Estamos visitando la admirable Colegiata de San Pedro Apóstol de Lerma, cuando se nos acerca un hombre septuagenario, que aparenta muchos menos. Sin siquiera saludar, nos empieza a contar la historia del monumento, de la vida en la villa y de Zorrilla. Y nosotros mostramos interés, aunque solo sea, por el enorme perro, que lleva -no sabemos la raza-, llamado Boy, que tiene cara de muy pocos amigos.
Nos damos cuenta, de que queriendo o no, vamos a tener una larga visita guiada y gratuita (al final, hora y media hasta el anochecer).
Serafín, peluquero de señoras, hoy jubilado, es locuaz, amable, aunque no escucha, cuando le hablas y tiene ciertos grados de impulsividad y agresividad. Nosotros, no dejamos de quitar el ojo de encima, por si acaso, a los movimientos de su can.
Nos dice, que lo de la Colegiata es una vergüenza, que la están dejando caer y que la próxima vez, que vengamos, ya no estará en pie. Lo mismo señala sobre los árboles de los alrededores, casi centenarios. Los están dejando secar, siendo asfixiados por las enormes enredaderas, que los circundan.
Nos enseña en el puente los peces del río y para que se muevan, les lanza escupitajos, pidiéndonos perdón por ello.
Ahora toca la historia del Molino, hoy convertido en albergue y gestionado por la alcaldesa del PSOE, que no le gusta nada.
Desde aquí, se ve el Palacio Ducal. En la Edad Media para entretener al populacho, se hacían corridas de toros en la Plaza Mayor. No se mataba al animal, sino que se le dejaba, que escapara por una de las ventanas del edificio, cayendo desde lo alto más de un centenar de metros.
Dice -y no le falta razón, teniendo en cuenta el contexto -, que eso no era una salvajada, porque no habiendo carnicerías, los animales quedaban despiezados, para su venta sin necesidad de trabajo humano, viniendo gente de todas partes.
Varea un árbol, estando a punto de caer al río y todo, para agasajarnos con un kilo de pequeñas ciruelas rojas. Su perro se las come con tito y todo.
Nos sorprende con la historia de su perra ya fallecida, Indie, a la que enseñó a atacar gritándole "Puigdemont". No se trata de un farol, porque Boy también lo hace, con tanta agresividad, que me embiste y me hace daño, casi tirándome al suelo. ¡Le pido que pare!.
En el camino, contemplamos los restos de una paloma torcaz cazada. Pensó, que la había matado un hurón, para descubrir más tarde, que fue un gato asilvestrado. Se sirvió de la noche, cuando no pueden ver y volar y se quedan quietas -ellos ven siete veces en ambientes nocturnos, más que nosotros- y se pegó un buen festín.
Aunque estos felinos cazan por instinto, sin ni siquiera tener hambre. Serafín asegura, que el gato asilvestrado es muy catastrófico para el medio ambiente y el ecologismo.
Serafín debió pasar hambre de pequeño. Pescaba enormes barbos en el río y cazaba con carabina -se la habían traído de El Aaiun-, palomas para llenarse la tripa.
Finalmente y en un descuido, ¡conseguimos escapar!.
No hay comentarios:
Publicar un comentario