Afortunadamente, agosto y el calor extremo a todas horas, van llegando a su principio del fin, pero nosotros seguimos saliendo de viernes a domingo -gracias a la jornada reducida de mi esposa en estos meses-, sin faltar a una sola cita y sin que pareciera que no hubiera un mañana.
Nuestra tarjeta de visita sigue siendo el bono único personal, que es, como una llave inglesa, que vale un poco para todo (viaje largo, en cercanías, dormir...).
Este finde toca seguir explorando parte de la Costa Sur de la provincia de Alicante, centrándonos en Guardamar y Torrevieja y descartando Orihuela y Elche -interiores-, donde ya estuvimos en 2010, aunque no descartamos volver, en breve.
A las seis de la tarde del viernes ya estamos en Moncloa, en Madrid y comienzan nuestros paseos rutinarios por el centro, a la espera de que lleguen las 23:30 y poner rumbo a Guardamar en un bus abarrotado y con un conductor algo más normal -aunque no mucho-, que el de la semana pasada.
Los Cercanías en Madrid siguen la mitad en obras hasta mañana y desde hace cuatro semanas, así, que a Méndez Álvaro nos toca ir caminando, evitando el estrés de los secuaces de las lineas de proximidad del polémico Óscar Puente.
El viaje se pasa en un plis plas, durmiendo a fondo y a las seis menos cuarto de la mañana ya estamos en el destino, con bastante menos calor, que el sábado pasado en la cercana Santa Pola.
Está todavía oscuro y nuestra primera visión es de una feria de casetas, calles de aceras muy estrechas y pinares intermitentes con grillos y/o ansiosas chicharras. Los orondos patos y los gatos han tomado las cercanías de la playa de La Babilonia. ¿Vendrá alguien a estas horas a traerles comida?
Nos sentamos en la playa de La Babilonia, famosa por sus casas de colores, que más bien son bastante básicas y están metidas en la arena. El amanecer llega diez minutos después, entre perrunos, gaviotas y pescadores de escasa fortuna. Es, el más espectacular, que hayamos vivido desde el anterior verano, aunque la verdad sea dicha, no somos mucho de madrugar, cuando estamos de viaje
Desayunamos alegremente sobre la arena, con el riesgo de masticarla.
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