Bueno. Pues a cuatro días de largarnos a Portugal y cambiar por fin de pantalla, vamos con las últimas entregas de las curiosidades chinas, empezando por terminar los capítulos de alojamiento y de transporte.
En China y sin que lo pidas, te cambian las toallas todos los días, aunque nunca te hacen la cama, ni siquiera, si te alojas tres o cuatro noches. Siempre hay papel higiénico de bastante alta calidad, aunque los rollos tienen el canutillo más delgado y con menos cantidad de celulosa, que aquí.
Nosotros somos de ir andando a todas partes o en transporte público -baratisímo, en China-, pero para quienes buscáis otras fórmulas más cómodas, no penséis en Uber o Cabify, sino en una plataforma llamada Didi.
Como os hemos indicado cien mil veces, el mayor problema en China son las malditas y molestas motos. En India, Indonesia, Vietnam, Filipinas y otros cuantos países asiáticos, sufren la misma plaga, pero se trata de un asunto distinto. En todos estos lugares son vehículos de gasolina o bencina, muy ruidosos y extraordinariamente lentos y torpes en sus movimientos, debido a la alta densidad del tráfico. En China, la circulación resulta mucho más fluida, las aceras son enormes y despejadas -relativamente- y los cacharros eléctricos y escasamente sonoros se mueven a toda velocidad por todas partes y sin normas. Lo que en India es un atropello leve o moderado, en el coloso asiático significa seguro, gravedad o la muerte.
Hablando de palmarlas, lo tenemos totalmente confirmado: el cuatro es para los chinos el número de la mala suerte, porque la pronunciación de esta palabra se asemeja, a la de muerte. Por el contrario, el ocho es la cifra más venerada, porque en la dicción sale un término parecido al vocablo suerte. Como ya os dijimos, al menos tres wifis de nuestros hoteles, tenían como clave ocho ochos, sin más.
Este viaje ha dado para casi cien videos y medio centenar de posts. El siguiente será el último y contendrá la séptima entrega de curiosidades chinas.





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