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domingo, 14 de junio de 2026

Maravillosa Costa Nova

           El virulento aire es casi tan fuerte, como ayer y hace frío. Menuda diferencia con los días anteriores en España.

          Es domingo, pero aquí todos los supermercados abren con amplio horario, incluido el Mercadona, aunque los de Juan Roig no ofrezcan en su gama alimentaria los típicos pasteles de bacalao, que tanto nos gustan, como tentempié.

          Debemos tomar el bus 36 de Busway, para llegar a Costa Nova, aunque hoy son menos frecuentes y toca esperar. Se toma en la estación de autobuses, aunque también tiene paradas en el centro, cerca de los concurridos canales de Aveiro.

          En cerca de una hora y con abundante pasaje hemos llegado a nuestro destino, bajándonos en la última parada. Nos recibe un extenso mercadillo de segunda -tercera o cuarta- mano y uno interior de extraordinarios pescados y mariscos fresquísimos, a precios imposibles.

          Costa Nova es una península amplia. A un lado, se encuentra una costa poco atractiva y el centro del pueblo, con su paseo marítimo y las bellísimas casas de diferentes formas y colores con múltiples rayas, llamadas palheiros. ¡Son todo un espectáculo!, en un lugar, que no está nada masificado y que cuenta con los dedos sus restaurantes y negocios turísticos, al menos, en esta época.

          Cruzando una empinada calle, se llega al otro lado de la península, donde aparecen agrestes y salvajes dunas, un paisaje impresionante y unas playas arenosas extensas y de oleaje virulento, que son para quitar el hipo y donde los visitantes escasean y más, en una jornada tan absolutamente ventosa.

          A partir de aquí, comienza una casi interminable pasarela de madera, que a través de unos cinco kilómetros se extiende hasta la localidad de Barra, más dotada de servicios turísticos, pero mucho más concurrida y fea. Destaca su rayado faro de más de 60 metros, que lo convierten en el más alto de todo Portugal.

          A la vuelta, disfrutamos de las salinas cercanas a Aveiro y de esta bella ciudad de los "ovos moles", un pequeño y bello casco histórico casi peatonal y sus fantásticos canales sobre explotados por los moleceiros curvilíneos de pingüe negocio y plagados de despreocupados turistas. Habíamos estado aquí en enero pasado, pero la cosa estaba mucho más parada y diluida.

          Toca el mismo alojamiento, que ayer, sin limpiar siquiera la habitación, pero por ser domingo nos sale doce euros más barato.

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