Hablábamos en la entrada anterior de este blog de paellas por el mundo y en esta queremos arremeter de forma contundente y furibunda contra las versiones populares, que se reparten -con coste o no-, a lo largo de diversas celebraciones en fiestas de toda la geografía nacional.
A ver. No hace falta ser Arguiñano para llegar a la conclusión, de que no es la paella el plato más indicado para repartir en un evento de larga cola. Pero autoridades políticas y asociaciones ciudadanas siguen erre, que erre, sin cejar en el inadecuado y lamentable empeño. Todavía estamos por comer un arroz popular que llegue a 3 sobre 10.
A diferencia de decenas de platos y guisos, la paella requiere de una preparación inmediatamente anterior y de un reparto rapidísimo, para que el arroz no se pase o enfríe. Se trata además de un preparado tan libre y creativo, que algunos se pasan mezclando cosas insólitas.
¿Pasaría algo, como si ocurre en otras partes, por valorar por ejemplo, la opción de la caldereta de carne?. Se puede guisar con tiempo, aguanta un buen rato caliente y admite menos inquietante trabajo de autor. Las hemos comido deliciosas por ahí.
Una segunda razón, por la que odiamos las paellas populares es, por la constante degradación de las mismas, a lo largo de los últimos tiempos. Antes, las elaboraban con cariño asociaciones vecinales o "cocinillas" expertos y los ingredientes solían ser de una calidad aceptable. Ahora y en la mayoría de las ocasiones se hacen cargo empresas de catering externas y el resultado final del producto deja mucho, que desear, por decirlo de una manera suave.
Y existe un último motivo por el cual, repudiamos estos festejos gastronómicos: el económico.
Comenzaron siendo gratuitas para todo el mundo, dado que solían estar patrocinadas. Más adelante, se comenzó a pedir uno o dos eurillos para una causa benéfica, sin tener en cuenta que uno dona, cuando y a quien le de la gana y no, a quien le impongan.
Y últimamente, se están pidiendo entre cinco y diez euros por ración y ya no se dice para donde van. ¡Es una vergüenza!, porque por un poco más te comes en un bar -y no en la calle- un menú completo con postre y vino.
En las fiestas de los barrios de Madrid, aún sigue habiendo muchas paellas populares gratuitas. En Valladolid, yo no conozco ninguna. Sin ir más lejos y el domingo pasado y en el barrio de los Pajarillos -de vecinos humildes e inmigrantes-, pedían ocho euros por un exiguo plato de arroz con dos tajadas de pollo y un par de minúsculas gambas.
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