sábado, 31 de octubre de 2026
¡ Basta ya de llover!
viernes, 30 de octubre de 2026
Tregua lluviosa en Pollenza
Jarrea con estruendo y poderosos rayos, mientras nos protegemos debajo de un toldo de una terraza de la plaza principal de Alcudia. De ellos escurre el agua, como si fuera de una violenta catarata. Los regueros por las calles van llevándose todo lo que encuentran a su paso.
Ayer tarde, estábamos durmiendo la siesta en el hotel de El Arenal, cuando el teléfono empezó a chiflar como loco y nos asustó. Era una alerta de la DANA. Nosotros pensábamos, que esto se hacía a través de SMS convencional, pero es mucho más bestia y está mejor así.
Aprovechamos el tiempo -ademas de para contemplar el soberbio espectáculo -, para planificar el resto del día. Descubrimos, que el autobús desde Pollenza, a Sóller, solo funciona entre mayo y septiembre, por lo que debemos descartar definitivamente este destino.
Tomaremos un TIB al puerto de Pollenza, si es que deja de llover y desde ahí, recorreremos andando los cinco kilómetros, que lo separan del pueblo.
Hora y media después para el temporal, pero va a ser solo una tregua, porque la DANA tiene ganas de más.
Los buses a nuestro destino son muy frecuentes. Sale el sol con timidez. El Puerto de Pollenza no tiene nada de especial y la cercana playa, tampoco.
Nos dirigimos hacia el pueblo. El camino no resulta complejo, porque alterna carriles bicis y peatonales con senderos paralelos a la carretera, que se hallan repletos de enormes charcos.
Los atractivos de Pollenza están dispersos y los abordamos casi ya, con el crepúsculo.
Por un lado está el modesto puente romano y una senda contigua. Por otro, el Calvario, situado en un elevado cerro y al que se asciende a través de un porron de escaleras o siguiendo las curvas de la carretera (optamos por esto último, tanto para ascender, como para descender).
Y, finalmente, se llega al bonito casco histórico, en torno a su Plaza Mayor y salpicado de calles con encanto y casi siempre, silenciosas.
De todas formas, nos ha gustado más Alcudia, aunque sea excesivamente turístico y agobiante.
Hablar español en Mallorca es una rareza. Te defiendes mejor en inglés o alemán. ¡Bueno, exagero solo un poquito!.
A nuestro entender, dado que somos muy observadores y eso palia la falta de tiempo en los sitios, podemos dividir la isla en tres zonas: el turismo golfo en el sur y El Arenal, capitalizado por los alemanes. En el norte, un perfil más familiar, en torno a su prole, que demanda más tranquilidad.
Y, en Palma, un poquito de todo, como debe ser, destacando los visitantes anglófonos.
jueves, 29 de octubre de 2026
Alcudia pasada por agua
Partimos para Palma en autobús urbano, contemplando la devastación de la inmensa tarde y noche de lluvia. Pero parece, que ni mucho menos, la cosa va a terminar aquí.
Bajamos en Plaza de España, donde se ubica la acampada de la vivienda. Muchas tiendas están, que se caen. Y nosotros con la caraja, somos incapaces de encontrar la estación Intermodal de autobuses, tren y metro. ¡Vaya por Dios, es que es subterránea!.
Nuestros planes pasan por visitar Alcudia, Pollenza, sus respectivos puertos y la localidad de Sóller, pero por imponderables, irán cambiando a lo largo de la agitada jornada.
Tomamos un confortable autobús hacia el Puerto de Alcudia. El camino de una hora resulta vulgar, aunque el destino -junto a una playa también -, si merece la pena, aún sin emociones exacerbadas.
Por una acera sencilla, aunque aburrida, caminamos los más de dos kilómetros hasta la bonita iglesia de San Jaume y una de las puertas de la muralla.
Alcudia es un pueblo precioso, pero da de sí, lo que da. Una plaza, una calle principal y el resto de callejuelas medievales igual de bonitas, pero casi vacías. A pocos pasos de este casco histórico se encuentra la Ciudad Romana de Pollentia con su Teatro Romano.
Otra vez y durante más de una hora, cae el diluvio universal acompañado de rayos y truenos, por lo que debemos guarecernos con urgencia.
Últimamente y en cuanto a los pueblos pintorescos, que visitamos nos estamos encontrando con el mismo escenario: una plaza principal plagada de restaurantes y bares, pero sobre todo de molestas sillas y mesas. Luego, una larga calle Mayor con los negocios turísticos más típicos y foráneos por toneladas. Y, finalmente, el resto de arterias urbanas vacías y casi abandonadas a su suerte.
Nos llama la atención una cosa, que no puede pasar desapercibida: en Extremadura la oferta gastronómica se basa en los platos regionales, dirigidos al turismo nacional. En Mallorca, ni un solo manjar típico de la zona (ni siquiera el tumbet): tortilla de patatas, calamares a la andaluza, patatas bravas, jamón, queso manchego...¡Todo pensado para los paladares internacionales!.
Con los pies -y algo más- empapados, pretendemos llegar hasta Pollenza.