" y nosotros estamos muy de acuerdo. La verdad, que para perder el último día, mejor caer en las previas y a otra cosa. Que lo otro acumula mucho sufrimiento sin premio alguno.
En ese caso, partíamos con clara ventaja . El Madrid no pierde una final importante desde 1983 -tenia yo quince años y fue en la Recopa con el Aberdeen escocés - y España, desde la Euro de Francia de un año después y del fallo de Arconada, que había sido el mejor del torneo.
Mi esposa se roncó el partido entero y la prórroga y ese sufrimiento, que se ahorró, porque la noche anterior habíamos dormido muy poco.
Y yo, cobarde de mierda, acurrucado en la cápsula de Usera, subiendo al blog vídeos de los días anteriores del viaje y tomando Amareto, como si no hubiera un mañana.
Casi al descanso, me atreví, a mirar el resultado, esperando ansioso los gritos de la calle, que no llegaban de ninguna de las maneras. Al menos, las estadísticas españolas eran muy buenas.
La segunda parte y la prórroga fueron más angustiosas, porque no era capaz de dejar de mirar el móvil más de un minuto hasta, que estalló el estruendo. Y entonces, me acordé del gol de Iniesta de 2010, cuando en Marruecos conseguí ver el partido entero, pero también, huí del gentío y de las pantallas en la prórroga. Dormi tan feliz, como aquel día, aunque con más calor.
Y llegó el glorioso lunes, cuando en una promoción de Hellmann's, en Callao, me grabaron en mi camiseta la segunda estrella.
Y poco después, recibí en mi móvil un mensaje con la reactivación de mi operación de cataratas.
Y llegó la tarde y nos fuimos a disfrutar a Cibeles, como enanos y como todo hijo de vecino.
Y Martín, apesadumbrado, no reaccionó hasta el viernes, aunque de forma muy correcta. Para entonces, yo ya había leído en la inteligencia artificial, que el duelo futbolístico, dura entre cinco y siete días.
Pero, pibe, no preocupás. Si vos tenés, más estrellas, que nadie y ahora que habés conseguido la doble nacionalidad. Veamos: tres de Argentina -dando por bueno el partido con Perú del 78, que me cuesta-: dos Mundiales españoles y no nos olvidemos del de las chicas hispanas, que vale lo mismo. ¡En total, seis!. Más, que el propio Brasil.
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