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jueves, 5 de noviembre de 2026

Rivadavia

           Y sí, llegamos a Rivadavia, aún siendo de día. La estación no está cerca del centro y debemos transitar por aceras extremadamente estrechas, como tantas veces.

          Hemos reservado un alojamiento, que se halla frente a un circo. Se trata de un pequeño hostal de los de toda la vida y que ya no quedan casi en ninguna parte, salvo en poblaciones pequeñas y no muy turísticas. El check in se hace en el bar, a la antigua usanza, aunque los precios no son los de entonces, ni corrigiéndolos con la escala de la inflación.

          Tras dormir a pierna suelta, el día amanece nubladisimo, aunque poco a poco, se imponen el sol y el calor casi extremo, para estar a finales de octubre.

          Rivadavia es un pueblo tan tranquilo, como espectacular. Sin lugar a dudas, de los más bonitos de Galicia.

          En el centro destacan sus callejuelas e iglesias muy numerosas y el entramado del barrio judío, donde se venden dulces y otros productos de origen sefardí. Está lleno de telarañas y otros ornamentos, pero no son de Halloween, como cabría esperar, sino de una ancestral tradición celta.

          El evento se llama "Noite Meiga" y es una pena  no poder disfrutarlo el sábado y el domingo que viene.

          Pero la cosa no termina ahí: es maravilloso recorrer el sendero fluvial, que serpentea en dos direcciones. Por un lado, hacia la desembocadura del río Avia en el Miño y por otro, hacia una fantástica playa fluvial, muy bien acondicionada.

          Toca pasar pantalla y volver a Orense, donde continuar por vía férrea hasta Santiago de Compostela, lugar, que visitaremos por tercera vez en menos de un mes. Evidentemente, en su casco histórico sigue todo igual, incluida la acampada, que va languideciendo.

          Es tremendo, como por intereses políticos y partidistas se pueden llenar millones de horas y letras en temas, como Ceuta o la vivienda, para instantáneamente, olvidarlo y dejar, que se pudran y pasen a mejor vida.

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