Aunque vayas mil veces a una ciudad -o lugar - acabas descubriendo casi siempre, caminos y sitios nuevos. Así es, porque incluso nos ocurre en el área geográfica de nuestro entorno de residencia.
Y por eso, hoy hemos descubierto un trayecto nuevo para ir hasta el camping del Faro y de Mataleñas, mucho más corto, aunque algo anodino y sin tener casi siempre, el mar a la vista.
El secreto reside en hacer un movimiento por calles interiores y atravesar un recto -aunque algo incómodo - túnel de 700 metros, con estrecha acera a un lado y carril bici en el otro.
Saliendo ya al Sardinero -donde disfrutamos de las atracciones y últimos ecos de la Feria de Santiago -, ya se toman los caminos de siempre (carretera ascendente o agradable paseo, junto al mar).
Seis minutos exactos nos lleva montar nuestra ligera tienda de campaña, en una parcela llana, de hierba alta y bien verde (a diferencia de de los abandonados parques de la ciudad y de España en general).
Tras el baño y el anochecer lento en la emblemática playa de Mataleñas, toca ponerse el jersey y pasar una noche de sábado arrebujados en el saco, mientras los trasnochadores y/o borrachos, van llegando a cuentagotas, porque a pesar de ser dos de agosto, falta mucho para el overbooking. En nuestra zona nadie folla, así, que ni molestias, ni envidias.
Ayer estuvo todo el día nublado -que bien- y hasta pinteó a ratos. Hoy domingo, sin embargo, cae un sol de justicia. A nosotros nos sienta fatal, pero no se lo vamos a contar a los centenares de gentes, que abarrotan las dos playas del Sardinero y que en su mayoría, han llegado de provincias de Castilla. En el cercano Lupa y sorprendentemente, la Mahou de litro a 1,29€ y helada. ¡Para que queremos más!. Todo abierto hasta las tres, incluido el nuevo ALDI.
El túnel de ayer, nos posibilita conocer otro cercano, en este caso de uso peatonal, ciudadano y turístico: el del mítico tren del Pombo, de unos trescientos metros.
Toca pasar la tarde y regresar en el vetusto -que ni morlo, ni mola- regional de las 20:20.
La abrupta costa de Santander hace de la ciudad, un severo entramado de túneles y menormente , de ascensores.
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