Había empezado nuestro décimo viaje largo a través de Marruecos y Abu Dhabi -con su baratísima tienda de cerveza y alcohol, con ron cubano a dos euros-, cuando llegamos a Delhi un 27 de enero de 2024, en lo que iba a ser -y fue- nuestro quinto viaje a India.
Llegar a la capital de noche no nos hizo demasiada gracia y menos, transitar por sus calles, aunque anteriormente, las hubiéramos recorrido cientos de veces. Cada vez, que vuelves, Delhi está peor
Aún nos gustó menos, cuando a la mañana siguiente nos enteramos, después de indagar mucho, que habían cambiado la oficina de venta de billetes para extranjeros, sacándola de la estación central. Y todo, mientras nos perseguían comisionistas de todo tipo.
Llegamos hasta un edificio algo destartalado y solitario, en el que solo una pareja de franceses mayores aguardaba en la ventanilla. Sacaron trayectos para varios destinos, por lo que la espera se hizo algo larga.
Nuestro objetivo esta vez, era recorrer los siete estados del nordeste del país, además de Sikkim y para ello, sacaríamos billetes para New Japalguri, en un largo viaje, que debería durar unas 31 horas.
La cosa empezó mal, porque al ir a pagar los boletos nos dijeron, que los billetes de dos mil rupias, que teníamos de viajes anteriores, ya no estaban en circulación. Nos costó varios días canjearlos, con mucho esfuerzo, en el Banco de India.
En enero, en Delhi hace bastante frío y la ciudad está llena de hogueras. En la clase sleeper de los trenes la temperatura es algo mayor, pero se hace necesario ir bien abrigado
El 30 de enero, poco antes de medianoche, partimos para New Japalguri en un tren relativamente tranquilo, para lo que es costumbre en otras épocas del año (especialmente, durante el monzón). La niebla lo invadía todo y era imposible ver algo a través de las ventanillas.
Comenzaron las constantes paradas motivadas por la incidencia del frío y la humedad en las vías y las catenarias. Consultamos en la aplicación de Indian Railways y a las cuatro de la mañana, ya llevábamos dos horas y media de retraso. A las 5 teníamos, que haber llegado a Kampur, pero no lo hicimos hasta el mediodía, ya habiendo desaparecido la niebla.
Allí estuvimos parados otras tres horas, sin tener noticias, lo cual no es una anomalía, en India. Y después, fuimos tirando a arreones hasta el anochecer.
Tocaba pasar la segunda noche consecutiva a bordo, pero para nosotros no era novedad, porque nos había ya ocurrido en periplos anteriores. Por una vez -y no como en otras ocasiones- llevábamos comida, bebida y alcohol suficiente. Acumulábamos ya nueve horas de retraso.
Volvió a amanecer y ahí seguíamos atrapados y con mucha paciencia, viendo bajar y subir a la gente. Lo peor era lo de los baños, la mayor guarrada, que hayamos visto en nuestras vidas y eso, que para este título en India hay mucha competencia. Nunca hemos visto mierdas más descompuestas, ácidas y esparcidas, aunque no daré más detalles.
Llegada la tercera noche desde la salida y con casi 16 horas de retraso, para un total de más de 46, arribamos a nuestro destino y al bajar del tren me empujaron y casi me partió una pierna.
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