Dicen, que Melilla es un paraíso de multicularidad y un claro escenario de tolerancia religiosa, pero en todas partes cuecen habas. Siendo la una de la tarde del viernes y comenzando el ferviente rezo de la mezquita, un musulmán abronca a un español, que se está tomando una Mahou cinco estrellas en la misma puerta. Y este le replica: ¿Que pasa, que te da envidia, moro?
Paralelamente y un solo minuto después, un imbécil desgarrado me insulta, porque he dicho, que el estado es laico y él alega, que no, que es aconfesional. No sabe el subnormal, que ambos términos significan exactamente lo mismo.
Es sábado y Melilla y las historias de frontera quedaron atrás. Hoy era el día seleccionado para ir al Cabo de Tres Forcas, Tibouda y La Charrana, pero las previsiones meteorológicas son muy malas, con lluvias intensas y persistentes, además de una baja visibilidad, que se agudiza en las costas. Por tanto, dejaremos la excursión para mañana o quien sabe, para un próximo viaje.
Decidimos, mientras la lluvia y los barros nos enfangan, que llegaremos hasta el final de la reserva ornitológica del primer día y así lo hacemos, casi en soledad, atravesando el paseo marítimo. Contemplamos un sinfín de marismas, además de un montón de aves, zancudas, entre ellas, flamencos rosas y garzas, además de otras especies para nosotros desconocidas.
Comemos algo y tomamos el autobús número 20 -el mismo de ayer-, rumbo a Beni Ensar. Hoy, no queremos cruzar la movida frontera, sino conocer está localidad y acercarnos a la playa salvaje de La Bocana ( o de Los Boquerones).
La irrefrenable lluvia nos ataca de continuo, sin darnos tregua. Ya no nos cabe una sola gota de agua más en los pies y los playeros y no tiene pinta de parar.
Aparte de decenas y decenas de pelmas de todas las edades y condición, que molestan mucho, más que amenazan, Beni Ensar tiene muy poca cosa y el ambiente resulta igual de triste -o más-, que el de Nador. Para llegar a la playa de La Bocana debemos cruzar muy abruptamente las vías del tren, rodeadas de un inmenso lodazal.
El arenal se muestra bastante espectacular, aunque está plagado de basura diversa y dispersa, recordando el pasado playero marroquí de hace una o dos décadas. ¡Una auténtica pena!. Apenas pulula nadie en los extensos alrededores, asolados por la lluvia y el insoportable viento. Han montado cinco camiones de comida -food tracks- cerca de la orilla, pero sus sombrillas han sido abatidas por el aire y sin clientes a la vista, están comenzando a recoger.
Nada más nos aporta Beni Ensar, así, que tomamos el bus de vuelta a Nador, que va completamente abarrotado de gente con cara cansada y de resignación, provenientes de la frontera de Melilla. En veinticinco minutos estamos de regreso en la estación de autobuses de Vectalia. Sigue sin dejar de jarrear y esto ya nos pone de muy mala leche.
Matamos la tarde paseando arriba y abajo por la avenida de las FAR, que es el único lugar animado en Nador, a pesar de ser sábado por la tarde. Es un buen lugar para llevar a cabo un receso y atiborrarse de pescados fritos y rebozados, de pollo asado o de los típicos e imprescindibles bocadillos locales de bonito y huevo.
Mañana también diluviará, así que tomamos la decisión definitiva de prescindir de la excursión al Cabo de Tres Forcas y alrededores. ¡Esa buena cantidad de dinero, que nos ahorramos!. Además, su visita será un aliciente para programar un viaje futuro.
Ya en el hotel, mientras escuchamos al muecín de la mezquita y tomamos cerveza, buscamos un plan para mañana y no tardamos demasiado tiempo en encontrarlo;: la última parada de la línea ocho de los autobuses urbanos te deja en la playa de Arckmane, que tiene bastante buena pinta.
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