Y llegó el viernes y por la mañana, ni siquiera pensamos en el asunto. Nos vamos a la estación -que sigue en obras- y tomamos el ALSA a Madrid. Mi pareja, agotada por el trabajo, se duerme y yo empiezo a enredar con la aplicación de la compañía. No resulta fácil, porque la mayoría de los buses a la costa -y a casi todas partes- van completos.
De repente, se abre la opción de Santa Pola, donde nunca hemos estado. Según la IA, resulta un destino interesante y no lo pienso más. Viajaremos está noche y regresaremos mañana a mediodía, teniendo ocho horas para la visita y pudiendo volver al concierto de La La Love You. ¡Una locura!.
Cuando se despierta, mi pareja se lleva una soberana sorpresa, pero le gusta el plan.
Pasamos la tarde merodeando por Madrid y a las 23:59 subimos a un abarrotado bus. El conductor es el tipo más peculiar y extraño, que nos haya transportado en años. Nos comunica una sarta de lindezas, entre las que destacan dos: no podemos comer a bordo, porque si nos atragantamos , no da tiempo , a qué llegue la ambulancia. Y que pondrá la radio bajita, porque si la quita del todo, se duerme y nos mata a todos.
Si analizamos lo primero,casi nunca podríamos comer en ningún sitio y menos solos. Hay personas, que han muerto atragantadas en restaurantes llenos de gente y céntricos, cerca de hospitales. Pero la razón oculta es, que no le apetece limpiar el vehículo, subcontratado por ALSA.
Llegamos al destino a las 05:25, con 26 grados de temperatura y un 90% de humedad, mientras un joven vomita con energía, todo lo que se ha metido para el cuerpo a lo largo de la noche.
El cielo aún está oscuro y recorremos el puerto y el paseo marítimo hacia la izquierda, para ver amanecer sobre la arena de la playa con un precioso horizonte de nubes negrísimas.
Para este lado están los arenales más bonitos: playas de Santa Pola, Santiago Bernabéu -algo más cutre- y Varadero, hasta donde nos cuesta llegar una hora.
Hacia la derecha la avenida resulta más irregular, porque hay muchas casas viejas metidas en la arena. Recorremos las playas de Gran Playa, Lisa, Tamarit y Gola, para acabar en el precioso y agreste parque natural de las salinas.
Volviendo a la estación, visitamos el bonito castillo. ¡el calor y la humedad nos están matando!
Son las dos de la tarde y toca volver.
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