A veces, después de haber estado en más de 150 países, rodeados de aventuras y peligros tenemos la sensación de que moriremos de la forma más estúpida. Tropezando con un bordillo y estampanándonos la cabeza en una farola o por un alimento en mal estado o caducado.
De hecho, el jueves pasado mi pareja cayó al suelo y se ha preparado una buena en la cara.
Pero bueno ¿Que importa eso ahora, cuando estamos a un corner de la tercera guerra mundial?.
Volvamos a 2018, año de nuestro octavo periplo largo por Tailandia, Australia, Nueva Zelanda, Malasia, Indonesia, Singapur y Taiwán.
Ningún problema con las tarjetas hasta llegar a este último país, pero no estaba todo el pescado vendido.
Llegamos a Taipei con solo cuatro días para explorar el país. Nos habría gustado estar más tiempo, pero queríamos ir a la vez a las cenas navideñas a toda costa para ver a nuestra sobrina, por entonces, de nueve años. Ni nos lo agradeció entonces, ni nos lo agradece ahora, ni lo hará en el futuro. Y nos gastamos un pastizal en los vuelos.
La primera mala noticia fue, que con Simyo no teníamos cobertura ninguno de los dos, para confirmar el SMS. Pero además, el wifi de nuestro hotel tampoco funcionaba. Nos fuimos a la cercana estación de trenes, abarrotada de gente cargando el móvil en unos paneles laterales y la conexión inalámbrica solo era eficaz intermitentemente. ¡Una desesperación!.
Nunca nos llegamos a rendir -no va con nosotros -, pero lo vimos muy difícil.
Los pocos ratos en los que funcionaba internet, hacíamos la reserva de memoria, pero no podíamos recibir el código por parte de mi padre por el WhatsApp, porque entre corte y corte se pasaba el tiempo requerido. ¡Estábamos metidos en un verdadero bucle, después de más de diez intentos!.
Finalmente recordamos, que en el fondo de una de las mochilas teníamos una tarjeta apenas usada de otra entidad (no recuerdo de cuál).
De repente, la SIM de mi pareja tenía cobertura no sabemos por qué (ella entonces tenía 4G y yo 3G) y no sin dificultad llevamos a cabo la arriesgada compra. ¿Y por qué?. Por un par de razones importantes.
El vuelo era a Shanghái, desde Taipei, con Air China y a Madrid, con Iberia. De todos es sabido, que Taiwán y China no se llevan muy bien y tuvimos ciertos problemas con las tarjetas de embarque, gracias a Dios resueltos por un trabajador veterano.
Íbamos con 14 horas de escala, así, que eso no era problema. Pero sí entrar en tránsito en Shanghái, después de una dura cola de más de tres horas (hoy en día no se necesita visado para treinta días).¡Todo salió a las mil maravillas, aunque con mucho sufrimiento!
De Taiwán solo vimos Taipei y Jiufen y no el norte, así, que volveremos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario