Este es el blog de algunos de nuestros últimos viajes (principalmente, de los largos). Es la versión de bolsillo de los extensos relatos, que se encuentran en la web, que se enlaza a la derecha. Cualquier consulta o denuncia de contenidos inadecuados, ofensivos o ilegales, que encontréis en los comentarios publicados en los posts, se ruega sean enviadas, a losviajesdeeva@gmail.com.

jueves, 15 de enero de 2026

¿Se puede viajar, hablando poco inglés o sin tecnología?

 


         Leímos ayer, a no recuerdo, que filósofo, algo, que nos hizo pensar, pero con lo que estamos totalmente de acuerdo: "los jóvenes están sobreprotegidos en la vida real, pero abandonados en la digital"

          Entre este pensamiento, entre que ha sido la primera vez, que tenemos, que realizar un viaje sin la ayuda de internet, en más de dos décadas y para, que engañarnos, que y durante los últimos días del viaje a China, le llevábamos dando vueltas al asunto, pues vamos aquí, con una parida -o paja mental-, que no sé si será muy compartida por el común de los viajeros.

          Vaya por delante - nos queda un par de años para llegar a los sesenta -, que nosotros somos la generación más agraciada de la historia. Mamamos lo analógico y la vida nos dio la oportunidad, aún no siendo viejos, de empaparnos de lo digital. Somos esa especie de híbridos indestructibles -entiéndase con ironía -, que todo lo pueden .

 


        Y lo hemos notado recientemente, en nuestro último viaje a China. Como, al carecer casi al completo de internet por causa de la censura, hemos sacado lo mejor de nosotros mismos y tirando de nuestros recursos antiguos, como una guía -muy mala, por cierto-, la intuición, mapas de hace la torta, preguntar a todo bicho viviente -aunque sepamos de antemano, que no nos va a dar una respuesta-, salir a lo bestia de nuestra zona de confort...

          Y nos ha funcionado a las mil maravillas. Yo no pido a los jóvenes, que abandonen el móvil y se vayan alocadamente a buscar los mapas medievales de Juan Sebastián el Cano para organizar sus viajes. Sería de gilipollas por mi parte, despreciar la tecnología, con todos los beneficios y comodidades, que nos aporta 

          Lo que si quiero defender es, que igual, que se puede viajar con muy poquito inglés -y sin echar la culpa a los lugareños, de, que no lo hablen-, llegado el caso, valen más los recursos personales, la experiencia, la inquietud y la curiosidad y la simpatía, que todo un saco de aplicaciones y el último modelo de iPhone de más de mil euros, que te tiras pagando a plazos media vida y encima te sientes orgulloso de semejante estupidez.

 


        Durante la época gloriosa de la gratuidad de los trenes de Media Distancia y Cercanías tuve la oportunidad de escuchar centenares de conversaciones de chicas y chicos muy jóvenes,con su mono dependencia de Google y toda su pléyade de subplataformas. Es triste ver, como se quedan paralizados y absolutamente indefensos, cuando les sacas de ahí.

          Uno debe ser creativo, ya sea viajando, trabajando en una tesis doctoral o echando un polvo, habiendo bajado el listón a las cinco de la madrugada, habiéndose bebido hasta el agua de los floreros y mientras te comes una cazuela de lentejas sin calentar y con toda su grasilla rebosando por encima.

 


        Abramos la mente, centrémonos en la comunicación y no echemos toda la culpa a los demás o a la falta de tecnología, de lo que nos pasa, mientras nos mortificamos.

          Hasta de una dictadura, como la de China, se puede aprender algo. Entre otras cosas, porque no debemos confundir a un pueblo con sus dirigentes.

          Y la pregunta final: ¿Eran mejor los viajes de antes, cuando solo chapurreábamos inglés y no había tecnología y lo basábamos todo en planes de autor y guías físicas?. Pues no. Eso sería, como decir, que se vivía mejor en el siglo II, que en el XXI.


miércoles, 14 de enero de 2026

China: 2009/2025

 


         El asunto resulta recurrente y no podíamos dejar de abordarlo. ¿Que diferencias ha habido entre este viaje a China y el primero en 2009?. No queda otra, que desmenuzar, porque en genérico es muy difícil dar una respuesta concreta.

          -. Preparativos: Fue mucho más complicado armar el viaje de hace 17 años, porque debimos de gestionar dos vuelos internos -uno por internet, otro en Guilin- y no resultó nada sencillo, echándole mucha paciencia y constancia.

          Llevar a cabo el visado de dos entradas -con Hong Kong y Macao por el medio -nos hizo perder mucho tiempo y dinero. Hoy en día y hasta -al menos- el final de este año, no se necesita visa. 

 


        -. Entrar al país. En ambos casos lo hemos hecho por el mismo lugar: Shanghái. En 2009 todo fue muy largo, tedioso y hasta conflictivo. En esta ocasión, no hemos tardado ni diez minutos. Lo mismo para salir.

          -. Desarrollo del viaje in situ. En general, ha sido más complejo esta vez -no mucho tampoco-, precisamente porque no llevábamos casi nada preparado y porque cambiamos de planes sobre la marcha. Pero acabamos antes, si desglosamos:

          a). Transportes. En este caso hemos gestionado siete trenes y en el anterior solo dos. Pero en aquella ocasión -además de los dos vuelos internos directos-, tuvimos que contratar un autobús nocturno, el transporte a los Guerreros de Xi'an y a la Muralla China en Pekín, los medios de traslado a Hungzhou y a Suzhou y un tour por el río Li, a Yangshuo. Además hay que añadir el barco a Macao y el bus de Shenzhen a Hong Kong. Queda claro, que en esta materia, el primer viaje fue mucho más complejo.

 


        b). Hoteles. Claramente, más fácil en esta ocasión, porque nos han permitido acceder a alojamientos muy baratos y buenos, que antes solo estaban disponibles para nacionales.

          c). Gastos. En 2009, el yuan estaba a 9,50 por euro y ahora, a 8,35. A pesar de eso, hemos gastado menos de la mitad en este periplo debido a la ausencia de vuelos internos, de tours, los bajos costes de los hoteles y haber hecho muy pocas visitas de pago.

          d). Comunicación con los lugareños. Mucho más ágil y fructífera en este viaje, debido a los traductores y a qué se habla algo más de inglés, que entonces.

          e). Internet. En 2009 todo iba tan preparado desde casa, que no tuvimos que recurrir a un solo ciber. Es más, no nos suena ni consta en el relato de entonces, que los hubiera. No había en aquella época teléfonos inteligentes, ni siquiera los esperábamos.

 


        En el viaje recién terminado, apenas habíamos descargado un par de aplicaciones locales, previamente y el uso de internet in situ ha sido limitado, debido a la omnipresente censura. Hemos tenido, que adaptarnos a métodos analógicos, que no usábamos desde hace tiempo y hemos descubierto para bien, que no hemos perdido esas habilidades.

          f). Molestias. Entonces y ahora, fundamentalmente, las malditas motos eléctricas.

          g). Imprevistos. A pesar de las diferencias culturales, de alfabeto e idioma, China era y es un país muy previsible y genialmente organizado. A pesar de tener casi la misma población que India, no tiene nada que ver. Allí, hay sorpresas diversas y a diario.

 


        h). Visitas a ciudades repetidas (Shanghái, Pekín y Xi'an). No hemos notado apenas diferencias entre ahora y el viaje de hace 17 años. Shanghai sigue siendo la más cosmopolita, Beijing, la más tradicional y Xi'an la más mágica y bulliciosa.

          i). Contaminación. Sin lugar a dudas, las ciudades más grandes no tienen esa nebulosa característica de 2009. A pesar de los recelos a los cambios del clima, porque los chinos son muy suyos, las mejorías en materia verde son notables.

martes, 13 de enero de 2026

Curiosidades chinas (parte V)

 


         La mayoría de las chicas jóvenes en China llevan gafas. Suponemos, que es una moda, como ya la hubo en España hace unos años.

          Si no fuera, porque todos los baños públicos son gratis, habríamos pensado, que los chinos usan código QR hasta para ir a cagar o limpiarse el culo. Todas -y digo bien- las actividades de la vida están ligadas a ese elemento  de claros y sombras y en general al teléfono celular.

          Para tranquilidad del viajero, en China todo suele estar bien indicado, incluso en los lugares menos turísticos. Los nombres de las calles aparecen, normalmente y en las ciudades grandes, en nuestro alfabeto.

 


        En el gigante asiático, apenas existen casas de cambio. La razón principal es, que nadie puede dar más, que el Banco de China, que te ofrece una tasa superior, incluso, a la oficial. Abre los sábados hasta las cinco de la tarde. La pega -salvo en el de la Plaza del Pueblo de Shangái- es que son lentísimos y muy esmerados con los procesos administrativos.

          Los chinos en general, son menos fríos, de lo que parece y dentro de sus posibilidades, te ayudan con lo que pueden. El problema es -cada vez menos, con la tecnología-, que la interconexión con ellos no siempre es fácil.

 


        Derogada a finales de 2015 la política del hijo único, decir, que en China no ves casi niños. Es tal la preocupación del gobierno, que está empezando a subir, aceleradamente, el precio de los preservativos.

          Existe mucha diferencia de precios entre Beijing y Shanghái y el resto del país. En algunos casos, puede llegar hasta el 50% o más. Por hoteles similares, pagamos 32€ en la capital y solo 12€, en Datong, Pingyao y Xi'an (25 en Shanghái ). Una brocheta de frutas caramelizadas, que en Qianmen te cuesta cinco yuanes, en Xi'an te sale por tres.

Curiosidades chinas (parte IV)

 


         Tres cosas para terminar con el alojamiento, en esta serie de curiosidades chinas: las puertas de los baños son casi siempre translúcidas -y no opacas-, nunca existe armario en la habitación y las tarifas a través de Booking -sí que puedes reservar con tu número chino- resultan reembolsables hasta el mismo día de llegada. Nada, que ver con el abusivo modelo actual, en España y en Europa.

          Para finiquitar con el capítulo de la comida y bebida, varias cosas: a diferencia, de lo que se pudiera pensar, los chinos no comen tanto arroz, como pudiera parecer, predominando más en su dieta, la carne y los vegetales. El arroz es más recurrente en el Sudeste Asiatico e India, países más pobres, que China.

          No hemos visto tantos insectos y bichos exóticos fritos, como la otra vez, aunque los sigue habiendo. Buena culpa de ello, la tiene, la desaparición -temporal o permanente, no sabemos -, del mercado nocturno de Pekín.

 


        El té de flores es uno de los protagonistas de casi todas las zonas turísticas de las ciudades chinas. No es nada barato -unos 150€ el kilo-, pero te puedes aburrir -y mear- a base de degustaciones gratuitas.

          Son muy típicos, en Pingyao, el vino caliente o la soja fermentada, que guardan en grandes ánforas de barro y de las que también, dan probaturas.

          No hemos comprado ni una sola botella de agua en este viaje y las razones son varias: el frío clima, el que te pongan todos los días un par de ellas en el hotel -550 centilitros cada una-, y los ricos tés industriales de sabores, -no confundir con los de flores-,  cuyo litro cuesta medio euro o menos, en las tiendas . 

 


        Los chinos -los asiáticos en general -, se ríen mucho. Pero, cuando esto ocurre, es más un asunto de preocupación, que de celebración. Suele ser síntoma, de que se han enojado.

          No veréis cruces más largos en ningún país del mundo, como aquí (especialmente, en la brutal Shanghái, que aglutina a más de treinta millones de seres humanos). Los hay de hasta 200 o 300 metros de longitud y los semáforos en rojo pueden durar hasta cuatro minutos.

 


        Con las restricciones a Google, un buen truco para manejarse es pedir a alguien -mejor en un negocio, que están más tranquilos y quietos- que te enseñe un recorrido con la aplicación de Maps china y tú vas y le haces una foto con tu móvil. Mejor todavía sería, descargarse previamente Baidu Maps, filial del buscador más popular en el país. Es muy buena, pero solo cuenta con versiones en chino. ¡Que le vamos a hacer!. Parece ser, que Gaode Maps tiene versión en inglés.

          En China, se debe diferenciar, muy bien, entre los templos abiertos para el culto y los que no lo están. Básicamente, porque los primeros suelen ser gratuitos o te piden pequeñas donaciones y los segundos, normalmente, salen bastante caros. Un ejemplo estupendo de un santuario sin coste es el complejo tibetano de Xi'am.


lunes, 12 de enero de 2026

Las sombras de China

   


       Cuatro y solo cuatro, son las sombras, que debes sortear en cualquier viaje a China y no sabría en qué orden ponerlas, porque todas son especialmente irritantes y muy recurrentes. Lo más normal sería, empezar hablando de la situación política, pero yo voy a dejar este asunto para el final. Aunque este pueda ser el más trascendente, no lo es del todo para el viajero común, si no fuera por la severa censura de los recursos de internet, que los occidentales usamos cotidianamente, día  a día.

          Las motos eléctricas -junto a la bicicletas, en menor medida- son la mayor molestia en China y un factor muy importante de peligro real. Da igual la ciudad, más que nada, porque la mayoría cuentan a sus habitantes por millones. Resultan esos constantes entes, casi silenciosos, que te abordan por cualquier parte y a gran velocidad y que no respetan ni una sola norma de tráfico en la calzada, incluyendo ir mirando el móvil o saltarse el semáforo. Parece inexplicable, que en un país de anchas e inmaculadas aceras, no hayan puesto coto a esta práctica irresponsable, absolutamente irritante e inhumana.  Para nosotros y sin lugar a dudas, el mayor factor de estrés del viaje y extraña, que dejen campar a esta gente a sus anchas, en un país tan milimétricamente organizado. 

 


        El segundo elemento, menos significativo, pero que cabrea, es el que cobren por visitar todo y además, a capricho. Te puede salir más barato recorrer la Muralla China o la Ciudad Prohibida, que una triste Pagoda ruinosa en un lugar perdido. Los chinos cobran absolutamente por todo -menos por los cuidados y frecuentes baños públicos, que tanto nos han salvado la vida - y se encargan de ponerte todas las complicaciones, para que no puedas disfrutar de un centímetro de nada gratis. 

          Es entendible -porque la mayoría del turismo es interior-, pero poco presentable, que los chinos solo piensan en sí mismos a la hora de organizar las infraestructuras turísticas. Los pocos wifis públicos solo admiten registros en chino. Los destinos del tren solo están en mandarín. Y ya el mayor desprecio: para muchas actividades o adquisición de entradas debes tener la red social webchat, que debes descargarte antes de arribar al país, avalado por un ciudadano chino (así es, aunque no conozco los detalles).

   


      Para finalizar y sobre el tema político decir, que a los turistas no nos afecta especialmente en nuestro transitar y en la vida cotidiana. La falta de libertad y el bloqueo del pensamiento individual son evidentes. Y jode más, porque en el resto de cosas es un país muy armónico y casi modélico. Pero, no hay bien superior , que este por encima de la democracia y la libertad y en China , no tienen ni idea de estos dos conceptos. La prosperidad de un país -que la hay- y la justicia social evidente, no pueden estar nunca avalados por la falta de libertades. Y me temo, que para nuestra desgracia, mucho de eso nos queda por ver en occidente con la pesadilla de la ultraderecha. La seguridad nunca, nunca, nunca, por encima de la libertad y de la identidad personal.

   

      Los extranjeros y es bastante molesto y frustrante, si que estamos severamente afectados por la censura de internet. Todas nuestras aplicaciones, que más usamos, están capadas, incluidas Google, WhatsApp, Youtube, Netflix o Instagram y la lista es mucho más larga. Además, hay bloqueo por IPS, por palabras clave y por DNS venenosa. También han conseguido, que la fórmula VPN sea absolutamente inviable.

          A pesar de la injusticia, en pleno siglo XXI, se puede sobrevivir y más, cayendo en la cuenta, que nosotros hicimos un fantástico viaje por China en 2009, sin visitar un solo ciber (entonces, no había móviles inteligentes). ¡Que la tecnología y la fatal censura, no nos hagan perder dotes naturales analógicas de toda la vida!.



¡Es tiempo de ir a China!

   


       La verdad es, que en estos momentos, China lo tiene todo a favor para, que cualquier persona con inquietudes, afronte un viaje de manera independiente. Es el momento y no deberías despreciarlo. ¡Así, que ya estáis tardando!

          Los vuelos son realmente baratos. Por menos de 500€ podéis desplazaros con multitud de compañías -europeas, chinas o del Golfo Pérsico-, a Shanghái , Pekín o Hong Kong. Ir a Argentina, Brasil o Chile, por ejemplo, sale por bastante más del doble.

          La exención de visado para determinadas nacionalidades, como la nuestra, resulta una auténtica maravilla y tardas menos de diez minutos en ingresar al pais, atendido por un chin@ eficiente y por una máquina de huellas y foto, que te habla en tu idioma.

 


        Los transportes urbano e interurbano salen muy baratos. Yo diría, que ambos y en las clases más populares, se encuentran subvencionados. Quinientos kilómetros de tren pueden salir a 10€ en la categoría más económica y veinte estaciones de metro, a menos de un euro. Destacando, que nunca encontramos una sola cola para la adquisición de los billetes.

          Los chinos son el pueblo más organizado del mundo. Hay, que manejar a mil cuatrocientos millones de personas de una forma ordenada y sin estrés y lo consiguen a las mil maravillas. A veces, hay cosas, que resultan raras a nuestra forma de entender la vida, pero si las evalúas, les acabas dando la razón.

          Los chinos no suelen meterse en tu vida, por cuestiones, que en occidente, te afearían en público (beber alcohol, darte un beso, tirarte a dormir en cualquier parte...) Hablamos de gente tolerante, normalmente tranquila y simpática (mejor interactuar con las mujeres jóvenes). Manejan con eficacia los traductores y la app china de mapas y casi nunca os negarán la ayuda.

   


      Las infraestructuras son sencillamente, estupendas y todo está pensado con lógica milimetrada.

          El coste de la vida es ridículo. Baste decir, que en 26 días de viaje -vuelos aparte-,:solo nos hemos gastado 620€ para los dos, cuando en 2009, duplicamos esa cifra.

          Veamos algunos precios, optando por las ganas más económicas: una salchicha rebozada o pincho de pollo, a 30 céntimos, que es lo mismo, que te piden por una brocheta de frutas caramelizadas, tan típicas en el país.  Y, las sopas, presentes en todos los lados, por poco más de cincuenta céntimos.Un litro de cerveza sale por medio euro en la modalidad craft y medio de alcohol -indescriptible, pero efectivo -, por dos. Los dulces y los snacks resultan algo más caros.

 


        Caso excepcional y maravilloso es el de los hoteles. Con un nivel de tres estrellas -allí, son diamantes- o más y fuera de Beijing y Shanghái, pagas unos 12€ por noche, con una cantidad casi infinita de complementos adicionales, que ya querríamos en España o Europa. Antes, algunos eran solo exclusivos para ciudadanos nacionales, pero hoy en día y en la mayoría de ellos, admiten a todo el mundo, sin discriminación. Puede haber 15 grados bajo cero en el exterior y tú en tu alcoba, estás en bragas o calzoncillos.

domingo, 11 de enero de 2026

Aveiro, Vila do Conde y Oporto

   

      Aún nos quedan de publicar más de una décena de posts del reciente viaje 🛩️ a China y lo iremos haciendo, durante los próximos días.

          Sin embargo, queremos deciros, que del 22 al 25 de enero nos vamos a Aveiro, Vila do Conde y a Oporto, donde ya estuvimos varias veces en el pasado. 

          A la ida, nos llevará ALSA y nos retornará Ryanair. Una escapada gracias a una festividad local.

Recorrido del viaje ✈️ (4.000 kilómetros/7 tramos)

 


 nos








Curiosidades chinas ( parte III)

 


         El dato resulta esclarecedor y escalofriante, aunque con matices. Los turistas chinos realizan quinientos millones de viajes anuales por su país, mientras los extranjeros llevamos a cabo solo treinta y cinco. Hay, que tomar el dato con pinzas, porque ellos realizan varios desplazamientos interiores al año, mientras nosotros, normalmente, solo hacemos uno.

          De todas formas y viendo estás cifras, parece normal, que se preocupen de su negocio patrio y nos dejen un poco de lado a los viajeros internacionales. Aunque, aún así, estamos de suerte, porque China se está abriendo y cuando ellos se lo proponen, suelen arrasar. La eliminación del visado para determinadas nacionalidades y la apertura a qué los extranjeros seamos ya bienvenidos en los bien dotados y baratísimos hoteles, antes solo para chinos, allanan mucho el camino, para que las cifras de visitantes foráneos en los próximos años se multipliquen .

   

    El dato es esclarecedor e irrebatible. Dejando al margen los vuelos, nosotros gastamos 1200€ en tres semanas hace diecisiete años. En este viaje de 26 días hemos completado nuestro periplo con un desembolso de tan solo 640€ en todos los conceptos. ¿Quien se resiste a probar una magnífica experiencia a tan bajo coste?

          Dicho todo esto, vamos con una tercera entrega de las curiosidades chinas (habrá una cuarta o tal vez más).

 


        Capitulo de transporte: ya no hay asientos blandos en los trenes, como en 2009. Ahora existen los duros -como entonces, pero menos espartanos- y las literas duras -cuestan el doble, que una butaca- y las blandas, infinitamente, más costosas.

          Las tarifas de los trenes entre Shanghái y Pekín y viceversa, son mucho más elevadas, que el resto de recorridos por el país, sea por lo que sea.

          A mí modo de ver, la alta velocidad no compensa, de ninguna de las maneras, porque ni los trenes son tan rápidos -suelen tardar solo la mitad-, las estaciones están muy lejos y los precios equivalen a los de un vuelo para ese mismo destino. Lo mejor, viajar en trenes normales y de noche.

 


        En China nadie usa patinetes. Les va bien con las putas e insoportables motos eléctricas.

          Hablemos del metro, porque en cada ciudad funciona de una forma distinta y eso, no ayuda, precisamente, al viajero.

          En Shanghái, resulta imposible pagar en metálico. O lo haces con el maldito Alipay o con tarjeta de crédito en los tornos, al acceder y al finalizar tu trayecto (así te recalculan el importe).

          En Beijing y en Xi'am las cosas son mucho más sencillas y puedes abonar el billete en efectivo, comprándolo en las maquinas y en inglés. Y la peculiaridad mayor, llega en el suburbano de Nanjing, que funciona por tokens, pero no permite transbordos con la misma ficha, por lo que se debe salir y volver a entrar, si cambias de línea. El efectivo sí se admite.

          Los billetes de tren en China hay, que comprarlos en la ventanilla, porque en las maquinas automáticas, te requieren un número de teléfono local (+86). De todas formas, los empleados son tan eficientes y rápidos, que no merece la pena pensar en otra alternativa.

¡Cariño, volvemos a casa!

 


         Dejamos  a nuestro pesar el glorioso hotel de Nanjing y nos vamos a tomar el tren, que nos devuelve a Shanghai.Proviene de Chengdu, casi dos mil kilómetros más al oeste, allí donde quisimos ir en su momento, pero no fuimos. Llega puntual y aunque los asientos son tan incómodos, como siempre, hoy son solo tres horas y media de viaje.

          Volvemos a las temperaturas más benignas, con dos únicos objetivos para hoy. Llevamos -sin éxito- varios días intentando encontrar un Banco de China, para cambiar dinero. En Shanghái, lo tenemos localizado, pero dudamos, que hoy sábado este abierto a estas horas, cuando nos aproximamos a las cuatro de la tarde. Afortunadamente, nos equivocamos y nos atienden en un plis plas. ¡Logro conseguido!. Es modesto, pero ayuda a la autoestima en estos momentos cercanos al final del viaje.

   


      Ahora, toca hacer el largo camino, que nos lleva al hotel, donde estuvimos hace tres semanas. Tenemos la mosca detrás de la oreja, porque en oriente -Japón y Corea incluidos-, suelen cobrar más por la habitación, durante los fines de semana. Nos facturan 20 yuanes a mayores, que entonces, pero no por este motivo, sino porque entonces nuestra alcoba no tenía ventana y ahora sí. No vamos a discutir por eso, pero estos chinos no dan puntada alguna sin hilo.

          Pasa la noche, con tanta generosidad de calefacción, como hemos tenido en todos los hoteles, a lo largo de este casi finiquitado periplo. Nuestro vuelo parte a las 22:15 a Paris y aún, debemos entretener el día.

          Hoy, domingo, sin equivocarnos, como el día de nuestra llegada, volvemos a los jardines Yu Yu An, que están abarrotados de turismo nacional. Y, también, regresamos al Bund. Por primera vez en Shanghái aparece la niebla, esa, que tanto nos acompañó en nuestra primera visita al pais, en 2009. Aunque, también había mucha contaminación, que hoy, visiblemente, no se detecta.

 


        Disfrutamos de las últimas horas en China, como enanos o como si no nos quedara un solo día más de vida. ¡Lo hemos vuelto a hacer y estamos completando con éxito una aventura increíble, marca de la casa!.

          Lo que nos espera ahora es tedioso y sufrido, pero no queda otra, que pasarlo, con el debido estoicismo y resignación.

 


        La vuelta, sencillamente, un dolor, aunque menos violenta, que la ida, después de esa acusación falsa de acoso sexual.

          Cinco horas de espera en el confortable aeropuerto, de Shanghái, controles de equipajes y pasaportes diligentes y agilisimos y un vuelo a reventar, que parte en hora.

          A partir de aquí, interminables catorce horas y media de travesía, a través de China, Azerbaiyán, Georgia, Turquía, Bulgaria, Bosnia - Herzegovina, Italia, Suiza y Francia.

          Duermo más de siete de ellas, en un periplo, que transcurre de noche en su totalidad. La comida es peor, que a la venida. Nos disfrazan de pollo, una sajonia de segunda y altamente salada. La ensalada adjunta es, sencillamente inmasticable. Y del despropósito del desayuno, prefiero ni hablar. Menos mal, que el copazo de champán francés pone una perceptible nota de alegría.

          En el aeropuerto de París, frío y más frío, a pesar de la calida y significativa decoración navideña, que nada hemos echado de menos, durante los últimos veintiséis días.

          En el Charles De Gaulle, aprovechamos las siete horas de escala para subir al blog, los 94 videos, que los chinos nos han impedido colocar día a día.
     
          En Madrid, otras seis horas y media, que atenuamos, yendo a comprar al Mercadona por el atajo descubierto hace meses. Y finalmente, tres horas de ALSA desde Barajas, para completar la gloria. En nuestros cuerpos y ya no nos sorprende, mucho menos cansancio, que cuando hace casi cuarenta años, llevábamos a cabo los primeros interrailes. ¡De algo tienen, que valer, la maldita vejez y la consolidada experiencia.