Para moverse por el transporte público de Oporto debes conseguir la tarjeta Andante, que nosotros ya teníamos de visitas anteriores. Si quieres transitar en cercanías, debes obtener otra verde, que ofrece precios muy razonables para distancias medias interurbanas.
Pues eso. Que con estos mecanismos públicos llegamos, a Aveiro, donde el potentísimo aire nos devolvió al jersey y a una pereza insuperable, que nos condujo directamente al hotel tras pasar por el Mercadona, situado en las inhóspitas afueras.
En realidad, se trató de una veterana casa particular repartida por habitaciones, correcta, aunque con el precio hinchado y donde el baño, más que tal, es una especie de swimming shower, que si eres niño, casi resulta un parque acuático.
Y así, se acabó el día, entre bostezos soporíferos, investigaciones de como ir a Costa Nova la jornada siguiente y comprar unos pasajes para el lunes, con Flixbus y con escala en Oporto, para terminar el viaje en la prometedora Amarante.
En realidad y en estas fechas, nosotros no deberíamos estar en Portugal, sino en Marruecos, en los alrededores de Tánger y de Tetuán, haciendo trekkings y recorriendo playas, pero los precios de los vuelos, nuestra indecisión y una operación de cataratas, lo cambiaron todo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario