Marruecos y Portugal son destinos tan frecuentes para nuestras escapadas -normalmente, de una semana, más o menos -, que ya hemos perdido la cuenta de las veces, que hemos viajado a ambos países.
A mediados de mayo íbamos a volver a Oporto y alrededores -donde ya estuvimos en varias ocasiones, incluido un periplo, durante el pasado enero -, pero hemos decidido posponerlo para iniciarlo el 5 de junio, debido a varios conciertos: especialmente, las fiestas de San Isidro de Madrid y Sidonie en una feria de vino de Valladolid.
Braga, Guimaraes, Aveiro, Coimbra, Vila do Conde... Todos esos lugares ya los conocemos, pero aún nos queda mucho que hacer en las inmediaciones de Oporto.
Amarante se ubica a unos 60 kilómetros y es famoso por su patrimonio religioso y por el entorno del río Tamega. A unos 70 más allá se halla Pinhao, ideal para los amantes del vino y los paisajes fluviales.
Los hoteles son caros en ambos lugares y se debe tirar de autobús, porque para el primer destino no hay tren y para el segundo, solo cambiando en Regua.
Se puede volver directamente en ferrocarril, a Oporto, atravesando uno de los paisajes más bellos de Portugal, como es el valle del Duero, presidido por un río serpenteante, viñedos, puentes de hierro y angostos cañones de piedra.
En materia de playas nos faltaría Costa Nova -también para pasear en barco-, pero es improbable su visita dado que está en el entorno de Aveiro y no está previsto volver por allí.
Caminando, se puede llegar a las de Foz de Douro, un barrio elegante y tranquilo, con una fortaleza y otros atractivos turísticos.
Quedaría la de Matosinhos, ideal para los surfistas y para comer pescado.
No muy lejos se encuentra el Parque Nacional Geneda Perés, con cascadas, lagunas naturales y rutas diversas de senderismo.
Para terminar, la impresionante ruta de los pasadizos del Paiva, a unos 60 kilómetros de Oporto. En transporte público es complicado. Se debe llegar hasta Arouca, famosa por contar con el puente 516, que es el tercero suspendido más largo del mundo (cruzarlo cuesta 12€).
Desde allí, se debe tomar un taxi o hacer dedo hasta Areinho o Espiunca. Mejor ir al primer sitio y terminar en el segundo, dado que los casi nueve kilómetros de trayecto son más descendentes (2€). Se trata de una ruta lineal, por lo que sería bueno tener un coche a cada lado o un taxi esperando. Si no, toca ir y volver.
Naturalmente, estás dos últimas opciones expuestas quedan muy lejos de nuestro alcance por la falta de medios y de tiempo (solo iremos cuatro días). Quedarán para otra vez, ¡porque el país luso nos encanta!.
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