Después de nuestras incursiones en Santa Pola, Guardamar y la fallida y deteriorada Torrevieja, empieza nuestra tercera aventura consecutiva de fin de semana en Levante, que pretendemos alargar hasta la región de Murcia.
La estación de autobuses de Torrevieja no está mal del todo, aunque sus baños resultan un verdadero asco. Tomamos un vehículo de la compañía Costa Azul -Avanza-, que después de miles de rotondas nos deja en Pilar de la Horadada, que a todas luces -y las del sol machacan-, resulta un lugar inhóspito, muy disperso y en definitiva, horrible.
Debemos andar unos pocos kilómetros, asfixiados y por un camino insufrible hasta llegar a su playa, que sin embargo, no está nada mal y tampoco se encuentra demasiado concurrida.
Por una senda más agradable bordeamos la costa, sin apenas transeúntes -una señora nos dice, que huyeron a finales de agosto tras las lluvias-, arribamos a El Mojón -vaya nombre-, ya en la región de Murcia. La playa de este lugar es una perfecta y puñetera mierda.
Nos reponemos, a pesar del insoportable calor y del sol cayendo como un cuchillo candente y afilado. Y es, que llegamos al magnífico Parque Regional de las Salinas y los Arenales, plagado de flamencos y otras aves diversas, que transitan entre aguas de escasa profundidad, regueros de sal seca y montones de arena fina.
Aún tardamos un rato y por pasarelas diversas para llegar a la maravillosa Playa de la Torre Derribada.
Nos tumbamos para reposar un largo rato, antes de afrontar el largo y tedioso camino a San Pedro del Pinatar, donde nos reciben un bonito molino, una playa correcta, decenas de edificios de aluvión y escasa actividad local, motivada por la no excesiva proliferación de negocios de venta y locales de esparcimiento.
Y eso, que acaban de llegar a su fin de Fiestas Patronales y aún funcionan los carruseles y las cansinas tómbolas.
Tratamos de buscar alojamiento. En hoteles o en casas particulares resulta imposible, debido al abusivo precio. Había dos pensiones, pero una está abandonada y la otra completa.
Por tanto, toca recorrer el paseo marítimo hasta San Javier y dormir en la arena de la playa, antes de iniciar el regreso el domingo a mediodía.
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