Nuestro hotel está casi en mitad de camino entre la estación de trenes y la puerta norte u oeste del casco antiguo de Pingyao. De la primera nos separan diez minutos y de las segundas veinte.
Nos lo tomamos con calma y no madrugamos, porque la visita se lleva a cabo sin prisas en unas cuatro horas. Traspasar la muralla y caminar por las calles es gratis. Entrar a determinados lugares del casco viejo cuesta 125 yuanes y los dos templos principales -Confucio y el de la ciudad - , 25 y 35, respectivamente. ¡Nos parece un claro abuso el precio total de las entradas!.
La calle principal, con sus bellos y conjuntados edificios históricos, está conectada por las puertas norte y sur. La cruzan tres largas vías paralelas entre si y es en la segunda y en la tercera, donde se encuentran los templos.
En esta ciudad, al menos, vemos unos poquitos guiris, que en Datong, ninguno.
Existen tiendas de muchas cosas, pero predominan claramente tres: de disfraces de emperador/emperatriz o cortesan@s, cuyos portadores se desplazan por las calles y se hacen numerosas fotos -incluso en tronos reales-; de masajes en los pies y de ánforas enormes de las que mana para su venta vino caliente y fuertecito y soja fermentada. Te dan numerosas degustaciones, bien en la arteria principal o entrando en determinados comercios.
Habría un cuarto sector significativo, que son los numerosos restaurantes. Demasiados negocios abiertos, al menos, para esta época del año. El casco histórico de Pingyao es parcialmente peatonal .
No vemos, sin embargo, algo, que si veníamos buscando: agencias con tours para explorar los alrededores, donde se encuentra un templo, una aldea, unas grutas, un Buda gigante y un castillo subterráneo, no accesibles, en ningún caso, en transporte público.
Habíamos reservado la jornada de mañana para ello y ahora, no sabemos, que hacer.
Y llega la innecesaria comparación: ¿Que es más bonito: Datong o Pingyao?. Para mí, hay empate técnico. Pingyao es más un conjunto histórico, antiguo y armonioso, pero Datong es más elegante y cuenta con monumentos más espectaculares, incluida su calle peatonal y su impresionante muralla de tres puertas. Es verdad, que está reconstruida. ¿Y, qué?. La de Dubrovnik también y resulta preciosa.
Nunca he estado en contra de restaurar las cosas, sí así, mejoran. Jamas he entendido a los que argumentan lo contrario.
A la vuelta, por la tarde y no muy lejos de nuestro hotel, encontramos un centro comercial con el supermercado más grande, que hemos visto hasta ahora. Paradójicamente, en el lugar más pequeño -48000 habitantes-,en que hemos estado.
Nos abastecemos generosamente de alcohol, cerveza -bastante baratos en toda China- y viandas diversas.
Llevamos unas horas pensando, darle un volantazo brusco al viaje en su segunda parte, del que hoy cumplimos la mitad. Dejaremos de ir a Chengdu y Leshan -en este caso una pena- y desde Xi'am iremos volviendo a Shanghái, a través de dos ciudades muy prometedoras como son Kaifeng y la histórica Nanjing, donde hace casi cien años, los japoneses mataron a entre doscientos y trescientos mil civiles y violaron a veinte mil mujeres.
Como ayer, dormimos de cine en este fantástico y barato hotel.














































