El sol comienza a elevarse sobre la playa de La Babilonia, el calor empieza a apretar -fuera jersey- y van apareciendo las primeras sombrillas y sillas de camping. Toca sacudirse la fina y dorada arena del culo -no hemos traído ni toalla- y empezar a caminar.
Nuestro objetivo es el parque de Alfonso XIII -no os imaginéis el Retiro-, de una extensión de más de ochocientas hectáreas, que aquí es conocido popularmente como "La Pinada".
Se trata de un lugar natural espectacular y sin apenas visitantes, a pesar de estar en agosto. Alterna zonas iniciales de pinos con otras menos frondosas de palmeras y llega hasta el puerto de Marina de las Dunas y hasta la desembocadura del río Segura.
Pero nosotros no vamos a llegar tan lejos, seguimos el sendero asfaltado paralelo al mar. Salimos a las derecha por hasta cinco pasarelas de madera, desde donde observar vacías y excelentes playas salvajes llenas de dunas. ¡Un paisaje increíble!. Tal vez, haya más pasarelas, pero venimos con las horas justas y no lo comprobamos.
Torcemos hacia la izquierda para acercarnos a La Fonteta y a la Rabita Califal. Para nuestra inmensa alegría, la entrada es gratuita..
De la primera quedan escasos restos y es normal, porque fue una ciudad-puerto fenicia construida entre los siglos VIII y VI antes de Cristo. Contó con una de las murallas más modernas de la arquitectura de la época.
Los restos arqueológicos de la segunda sí están muy bien conservados y datados en el siglo X después de Cristo. Fue un complejo monacal islámico, dedicado fundamentalmente al retiro y la oración.
Salimos del parque y nos vamos a contemplar el castillo, también gratis. Solo queda en pie la torre de la Pólvora y algunos restos, pero las vistas desde aquí resultan bastante agradables.
Buscamos el mercado de abastos, pero Google Maps debe actualizarse, porque desapareció en 2021 y hoy es una biblioteca pública. Callejeamos por las estrechas y poco interesantes vías públicas hasta llegar a la Playa Centro, más normal. Desde ahí, se abre una larguísima senda de arenales, que no recorremos.
Resulta alucinante la cantidad ingente de inmobiliarias, que hay en este lugar y también en Santa Pola.
En estas zonas, los viernes y sábados las habitaciones están por las nubes. Entre 150 y 200 euros la noche. ¡No sé, que imbecil pagará eso!, pero nosotros, a dormir a la playa de Torrevieja y listo.
Es sábado y en la estación de autobuses de Guardamar no atiende nadie. Al caos tranquilo, se suman los descontrolados nervios de seis pasajeros, a los que ALSA ha dejado tirados.
Costa Azul -Avanza- nos deposita en la estación de Torrevieja sobre las tres de la tarde.
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