La policía, normalmente, no te suele amenazar, con que te rompas los dientes -al menos, de momento -, pero si suelen ser unos abusones profesionales.
Para controlar a cuatro jubilados cascados pidiendo sanidad o subida de las pensiones, no dudan en mandar seis furgonas totalmente equipadas (básicamente por hijos de puta).
Pero en parejita -poli malo y poli peor, aunque alguna vez , se escape alguno pasivo, que no bueno-, se vienen completamente arriba. Y de noche, aún campan más a sus anchas (y largas).
Tres son sus objetivos principales y lo celebran sin disimulo: gentes relativamente dependientes, cerveceros de los parques -les pirran más, si son jóvenes e indefensos- e inmigrantes -especialmente africanos-, aunque no estén haciendo nada y también les ponen las viejas de 87 años.
Cabrían un millar de ejemplos, pero ilustramos con tres situaciones de los últimos días, para no aburrir.
-. Cruzamos un paso de cebra en Betanzos, tan solo cincuenta centímetros por delante de las franjas blancas. Un policía uniformado nos grita, nos insulta y nos amenaza con ponernos 200€ de multa por atravesar mal la vía pública. ¿Adónde vamos a llegar?.
-. Playa de Benidorm, de madrugada: dos jóvenes y una cerveza de medio litro. Interrogatorio severo, para ver, a quien le cuelgan el muerto. Y nosotros, con otra de la mano abierta, como Julia Roberts, a la fuga.
-. Horas después y junto a la estación de autobuses, estamos desayunando antes de volver a Madrid. Enfrente, dos marroquíes, conversando y pasando la mañana, distraídamente. De repente, aparca un coche de policía y dos maderos salen corriendo hacia ellos, tal como actúa una fiera en la selva detrás de su presa. Desconocemos, como acabó la historia, pero como mínimo, en humillación severa y amenazas.
¡Cuanta razón tienen Platero y tú en su legendaria canción de las putas y el madero!
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