Este es el blog de algunos de nuestros últimos viajes (principalmente, de los largos). Es la versión de bolsillo de los extensos relatos, que se encuentran en la web, que se enlaza a la derecha. Cualquier consulta o denuncia de contenidos inadecuados, ofensivos o ilegales, que encontréis en los comentarios publicados en los posts, se ruega sean enviadas, a losviajesdeeva@gmail.com.

martes, 20 de enero de 2026

¡Más se pudo perder en Filipinas!

 


         Desde el pasado uno de enero, Martín anda rulando por el norte de India, con perspectivas de alcanzar Goa e incluso, Java y Bali, en Indonesia. No resulta difícil seguirlo, porque no se mueve demasiado rápido, a diferencia de nosotros.

          Charlamos con el de forma discontinua, sobre cuestiones más o menos trascendentes. Últimamente, las emociones y experiencias de viajar solo, ha sido uno de los temas estrella , que ya abordaremos en otra entrada de este blog, con detalles muy sustanciosos.

 


        Y en una de esas animadas conversaciones whatsapperas y no se, a que cuenta venía, Martín nos recordó unos acontecimientos, que yacían en el fondo de nuestra mente y que parecía,que nunca hubieran pasado, aunque en su ya lejano momento, resultarán de vital trascendencia.

          Corría el mes de septiembre de 2008 y apurábamos nuestro segundo viaje largo, que estaba trascurriendo de firma bestial y desordenada a lo largo y ancho del Sudeste Asiatico.

   


      Estábamos recorriendo Filipinas y en tan solo una semana, estuvimos a punto de morir y/o de romper nuestra solida relación de pareja, que entonces, era de veinte años (hoy, sumamos treinta y ocho juntos).

          Desde la medieval, vital, insegura, sucia y vibrante Manila, nos fuimos a la hispánica ciudad colonial de Vigan. Desde allí, a la colosal Baguio, donde disfrutamos por entonces, de uno de los mejores mercados diurno y nocturno,que hayamos visto nunca, con la frescura de sus viandas marineras y ese arte, que tienen ellos, para mezclar lo asiático y lo español en la cocina.

 


        Después, noche en bus a Banaue, vuelta a Manila y tras una serie de tumbos, terminamos en Batangas, doloridos y castigados por el desánimo y una soberbia resaca.

          Tres acontecimientos, casi consecutivos, nos dejaron grogui y costó mucho salir adelante.

 


        Camino de Banaue, nuestro autobús nocturno estuvo a punto de caer por un enorme precipicio, quedando dos ruedas en el vacío y siendo el susto descomunal. Nunca habíamos visto tanto pánico, histeria y griterío.

          Banaue y sus terrazas de arrozales son un sitio precioso, que en aquella época, no visitaba casi nadie. Pero al irnos, fuimos a dar con tres españoles: Susana y Raúl -parejita- y el que llamamos el Neng - personaje por entonces de moda con Buena fuente-, cuyo nombre real era Javier.

 


        Mis crónicas de la época, relataron aquella inefable jornada, como "el día, en que ardió Manila". Más de veinte horas arrasando con los bares de la capital filipina, bebiendo hasta reventar y sin casi comer. Tal fue la cosa, que mi pareja acabó estampando su cabeza contra el lavabo del baño del hotel y el día siguiente fue, sencillamente, invivible e indescriptible.

          Malamente, conseguimos llegar a Puerto Galera, con inestable ferry incluido. Y allí, manipulando con nuestra cámara, perdimos en un instante las casi 1500 fotos del viaje. ¡Shock y colapso total a más de 15000 kilómetros de casa!.

 


        En Batangas, uno de los lugares más horribles, que hayamos visto en nuestras vidas, dimos por finalizada nuestra relación y hasta amenazamos, con volver cada uno por nuestra cuenta ( menuda intimidación o conminación más absurda y gilipollesca).

          Afortunadamente, hoy seguimos juntos y ya casi viejos. Recuperamos el 90% de nuestro material gráfico, gracias a la sapiencia de Tony, entonces y desde Brasil, conocido como Capercaillie en los foros y del que hace mucho tiempo, no hemos vuelto a saber nada, como de Susana, Raúl y Javier.


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