Según hemos leído y caminando, hay dos formas de llegar hasta Combarro: por la carretera o por la Variante Espiritual del Camino Portugués de Santiago. Pretendemos tomar esta última, pero nos aturullamos -cono es costumbre -, pero somos tan constantes, que acabamos encontrando una tercera senda, que es la más recomendable. Ni siquiera los amables lugareños, a los que preguntamos, nos han ayudado mucho.
Tomamos el cauce del río Lerez, que poco a poco, se va convirtiendo en la Ría de Pontevedra. Vamos a medias, entre el GPS y la inteligencia artificial, que nos lia bastante.
Cruzamos un puente, pero hay obras y no podemos seguir. Nos hacemos un lío y debemos caminar por error más de cinco kilómetros, entre ida y vuelta. ¡Discusión, tras discusión! y calor sofocante.
Llegamos a Poio y ahora sí, tomamos la decisión correcta, avanzando por una preciosa caminata: se trata de la Senda Litoral de Poio. Abordamos sus marismas y agradables playas de aguas tranquilas, azuladas y de fina arena. Entre ellas, Lourido, Cabeceira y Ostreira y siempre en el medio de la ría la isla de Tambo. Llegando al pueblo de Campelo, el panorama se vuelve más turbio, al tener , que circular por decenas de calles sin aceras, hasta llegar a Combarro.
Desde lejos, la bahía es chula y se ven los hórreos, a falta de poco más de una hora para el atardecer.
Otra vez, nos toca hotel de los de antes, de los de hacer el check in en el colindante bar.
Combarro es pequeño, pero tiene un casco histórico precioso, aunque es más turístico, que Ribadavia, donde estuvimos hace pocos días.
Transcurre la noche con algo de frío. No es normal, que pagando 50€, no dispongas de un elemento de calor, en el formato, que sea.
Sale el sol. Llevamos cinco viajes a Galicia en poco tiempo y solo nos llovió -y mucho-, en el primero. Deshacemos parcialmente el camino, evitando las playas y tirando por la carretera, que casi siempre, tiene aceras. No merece mucho la pena está opción, porque se tarda lo mismo y resulta bastante más aburrido y estresante.
Nuestra idea para hoy era ir a Cambados, pero es domingo y el transporte público es muy escaso. Cambiamos de planes.
Toca jornada de ríos. Por un lado, la Isla de las Esculturas del Lerez y por otra, el extraordinario Gafos y su paseo fluvial, muy cerca de las estaciones de bus y tren.
Una combinación de tres trenes nos devuelven a casa, una vez más, sanos y salvos.
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