Nos dejamos gobernar por el despertador y nos ponemos pie a tierra hasta las diez y media de la mañana, después de haber llevado a cabo el check in de Ryanair para el tempranero vuelo de mañana, de retorno a Madrid. Tenemos dudas, de que hacer esta noche. Dormir aquí supondría madrugar mucho y encomendarnos a un taxi, con lo que esta opción queda descartada.
Otra posibilidad sería pernoctar en Al Aaroui, localidad cercana al aeropuerto, pero allí y como ya vimos, los alojamientos son escasos y caros. La esperanza estaría, en que el aeropuerto permanezca abierto las 24 horas, pero las informaciones en este sentido son contradictorias (incluso con inteligencia artificial).
Han sido tres noches en este hotel y estamos bastante contentos de nuestra estancia, a pesar de la cercana mezquita, cosa bastante frecuente en el país alauita. Llueve, pero con menor intensidad, que ayer y lo dejará -para no volver-, a partir del mediodía.
Nos encaminamos hasta la estación de Vectalia. Son cerca de las once de la mañana y no hay casi nada abierto y poca gente por la calle, es más festivo el domingo, que el propio viernes, aunque en Marruecos, generalmente, se madruga poco. Sufrimos un desagradable incidente en un puesto de bocadillos. Nos quieren cobrar el doble de lo pactado, alegando el alto precio del bonito y de los huevos. Discutimos con ganas y amenazamos con llamar a la policía, ante lo que el estafador recurre al socorrido chantaje emocional habitual: "venga, pues llevaróslos gratis". Ni caso: le dejamos los 20 dirhams pactados y a otra cosa.
No tarda demasiado tiempo en llegar el autobús número 8, que nos deja en la playa de Arckmane en tres cuartos de hora (a la vuelta, más de una). El arenal es de los que corta el hipo, apenas sin basura, con tremendo y desafiante oleaje y con fina y pegajosa arena.
Otra cosa es el insulso pueblo, que supongo, en verano estará un poco más animado. Algunas calles están sin asfaltar y los edificios se dividen en dos: los que están reformando -incluyendo un complejo hotelero- y los que se hallan en estado semi o ruinoso. Paseamos en todas las direcciones posibles, durante más de dos horas.
El bus de vuelta llega tarde y el regreso resulta algo largo y tedioso, a pesar de que me duermo un rato. En los alrededores de la estación compramos la cena.
Son las cuatro de la tarde, cuando tomamos el bus 21, para Zeluan. Y posteriormente, el 22, hasta la rotonda de Al Aaroui, cercana al aeropuerto. El sol está resplandeciente por primera vez en este viaje.
Como tenemos tiempo y hace bueno, recorremos esta alargada localidad hasta la mezquita y las letronas nominativas. Una hora y diez minutos de ida y otros tantos de vuelta. Solo encontramos un hotel, el Barcelona, viejo, dejado y donde nos piden más de 400 dirhams. ¡Va a ser que va!.
Son más de las ocho, cuando llegamos al aeropuerto y ya es de noche. El viento es virulento y ya hace bastante fresco. Nos va a tocar dormir aquí, aunque la duda es, si será fuera o dentro.
No tardamos en obtener la información y las noticias son buenas: la terminal abre las 24 horas del día, se puede dormir en el interior y no se necesita presentar documentación alguna. ¡Igualito, que en Barajas!.
A las cuatro de la madrugada ya estamos en la cola para obtener la tarjeta de embarque física (siempre es así, en Marruecos).
Traspasamos sin problemas los controles de seguridad de manera ágil y partimos en hora. El vuelo va algo más lleno, que el otro día .
Antes de las nueve de la mañana estamos en Barajas. Pasamos la mañana de Samplia, en Samplia. Nos da mucha rabia, que hoy en día, a todo le hayan añadido pistacho . Cuando se genera una maldita moda es un no parar, hasta que llegado un momento todo se diluye y nunca más se vuelve a saber. Estamos muy cansados y después de comer, nos tumbamos sobre la hierba de la zona de Madrid Río, colindante con Príncipe Pío. En los parques de Madrid no se puede beber alcohol, pero sí reposar o hacer picnic.
Siesta de tres horas y a las ocho y media de la tarde, Media Distancia a Valladolid.
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