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miércoles, 20 de mayo de 2026

"¿Dónde va Vicente?. Donde va la gente"

           El otro día en un programa de la SER, escuché a una persona decir tajantemente: "esto de la masificación turística se va a acabar, porque a la gente no le gusta ir a los sitios para ver o encontrarse con otros turistas". Desde luego, este tertuliano será notorio en la radio, pero no ha salido demasiado de su casa y de su zona de confort.

          Aunque de verdad, me gustaría, que tuviera razón por el bien de todos. Pero la realidad se resume de una forma más terrible: "¿Adónde va Vicente?". "Donde va la gente ". Así ha sido, es y lamentablemente, será. 

          Vaya por delante y lo he dicho más veces, que todos tenemos el mismo derecho a viajar a cualquier sitio y que aunque sobren muchos, no podemos referirnos a nadie en concreto, ni por posición económica, belleza física, forma de vestir, gasto diario... Así, que por ahí, no voy a seguir.

          Cuando fuimos por primera vez a Praga, en 1991, todavía resonando los ecos de la caída del muro de Berlín, no había nadie y nos movíamos a nuestro antojo. Volvimos en el 2000 y aquello era imposible. Hoy, en 2026, no es, que siga igual, sino peor. Y la mayoría del personal solo se queja con la boca pequeña y sigue pagando lo que sea, porque total, "para una semana, que tengo de vacaciones"...

          Algo parecido nos sucedió en Dubrovnik, probablemente, la ciudad más degradada y estresante de Europa, aunque la competencia en esta materia es dura. Fuimos en 1999, con la cruenta guerra aún en el retrovisor y nos cazaban  a lazo los escasos camareros de los restaurantes de la calle paralela a Plaka, porque no tenían más clientes. No quiero recordar, lo que ha ocurrido desde entonces, porque la mayoría de vosotros habéis estado allí, seguro.

          No nos engañemos: la gente no va a dejar de ir a un sitio, porque este masificado. Más bien, es todo lo contrario, aunque parezca inexplicable. Ni tampoco, porque suban los precios hasta el infinito; porque pongan tasas turísticas y las suban cada año; porque tengan, que dormir hacinados o sin aire acondicionado; por tener, que esperar dos horas en la cola del restaurante para ocupar mesa; por fracturarse el codo al empujar al resto para sacar la ansiada foto y subirla al Insta...

          Lejos de todo eso, hay quien para fardar dice: "pues a mí pagar 150€ por una noche de habitación no me parece tan caro". Y tú sabes -y te callas-, que a esa persona ganar esa cantidad le lleva cinco días de esforzado curro y madrugón.

          Resulta imposible entrar en razón y los que cada día son más ricos a costa de esto, lo saben y se frotan las manos por tanta estupidez humana 

       Hay quien se deprime, si le toca cenar solo en una terraza, vaga como alma en pena por el hotel casi vacío o si no tiene una multitud detrás en el monumento de moda.

          Un ejemplo clarísimo de todo lo anterior es Madrid, donde pasear por el centro para unos pocos -nosotros, por ejemplo - es un sufrimiento, pero la mayoría están en su salsa. Abren un negocio nuevo y la gente hace interminables colas, la mayoría de las veces, para algo vulgar. Pasas a los dos meses y ya no hay nadie, ni bicho viviente, que quiera entrar allí . La mayoría de la población es estúpida y piensa, que si no siguen las modas -también en destinos turísticos - no existen. ¡Porca miseria!.

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