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domingo, 20 de septiembre de 2026

Salinas y arenales para empezar septiembre

           Después de nuestras incursiones en Santa Pola, Guardamar y la fallida y deteriorada Torrevieja, empieza nuestra tercera aventura consecutiva de fin de semana en Levante, que pretendemos alargar hasta la región de Murcia.

          La estación de autobuses de Torrevieja no está mal del todo, aunque sus baños resultan un verdadero asco. Tomamos un vehículo de la compañía Costa Azul -Avanza-, que después de miles de rotondas nos deja en Pilar de la Horadada, que a todas luces -y las del sol machacan-, resulta un lugar inhóspito, muy disperso y en definitiva, horrible.

          Debemos andar unos pocos kilómetros, asfixiados y por un camino insufrible hasta llegar a su playa, que sin embargo, no está nada mal y tampoco se encuentra demasiado concurrida.

          Por una senda más agradable bordeamos la costa, sin apenas transeúntes -una señora nos dice, que huyeron a finales de agosto tras las lluvias-, arribamos a El Mojón -vaya nombre-, ya en la región de Murcia. La playa de este lugar es una perfecta y puñetera mierda.

          Nos reponemos, a pesar del insoportable calor y del sol cayendo como un cuchillo candente y afilado. Y es, que llegamos al magnífico Parque Regional de las Salinas y los Arenales, plagado de flamencos y otras aves diversas, que transitan entre aguas de escasa profundidad, regueros de sal seca y montones de arena fina.

          Aún tardamos un rato y por pasarelas diversas para llegar a la maravillosa Playa de la Torre Derribada.

          Nos tumbamos para reposar un largo rato, antes de afrontar el largo y tedioso camino a San Pedro del Pinatar, donde nos reciben un bonito molino, una playa correcta, decenas de edificios de aluvión y escasa actividad local, motivada por la no excesiva proliferación de negocios de venta y locales de esparcimiento.

          Y eso,  que acaban de llegar a su fin de Fiestas Patronales y aún funcionan los carruseles y las cansinas tómbolas.

          Tratamos de buscar alojamiento. En hoteles o en casas particulares resulta imposible, debido al abusivo precio. Había dos pensiones, pero una está abandonada y la otra completa.

          Por tanto, toca recorrer el paseo marítimo hasta San Javier y dormir en la arena de la playa, antes de iniciar el regreso el domingo a mediodía.

Inesperada incertidumbre

           Es viernes, 4 de septiembre y desde el mediodía y hasta el domingo tenemos previsto largarnos a determinados puntos del levante español. Algo moderadamente grave ocurre a media mañana, que nos hace congelar los planes. No sé explica aquí tal acontecimiento, por seguridad e intimidad.

          Salimos de casa sin casi nada más de lo puesto y otras cuatro cosas, a gestionar la nueva situación y una vez llevados a cabo los trámites nos damos cuenta, que con ciertas dificultades, si podremos llevar a cabo el viaje inicialmente previsto.

          Pero si queremos llegar a los transportes contratados, ya no nos da tiempo a pasar por casa. Eso significa, que nos vamos sin ropa de recambio, sin las gafas de ver, sin el estuche ni el líquido de las lentillas y en pantalón corto y sin jerseys, cuando por las noches se prevé algo de frío.

          Lo único, que podemos arreglar es lo de las lentillas, comprando líquidos. Por cierto: tampoco llevamos ningún cargador para el móvil, por lo que deberemos buscarnos la vida.

          Todo esto, debería habernos llevado a renunciar al viaje y dejarlo para próximos días, pero nosotros somos así y no vamos a cambiar a estas alturas de la vida.

          Al menos, si llevamos el DNI, las tarjetas de crédito, el teléfono y toda la documentación del viaje, que no es poco.

          Sin más dilación, partimos para Madrid en el ALSA, a pesar de que no estamos al 100% de nuestras facultades. Tras varios rules por la capital, ponemos rumbo a Torrevieja, en un cómodo y apacible -que raro- vehículo nocturno, que va absolutamente petado.

          Dijimos, que no volveríamos a Torrevieja en la vida y no hemos tardado ni una sola semana en hacerlo. Es muy de nuestro estilo llevar a cabo estos virajes inesperados y repentinos.

          Y aquí estamos, viendo amanecer otra vez en el Mediterráneo, después de recorrer la rectilínea e inhóspita calle estrecha, que lleva desde la estación de autobuses hasta la irregular y maltratada playa.

          Pero nuestro objetivo, evidentemente, no es quedarnos aquí, sino llegar hasta Pilar de la Horadada y adentrarnos en la región de Murcia.

          La temperatura es tan asquerosa, como los fines de semana anteriores y la humedad nos carcome y nos va a derretir. ¡No hay visos, de que finalice este puto y maldito verano interminable!.

martes, 15 de septiembre de 2026