Las agujetas de acelerados viajes y conciertos campan a sus anchas a lo largo de nuestro cuerpo. ¡Al borde de los sesenta palos seguimos resistiendo!. Y eso, que últimamente, nos alimentamos de demasiada comida procesada.
Nuevo autobús a León y ya son chorrocientos, durante los últimos meses. Cuatro horas nos aguardan, antes de tomar el ALSA a La Coruña. ¡Que recuerdos, cuando vimos las hogueras de San Juan en 2010, en la playa de Riazor, quince días antes de ganar el primer Mundial y dos meses después, de que hubiesen despedido a mi pareja de su trabajo y aún pendiente de juicio!
Llegamos a destino sobre las diez de la noche y la pasaremos en la playa. ¡Somos los playeros más noctámbulos de España!. De camino, un concierto de "Plan de fuga" nos entretiene y anima. Están contratados por una Feria de Cervezas Artesanas, tan de moda y tan caras. Y mañana veremos otra en Betanzos, donde la banda también está contratada.
Tumbados sobre la fina arena, nos alegramos, de que el superdepor vuelva a estar en primera, mientras el Valladolid se pudre en sus miserias.
Partimos para Betanzos sobre las siete y media de la mañana, en un tren regional extremadamente cutre. El lugar, por el que cruzan -ni más, ni menos-, que tres ríos es bastante agradable y bonito, con sus puertas de la muralla, iglesias y memorables callejuelas y plazas. Lástima, que una fiesta ciclista invasiva, lo tenga todo patas arriba. Pasear por los cauces fluviales extramuros resulta muy relajante y satisfactorio.
Al mediodía el calor es asfixiante, llegando a los 36 grados en la costa atlántico-cantábrica de Coruña, cuando arribamos a Cabanas, a medio camino entre Coruña y Ferrol. Aquí, tenemos tres objetivos: un hotel normal no demasiado caro y visitar las localidades de Redes y Pontedeume, antes de partir mañana para Santiago de Compostela, donde nos hicimos novios hace cuarenta años y a donde no vamos desde hace quince.
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