Una amable chica nos ayuda y conseguimos enderezar nuestro rumbo. También, podríamos haber tomado el tren -es una empresa privada-, que tiene tres líneas en la isla, aspecto, para nosotros desconocido. Parece ser, que en Palma, también hay algo parecido al metro, pero no podemos dar muchos más detalles.
Llegamos a Palma a más de las once de la noche. ¡Ojalá, los de la acampada de la vivienda nos hicieran un hueco, porque toca pernoctar al raso!.
Paseos y más paseos, visita a la catedral y el casco histórico, hasta que empieza a diluviar de forma salvaje, durante toda la noche, hasta más de las nueve de la mañana. Sin saberlo, nos refugiamos en los soportales de la sede del parlamento de Baleares y ahí, hacemos vida.
Cuando abren la estación Intermodal accedemos sin demora y conseguimos dormir sobre bancos sin brazos, sin que nadie nos molesta (oh, sorpresa).
Mientras visitamos con calma Palma, ya durante el día, la lluvia no nos deja del todo, pero es más moderada y al móvil nos van llegando alertas de la desactivación de riesgo naranja y rojo. Mejor, porque de ninguna de las maneras podemos perder el vuelo de esta noche, que nos devuelve a Madrid.
Después de almorzar, cogemos un bus local a Can Pastilla, que va abarrotado hasta no caber nadie más. Y de ahí, caminando hasta el aeropuerto, como hicimos el primer día, pero de forma inversa.
Toca pasar la noche en Barajas, antes de volver a Valladolid, pero nadie del personal de la terminal nos ajusticia (como no hace mucho).
No hay comentarios:
Publicar un comentario