La idea de dar un volantazo y cambiar la segunda parte del viaje ha sido genial porque nos permitirá estar dos días en Xi'am y no uno, como estaba inicialmente previsto y además, nos ahorramos casi dos mil kilómetros de tren, que habrían sido una locura.
Ya estuvimos aquí en 2009;y también visitamos los Soldados de Terracota, excursión, que no volveremos a repetir, porque aunque no están mal, al menos entonces, se ubicaban en un entorno inadecuado y horrible.
Nuestra primera visita es a la Torre de la Campana, situada en mitad de una rotonda. Después, atravesamos el enorme pasaje subterráneo -no conocemos otro igual en el mundo -, que lleva hasta la zona, teóricamente, peatonal. Alberga un mercado de chinadas impresionante.
Estamos ya de frente a la maravillosa Torre del Tambor, que contiene bastantes de estos elementos.
Por una calle estrechísima nos introducimos en el barrio musulmán y llegamos a la mezquita de tejados chinos.
Está zona tiene dos calles principales, que son perpendiculares entre si, estando una de ellas dedicada casi en exclusiva a la comida asiática y no precisamente a la árabe.
Este barrio no ha cambiado nada desde 2009, siendo uno de los de más ambiente de China y con un encanto muy especial, solo roto por las innumerables motos eléctricas, que rompen la peatonalidad, campando a sus anchas, por donde les place y encima, te pitan. Es un problema terrible en todo el país.
Algo sí ha cambiado y ha sido la irrupción de una cadena de venta de comida variada, que ofrece muchas degustaciones gratuitas -la gente aquí, prueba y compra y no como en España - así bien nos ponemos hasta arriba de pato asado, pollo, dulces y de cosas, que no sabemos lo que son.
Damos vueltas y más vueltas y como estamos cansados, nos recogemos pronto. Dejamos las atracciones más alejadas para mañana.
Dormimos tan bien, que no nos despertamos hasta las diez y media de la mañana. Empieza una jornada maratoniana y no queda otra, que poner a funcionar, la máquina de andar. Empezamos con un templo cercano, que no teníamos controlado y más alejado, visitamos el tibetano de Guangreen, uno de los más fantásticos de China -tampoco hay tantos- y lleno de personas fervorosas, que cumplen con tradiciones y rituales que observamos , pero, que no conseguimos descifrar. ¡Es gratis!, porque está activo para el culto.
Retornamos por el mismo camino, hasta llegar a la Torre de la Campana y giramos a la derecha. Tras pasar un pasaje subterráneo se encuentra una area escénica de la muralla, junto a un museo. Ahora salimos por la puerta sur, mientras que por la mañana lo habíamos hecho por la oeste.
Cuesta andar largo, para llegar a la Pagoda Pequeña del Ganso Salvaje, cercana a un enorme mercado de comidas. Mucho más lejos, está la Grande pero ni fuimos en 2009, ni iremos hoy.
A la vuelta, nos perdemos por la abarrotada calle de la cultura, característica por sus lienzos, pinceles con tintas y letras chinas y otros objetos curiosos. Cuando regresamos al hotel, a recoger los bultos es ya casi de noche (las seis).
Pero, ni mucho menos, el día había terminado.
Xi'am es una de las ciudades de China con más "todo chinos" del país. Se puede comprar de casi todo, aunque la mayoría de las cosas están destinadas a las mujeres jóvenes. Se trata de tiendas mucho más elegantes y surtidas, que el promedio de las del resto del país.
Xi'am es vibrante, monumental, cosmopolita, pero a la vez tradicional y por eso resulta ser, nuestra ciudad favorita, en China.
















































