Es viernes, 4 de septiembre y desde el mediodía y hasta el domingo tenemos previsto largarnos a determinados puntos del levante español. Algo moderadamente grave ocurre a media mañana, que nos hace congelar los planes. No sé explica aquí tal acontecimiento, por seguridad e intimidad.
Salimos de casa sin casi nada más de lo puesto y otras cuatro cosas, a gestionar la nueva situación y una vez llevados a cabo los trámites nos damos cuenta, que con ciertas dificultades, si podremos llevar a cabo el viaje inicialmente previsto.
Pero si queremos llegar a los transportes contratados, ya no nos da tiempo a pasar por casa. Eso significa, que nos vamos sin ropa de recambio, sin las gafas de ver, sin el estuche ni el líquido de las lentillas y en pantalón corto y sin jerseys, cuando por las noches se prevé algo de frío.
Lo único, que podemos arreglar es lo de las lentillas, comprando líquidos. Por cierto: tampoco llevamos ningún cargador para el móvil, por lo que deberemos buscarnos la vida.
Todo esto, debería habernos llevado a renunciar al viaje y dejarlo para próximos días, pero nosotros somos así y no vamos a cambiar a estas alturas de la vida.
Al menos, si llevamos el DNI, las tarjetas de crédito, el teléfono y toda la documentación del viaje, que no es poco.
Sin más dilación, partimos para Madrid en el ALSA, a pesar de que no estamos al 100% de nuestras facultades. Tras varios rules por la capital, ponemos rumbo a Torrevieja, en un cómodo y apacible -que raro- vehículo nocturno, que va absolutamente petado.
Dijimos, que no volveríamos a Torrevieja en la vida y no hemos tardado ni una sola semana en hacerlo. Es muy de nuestro estilo llevar a cabo estos virajes inesperados y repentinos.
Y aquí estamos, viendo amanecer otra vez en el Mediterráneo, después de recorrer la rectilínea e inhóspita calle estrecha, que lleva desde la estación de autobuses hasta la irregular y maltratada playa.
Pero nuestro objetivo, evidentemente, no es quedarnos aquí, sino llegar hasta Pilar de la Horadada y adentrarnos en la región de Murcia.
La temperatura es tan asquerosa, como los fines de semana anteriores y la humedad nos carcome y nos va a derretir. ¡No hay visos, de que finalice este puto y maldito verano interminable!.
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