Este es el blog de algunos de nuestros últimos viajes (principalmente, de los largos). Es la versión de bolsillo de los extensos relatos, que se encuentran en la web, que se enlaza a la derecha. Cualquier consulta o denuncia de contenidos inadecuados, ofensivos o ilegales, que encontréis en los comentarios publicados en los posts, se ruega sean enviadas, a losviajesdeeva@gmail.com.

martes, 16 de junio de 2026

Un incierto verano

           Queda apenas una semana para mí operación de cataratas y quiero agradecer la gran profesionalidad de mi médica de cabecera, del brillante oftalmólogo Corrales y de la responsable de la preanestesia.

          Debido a la intervención y a algún asuntillo laboral, nuestro calendario de viajes para el verano queda algo descuadrado e incierto. Nos olvidamos de la noche de San Juan y de un concierto de Zahara, el día 26, en León.

          Pretendemos reincorporarnos a los viajes, el fin de semana del 4 y el 5 de julio, yendo a Bejar  y a otros pueblos de su sierra, durmiendo de camping. Después, iremos viendo (y nunca mejor dicho).

          Antes de la operación, este fin de semana venidero nos marchamos a Bembibre y Ponferrada, a coste cero, debido a la gratuidad de BUSCYL. Parece ser, que va a hacer bastante calor.

          Y el finde pasado -como habéis visto en los vídeos - estuvimos en las fiestas de La Flecha, municipio cercano a Valladolid en los conciertos de Maymona -rock andaluz- y Sinestesia, banda de versiones de música indie (Viva Suecia, Arde Bogotá, La La Love You, Leiva...).

          Por fin y ya iba siendo hora, cada vez más ayuntamientos apuestan por este estilo independiente y dejan un poco de lado a los de versiones de los ochenta. ¡Aunque queda mucho por andar!.

          En aquella época se hicieron muy buenos temas, pero no debemos olvidarnos, que de aquello ha pasado ya casi medio siglo y hay, que actualizarse.

          También actuó la Orquesta Anaconda, pero a nosotros ese rollo no nos va.

lunes, 15 de junio de 2026

Un apátrida del fútbol

           Tenía 8 o 9 años y estudiaba interno en Madrid. Juanito todavía jugaba en el Burgos. Pero a mí, quien me encandilaba era un chico de Cantabria, apodado Santillana -o "el puma", si hacemos caso al gran Héctor del Mar- y que quizás, haya sido uno de los mejores rematadores de cabeza de la historia del fútbol.

          Desde aquel tiempo me hice ferviente seguidor del Real Madrid, aunque tuve, que esperar a mes y medio antes de cumplir los treinta, para celebrar mi primera Champions de las nueve, que he vivido hasta ahora.

          Pues bien, todo iba casi genial hasta el pasado 7 de junio, domingo, en que Florentino Pérez ganó las elecciones del Real Madrid y la vuelta de Mourinho. Me niego a pasar por ahí, por la contratación de un tipo malvado y acabado, que apenas ganó nada y que sembró la más gigante ola de odio vivida en la historia del fútbol español. ¿Quién chochea más de los dos: el presidente o el técnico?.

          He comenzado mi viaje al lado apátrida del fútbol -no me voy a hacer del Barça solo por venganza-, porque tampoco me hace mucha gracia Luis de la Fuente, aunque este si, que tiene méritos suficientes.

          Le he preguntado a la inteligencia artificial, si puedo dejar de ser hincha de mi equipo de fútbol y me tranquiliza su respuesta: "Sí. Absolutamente puedes dejar de ser hincha de tu equipo de fútbol. El fútbol es una afición, no una obligación legal, ni un vínculo biológico indisoluble. Tú tienes el control total sobre tus gustos, tú tiempo y tus emociones".

          Y a continuación la IA pasa a detallar las razones:

          - Perdida de valores.

          - Falta de tiempo 

          - Desgaste emocional

          - Desconexión identitaria

          Impacto en la salud mental.

          Y finaliza la cosa , dando una serie de consejos, sobre como gestionar la transición.

          Creo, que menos el segundo -falta de tiempo -, en mi se cumplen todos los criterios para llevar a cabo la decisión, que he adoptado.

          ¡Y pensar ahora, que me quedé sin cenar y desolado en aquella extraña y oscura semifinal con el PSV de Eindhoven, en abril de 1988!.

          Pero, como en la vida y afortunadamente, casi todo es reversible, no descarto volver al redil en el futuro, aunque no desde luego, en el corto o medio plazo.

domingo, 14 de junio de 2026

Amarante, para acabar

           Es lunes y toca partir hacia Amarante, en lo que será la última escala de este trepidante viaje portugués de cinco días.

          Dos jornadas atrás y al llegar a Oporto, habíamos obtenido por 6€ billetes con Flixbus -nuestra salvadora compañía verde-, entre Aveiro y Amarante, con cambio en la estación de Campanha, lo que nos dió para descubrir, que aún está peor organizada y es más caótica, que la de Chamartín y eso es mucho decir.

          Los buses de Flix son muy irregulares. Los hay cómodos, tortuosos, con wifi, sin el, con enchufes, sin ellos, calurosos, heladores..., ¡Es una lotería, pero siempre a buen precio y eso engancha!.

          Llegamos a la modesta estación de Amarante, cayendo el sol de plano. Hemos dejado la línea de la costa, el viento ha desaparecido y acumulamos seis grados más, con diferencia de ayer.

          Nos hubiera gustado dormir aquí hoy, porque de vuelta a Valladolid partimos mañana a las 10:00 a. m. Pero los alojamientos son escasos y caros, costando el más económico 75€. Así, que, tocará pasar la noche en blanco, sin otra alternativa posible.

          Lamentablemente, ayer han finalizado las fiestas patronales de Amarante. De haber llegado un día antes, habríamos pasado una noche más entretenida y festiva, pero no va a ser posible, a pesar de que todas las infraestructuras siguen montadas y en pie, con un espectacular juego de luces desplegado por todas las calles y plazas.

          Amarante es una ciudad provinciana de libro, que tiene muy pocos servicios, incluidos restaurantes y supermercados. Debería ser algo más peatonal, porque los coches invaden y molestan en muchas calles estrechas. Pero sus numerosos dulces eclesiásticos pueden con todo. Especialmente, el falo de San Gonzalo.

          Este santo de hace siglos tiene significativa importancia en la localidad, dando nombre a su puente, a una de las numerosas y bellas iglesias, a las fiestas locales...

          Sin embargo y para nosotros, lo más destacado de Amarante es el largo paseo del serpenteante río Tamega con el Trilho de las Aceñas, un paisaje fluvial espectacular, vibrante, aunque algo peligroso, si se quiere disfrutar a tope.

          La noche se nos hizo larga,  aunque no pasamos el esperado frío. El viaje de vuelta, supuestamente directo a Valladolid, lo roncamos casi entero. Aunque en realidad, nos esperaba una abrupta parada en Braganza, que yo hubiera preferido en Calzoncillanzo (que gracioso soy).

Maravillosa Costa Nova

           El virulento aire es casi tan fuerte, como ayer y hace frío. Menuda diferencia con los días anteriores en España.

          Es domingo, pero aquí todos los supermercados abren con amplio horario, incluido el Mercadona, aunque los de Juan Roig no ofrezcan en su gama alimentaria los típicos pasteles de bacalao, que tanto nos gustan, como tentempié.

          Debemos tomar el bus 36 de Busway, para llegar a Costa Nova, aunque hoy son menos frecuentes y toca esperar. Se toma en la estación de autobuses, aunque también tiene paradas en el centro, cerca de los concurridos canales de Aveiro.

          En cerca de una hora y con abundante pasaje hemos llegado a nuestro destino, bajándonos en la última parada. Nos recibe un extenso mercadillo de segunda -tercera o cuarta- mano y uno interior de extraordinarios pescados y mariscos fresquísimos, a precios imposibles.

          Costa Nova es una península amplia. A un lado, se encuentra una costa poco atractiva y el centro del pueblo, con su paseo marítimo y las bellísimas casas de diferentes formas y colores con múltiples rayas, llamadas palheiros. ¡Son todo un espectáculo!, en un lugar, que no está nada masificado y que cuenta con los dedos sus restaurantes y negocios turísticos, al menos, en esta época.

          Cruzando una empinada calle, se llega al otro lado de la península, donde aparecen agrestes y salvajes dunas, un paisaje impresionante y unas playas arenosas extensas y de oleaje virulento, que son para quitar el hipo y donde los visitantes escasean y más, en una jornada tan absolutamente ventosa.

          A partir de aquí, comienza una casi interminable pasarela de madera, que a través de unos cinco kilómetros se extiende hasta la localidad de Barra, más dotada de servicios turísticos, pero mucho más concurrida y fea. Destaca su rayado faro de más de 60 metros, que lo convierten en el más alto de todo Portugal.

          A la vuelta, disfrutamos de las salinas cercanas a Aveiro y de esta bella ciudad de los "ovos moles", un pequeño y bello casco histórico casi peatonal y sus fantásticos canales sobre explotados por los moleceiros curvilíneos de pingüe negocio y plagados de despreocupados turistas. Habíamos estado aquí en enero pasado, pero la cosa estaba mucho más parada y diluida.

          Toca el mismo alojamiento, que ayer, sin limpiar siquiera la habitación, pero por ser domingo nos sale doce euros más barato.

Maymona, sonido andaluz en La Flecha 💘📲


 

Ultraligera y Sinestesia


 

Leiva y Sinestesia


 

Sinestesia y Sexy Zebras


 

Sinestesia, en La Flecha 💘 💘 📲 📲 de Valladolid


 

India, en el Campo Grande de Valladolid



sábado, 13 de junio de 2026

Refugiados en Aveiro

           Para moverse por el transporte público de Oporto debes conseguir la tarjeta Andante, que nosotros ya teníamos de visitas anteriores. Si quieres transitar en cercanías, debes obtener otra verde, que ofrece precios muy razonables para distancias medias interurbanas. 

          Pues eso. Que con estos mecanismos públicos llegamos, a Aveiro, donde el potentísimo aire nos devolvió al jersey y a una pereza insuperable, que nos condujo directamente al hotel tras pasar por el Mercadona, situado  en las inhóspitas afueras.

          En realidad, se trató de una veterana casa particular repartida por habitaciones, correcta, aunque con el precio hinchado y donde el baño, más que tal, es una especie de swimming shower, que si eres niño, casi resulta un parque acuático.

          Y así, se acabó el día, entre bostezos soporíferos, investigaciones de como ir a Costa Nova la jornada siguiente y comprar unos pasajes para el lunes, con Flixbus y con escala en Oporto, para terminar el viaje en la prometedora Amarante.

          En realidad y en estas fechas, nosotros no deberíamos estar en Portugal, sino en Marruecos, en los alrededores de Tánger y de Tetuán, haciendo trekkings y recorriendo playas, pero los precios de  los vuelos, nuestra indecisión y una operación de cataratas, lo cambiaron todo.

jueves, 11 de junio de 2026

Por la desembocadura del Duero

           Llegamos a la estación siniestra de Campanha y eso, que ya ha amanecido. En Portugal y en general, deberían gastarse enormes cantidades de dinero en reformar sus terminales de autobuses -como en España-, pero no deja de ser un país pobre, como el nuestro. Pero, ¿acaso iríamos a la nación lusa, a Sicilia, Calabria o a Grecia, si fueran como Alemania?.

          Llueve y llueve, como solo sabe hacerlo en el norte, de esa forma tan sutil, pero persistente y agobiante. De los 33 grados de Madrid de ayer, hoy nos hemos quedado en 18 y nuestro casi transparente jersey, apenas nos protege.

          El camino hacia el puente de Don Luis es de unos cuatro, feos y atropellados kilómetros, de calles y rotondas, realmente deprimentes. No hemos dormido mal en el bus y guardamos energías para todo el día, a pesar de no encontrar casi locales o supermercados, donde tomar un tentempié. Apenas hay nadie en la vía pública en esta mañana de sábado.

          Llegamos al majestuoso Duero, en la zona habitual de visita, pero esta vez seguimos más allá, a través de agradables callejuelas ensortijadas. Tras un impas, volvemos a salir al río. El paisaje fluvial es placentero, pero el paseo resulta abrupto y algo descuidado, debiendo cruzar además una estrecha, larga y peligrosa pasarela metálica.

          Sigue lloviendo, mientras contemplamos la desembocadura del magnífico río, una zona de embarcaciones y un mirador de decenas de especies de aves. Lamentablemente, no somos muy entendidos en la materia. Aclara el cielo algo, cuando llegamos al mar. La avenida mejora notablemente su aspecto y anchura, mientras centenares de personas practican running, como si les fuera la vida en ello.

          Llegamos a playas absolutamente espectaculares y cabreadas -sin casi nadie sobre la arena-, como las de Las Pastoras, la Playa del Carneiro, la Playa de los Ingleses, la de Molhe o la del Hombre de Leme.

          Y para rematar y después de quince kilómetros de andadura, culminamos en la del Castillo del Queijo, con su impresionante fortaleza de tipo portugués. Hemos pasado por Foz de Duero y hemos llegado a Matosinhos, donde nos espera una ultra decepcionante anémona, que se la podían haber ahorrado.

          Toca tomar  el metro a la estación de Sao Bento y marcharse a Aveiro, donde el precio del alojamiento es menos criminal.

Otra vez a Portugal y las que queden

           Otra vez -y ya van cuatro en dieciséis meses-, viaje a Portugal y nuevamente, exitoso, reconfortante y pleno de esencias, al calor de una rica bifana, una francesinha o el omnipresente y nacional caldo verde, que hasta comercializan en el MacDonalds con motivo de su 35 aniversario en el país luso (col gallega, patatas y chorizo ahumado).

          Estuvimos demasiados años sin ocuparnos de nuestro país vecino e hicimos muy mal, pero uno no siempre puede estar a todo.

          El recorrido inicial fue variando en nuestra mente, hasta no parecerse mucho al previsto, pero ha resultado ampliamente placentero, a pesar de los mil quinientos kilómetros transitados, consistentes en siete trayectos de autobús, uno de tren y varios medios de transporte locales. En unos casos o en otros, Ryanair y Flixbus, siempre vienen a nuestro rescate.

          Partimos para Madrid poco después del mediodía, en un ALSA. Y allí llegamos, presenciando el inminente y espectacular dispositivo general relacionado con la visita del Papa León XIV. ¡Todo un reto!.

          Tuvimos lío en la estación sur, porque nuestro autobús no aparecía en las pantallas por ninguna parte, pero finalmente y no sin nervios, el asunto se terminó resolviendo, favorablemente.

          El Flixbus nos dejó en la inhóspita estación de Campanha en hora y ya habiendo amanecido. Aunque las condiciones climatológicas eran muy adversas, con fuerte viento y constante lluvia fina. Mes de junio, pero no nos sobraba el jersey, sino que más bien nos faltaba otro.

          Nuestro plan para hoy era ir andando hasta Foz de Duero y Matosinhos, en un recorrido de unos quince kilómetros. Para mañana, Costa Nova, cerca de Aveiro, donde dormiríamos dos noches, porque en otro lugar es imposible por el precio. Y el lunes, a Amarante, con su patrimonio histórico y la belleza del entorno del río Tamega.

          Después de una noche en blanco, tocaría retornar a Valladolid, supuestamente -que luego no-, en un servicio directo de la propia Flixbus.         

miércoles, 10 de junio de 2026

Mi próximo viaje ni requiere de pasaporte, ni visado

           Mi siguiente viaje -si no sale algo mejor los dos próximos findes-, va a ser a un quirófano, a operarme de una catarata madura, que me permita continuar viajando con menor riesgo y seguir disfrutando visualmente -o al menos en parte-, de lo que me rodea.

          El día de San Juan -aserrin, aserrán-, me pondré en las manos del doctor Corrales, que a mí me ha parecido un profesional fantástico.

          Mi operación conlleva dos complicaciones no comunes para una intervención tan absolutamente sencilla (eso dicen). Al padecer nistagmus, -no poder dejar el ojo quieto- la anestesia será general y no local. Y al tener la boca pequeña, la intubación será despierto y no dormido, lo que da cierto yuyu, a pesar de que para ello usen anestesia local y ansiolíticos.

          Me pasé un par de días obsesionado y consultando a la inteligencia artificial, mientras resolvía otras cosas, pero ya no estoy preocupado, más allá de lo que supone un postoperatorio veraniego y saber, si llegaré en forma y a tiempo, a nuestro próximo viaje de doce días, a mediados de julio.

          Recorrer los cinco continentes con incertidumbre máxima y escaso presupuesto es para mí muy sencillo y casi repetitivo.

          Llegar a las puertas de un quirófano resulta inédito y espero estar a la altura. El próximo 26 cumplo 59 años y mi expediente médico, afortunadamente, está limpio de manchas. Ni un dolor en toda la vida.

          Y me preguntan en la preanestesia -simple entrevista sin más pruebas diagnósticas- : "Y, ¿usted es alérgico a algo?". "Pues no lo sé, porque jamás tomé una sola pastilla".

          La vida sigue en los albores del verano -es un decir, porque ya casi no hay estaciones- y aquí estamos para seguir viajando, aunque sea ciego, lo que no es sinónimo de tener pocas luces.

Y, ¿Quién se acuerda de esto?

           Parece mentira o al menos, muy lejano. Después de una semana en la que tuvimos problemas laborales, perdimos un móvil, me diagnosticaron una catarata madura y operable y con pruebas de anestesia -24 de junio al quirófano- y viaje al norte de Portugal por cinco días, ¿quién se acuerda, de que hace diez jornadas estuvimos en Astorga y León?. Pues, así fue.

          Desde que el recientemente ultraderechista Mañueco aprobara la gratuidad del transporte en Castilla y León, nos resulta muy fácil salir a coste cero -o casi- por la región, durante los fines de semana. Eso sí: adaptándonos a horarios de transportes, que no dependan de alojamiento, porque los precios de estos están imposibles.

          El 30 de mayo planeamos ir a Bembibre, Astorga y León, en una jornada calurosísima y de soberbio madrugón.

          Por planes previos y cambiados, habíamos adquirido billetes a Ponferrada. No los modificamos, pensando, que de todas todas, el bus pararía en Bembibre de camino, pero como no bajó ni subió nadie -mientras dormitábamos- no lo hizo. Así, que nos quedamos sin el primer destino, con la jornada descuadrada y con estrés. Regresamos a Astorga, donde ya habíamos estado dos décadas atrás. El berciano lugar es un destino muy demandado y acogedor, protagonista destacado del Camino de Santiago y de ahí, que coincidiéramos con numerosos peregrinos, mayormente, de origen internacional.

          Astorga te deleita con el famoso Palacio Episcopal de Gaudí, su robusta y extraña catedral y un casco histórico colosal y casi peatonal, dominado por plazas e iglesias. Las visitas a los lugares de interés son más caras todavía, que el típico Cocido Maragato de sabrosas carnes, que se come al revés (empezando por estas y terminando por la sopa).

          Acabamos la jornada en la siempre recurrente León, donde el Barrio Húmedo lo eclipsa todo: la sed, el hambre y la mente, llegado el caso, mientras el calor nos derretía y el PSG ganaba la Champions por los pelos.

          Llegamos a casa, casi a las cinco de la mañana, como si tuviéramos veinte años. Si no fuera por lo de Bembibre, una vez más, el día habría salido perfecto.