Transitaba alegremente enero de 2020, cuando aquí, despreocupadamente, nos partíamos el culo de un virus, que les había entrado a los chinos. Hacíamos todo tipo de gracietas, como saludarnos con las puntas de los pies, con los codos o esquivarnos intencionadamente, a carcajadas.
Aunque ya estaba el Hitler demente en el poder -o sea, Trump-, nosotros nos decidimos a volver a Estados Unidos -donde habíamos estado en 2009- a su mitad este y a la misma zona de Canadá.
Teníamos ganas -y seguimos teniéndolas, aunque hoy en día es imposible- de hacer este viaje desde hacía tiempo y la cosa se nos puso a huevo al encontrar un vuelo Madrid -Toronto-Madrid, con escala en Nueva York, por tan solo 150€. Estábamos dispuestos a comernos todo el frío de marzo de la zona y a resbalarnos por los inmensos lagos helados.
Los preparativos fueron fluyendo con normalidad y diligencia. Tramitamos la ESTA de Estados Unidos y la ETA de Canadá sin mayores contratiempos, mientras todos nos empezábamos a tomar algo mas en serio -tampoco mucho-, lo del exótico virus chino.
Y llegó un sábado de marzo, un día antes de nuestra partida y ya con todo el equipaje preparado, cuando el país entero nos pusimos delante de la televisión, para escuchar al presidente, Pedro Sánchez: España quedaba confinada -algunos no habían oído esa palabra en sus vidas- sine die, aunque en general, aquello seguía sonando un poco a chufla.
Sin dar nuestro brazo a torcer, aún nos pasamos todo el domingo buscando recovecos para hacer el viaje, aunque nos teníamos, que los vuelos de Air Canadá iban a ser cancelados. Incluso, llegamos a sacar los billetes del ALSA, desde Valladolid, hasta el aeropuerto de Barajas, mientras mi madre me repetía: "no os van a dejar, no os van a dejar". Y si. Por la tarde, todo se desmoronó, como un castillo de naipes.
Nuevamente, estábamos atrapados en casa el día de empezar un viaje y está vez -como todos sufrimos- por larguísimo tiempo.
Yo aproveché la pandemia para escribir un libro, tomar más cerveza de la cuenta, engordar unos kilos y tratar de recuperar el dinero de los pasajes aéreos.
Los habíamos comprado con Budgetair, una agencia digital, que habíamos utilizado decenas de veces antes y que hasta entonces, no nos había dado ningún problema.
En esta ocasión, sin embargo, nos trataron bastante mal. Empezaron mintiéndonos descaradamente diciendo, que los vuelos si habían salido y que habíamos llevado a cabo un "no show" -no presentarnos al embarque -, cuando en nuestro perfil de usuario de Budgetair ponía claramente, que habían sido cancelados.
Y así, anduvimos durante meses, con tiras y aflojas, sin que nos hicieran demasiado caso.
Finalmente y después de más de medio año, recibimos un correo de Air Canadá, directamente, en el que nos pedían disculpas y nos reintegraban el dinero a la tarjeta. Curiosamente, todo, menos la comisión de la maldita e insensible Budgetair.
Y como somos gilipollas, posteriormente hemos vuelto a comprarles billetes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario