Al final, decidimos ir avanzando a tramos y no sin esfuerzo logramos unos boletos para Gorakpur, en una clase -la D-, que nunca antes habíamos utilizado y después tampoco. Está bien para lo que pagas. Se trata de vagones de segunda clase con reserva de las plazas, colocadas por hileras.
Llegamos a Gorakpur con el monzón apretando a fondo y con las calles -algunas sin asfaltar- anegadas por el pastoso barro. Eran las diez y media de la noche y la ciudad estaba escasamente iluminada.
En frente de la estación había decenas de hoteles. Preguntamos en más de veinticinco de ellos y en la mayoría, las mismas cantinelas y mentiras de otras veces: "no rooms", "Is full".
Tan solo nos aceptaban en tres, de precios muy desorbitados. También eran caras las habitaciones de la propia estación de ferrocarril.
Nos empezamos a temer, que por primera vez en India y en seis periplos, nos iba a tocar dormir en la calle. ¡Atrapados sin un alojamiento!.
De repente, un policía llamó nuestra atención. Nos comentó, que un señor allí presente nos quería ofrecer alcoba y nos fuimos los cuatro para las habitaciones de la estación. La oferta nos pareció muy rara, porque antes nos habían solicitado diez veces más: ahora solo 150 rupias por dormir los dos. Una vez en el mostrador el amable poli se despidió de nosotros y la encerrona estaba al caer.
Primero, nos pidieron la misma cifra a cada uno y ya estando en el cuarto y con los pasaportes retenidos nos requirieron quinientas y poco después mil, con la probable intención de seguir subiendo.
Montamos un escándalo tremendo, recuperamos la documentación y la totalidad del dinero entregado y salimos de allí por piernas. Caímos en la cuenta, de que esa persona nos había ido siguiendo, cuando habíamos ido preguntando por los hoteles.
Seguía lloviendo. Nos fuimos a la no muy lejana estación de autobuses, en busca de algún medio de transporte o de comprobar, que fuera buen sitio para tumbarse y dormir. Pero, al poco tiempo, debimos huir después de ser acorralados por tres perros muy agresivos.
Volvimos a la terminal de trenes y tras cenar unos bocadillos de tortilla francesa y siendo las cuatro de la mañana, nos tumbamos en el suelo, como muchos mendigos o centenares de peregrinos vestidos de naranja. Fue la primera y única vez, que nos hemos quedado en India sin alojamiento por causas ajenas.
La mañana tampoco empezó muy bien, porque en la confusión, mi pareja perdió su mochila. Volvimos sobre nuestros pasos y un amable chico nos dijo que la habían entregado a la policía, que nos la devolvió después de hacernos un par de fotos conjuntas.
Gorakpur es un sitio caótico y horrible. Tiene un enorme e insulso lago. En sus alrededores, encontramos amenazantes hombres con serpientes de la mano o colgadas del cuello.
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