Este es el blog de algunos de nuestros últimos viajes (principalmente, de los largos). Es la versión de bolsillo de los extensos relatos, que se encuentran en la web, que se enlaza a la derecha. Cualquier consulta o denuncia de contenidos inadecuados, ofensivos o ilegales, que encontréis en los comentarios publicados en los posts, se ruega sean enviadas, a losviajesdeeva@gmail.com.

martes, 15 de marzo de 2011

Nuestro angel de la guarda es negro, viste traje, porta un buen reloj y lee el Daily Nation (parte I de II)

                                                                                                 Nairobi
En el expreso de Nairobi a Mombasa, viajan unos cuantos guiris en primera y segunda clase. A pesar, de que en algunos casos, te dan cena y/o desayuno, resulta ridiculo pagar el doble o el triple, de lo que vale un autobus confortable, para luego tardar dos veces mas,que por carretera.

            Como siempre, los unicos blanquitos que viajan en la abarrotada tercera clase, somos nosotros. Entretenemos los minutos previos a la partida, haciendo fotos desde la ventanilla, cuando notamos  movimientos extranos de un chico, que termina sentandose a nuestro lado. Partimos de Nairobi, contemplando sorprendidos, el gran numero de personas, que pasean junto a la via o las numerosas hogueras, en las que se quema basura, mientras algunos ninos, apedrean el tren.
                                   Nairobi
            Nuestro vecino de asiento, sigue con actitudes sospechosas, que nos ponen alerta. Cuando a lo lejos, ve a los revisores, se va corriendo. Un hombre, bien vestido, con buen reloj y que hojea el Daily Nation, se acerca a nosotros y nos advierte, de que el chico, no es buena gente y como nos ha visto con la camara, pretende robarnos todo lo que pueda, cuando nos durmamos. Inmediatamente despues, se dirige a los revisores en suajili y estos, a su vez a nosotros, en ingles,  indicandonos que ahora mismo, llaman a la policia.

            Los interventores y el trajeado, se encaminan a buscar al joven y lo retienen, mientras en la siguiente estacion, sube un empleado de seguridad. Le interrogan reiteradamente. Lleva billete y no hay pruebas de nada, asi que le dejan tranquilo, permaneciendo el vigilante, en uno de los extremos del vagon.
                                                                                               Mombasa

Nos encantan las ciudades de frontera, entre ellas, Namanga (camino de Nairobi)

                                                                       Camino de Namanga
Nos encantan las localidades fronterizas, con su halo de misterio y constante olor a trapicheo -lo que aqui, llaman "bisnis"-.

            La que separa Tanzania de Kenia, viniendo desde Arusha, es Namanga, un pueblo polvoriento y de calles muy escarpadas –autentico trekking urbano-, que comparten ambos paises y que resulta mas genuino y animado, del lado tanzano. Pasear por aqui, es como estar dentro de un documental, viendo a los masais, con su colorida vestimenta -tunica roja hasta las rodillas y otra cruzada al hombro y atada a la cintura-, orejas perforadas y anudadas y su omnipresente baston o vara.

            Son gente amistosa y simpatica, que comparten habitat con musulmanes de los de siempre -pero negros-, que hoy estan de celebracion. Al ritmo de tambores, canticos y de la musica de un altavoz -colocado en una bicicleta en movimiento-, bailan con extraordinario ritmo, durante casi dos horas, en la carretera principal, cortando el trafico de la frontera, en ambas direcciones.
                                        Namanga 
            Acabado el fasto, ya de noche, las unicas diversiones aqui, son jugar al billar y contemplar los partidos de las ligas inglesa y espanola. Ambas cosas, las viven con mucha pasion.

            Partimos hacia Nairobi, situada ya casi, en el ecuador del planeta. La primera buena noticia, es que al entrar por esta frontera, los habituales 50 euros de visado, se convierten en 25. Gran alivio!!.


La segunda, que en la ciudad, al estar en altura, el calor no es, ni mucho menos, asfixiante. El centro urbano esta lleno de hoteles baratos, restaurantes de pollo y carnicerias, que cocinan, donde te puedes dar el festin de un kilo de carne a la plancha o asada, poir menos de 3 euros.

            El caos circulatorio -y eso, que es domingo- y las constantes avalanchas de gente, que camina a gran velocidad en todas las direcciones, hacen del asfalto un entorno salvaje, donde dar o recibir un codazo, un empujon o hasta un punetazo, no tiene la mas minima importancia.
                                                                                            Namanga 
            Es de esas ciudades vibrantes, donde bendices con alegria, el momento de regresar al hotel, al comprobar un dia mas, que has llegado entero. Entonces, ya solo quedan por resolver pequenos problemillas, como la ausencia de luz y que del grifo del lavabo, solo salga un hilillo de agua.                                                                                                       Namanga 

La primera, vuelve en un par de horas. Para ducharnos, lo hacemos con la linterna y llenando con paciencia, una botella de coca cola. Resultaba imposible permanecer sin lavarnos el pelo, despues del polvoriento viaje, realizado esta manana.

            Por cierto. Nairobi es una ciudad normal. Ni anti ciudad, ni no ciudad. ¡!Que bendicion!!.

Arusha, otra ciudad anti ciudad, aunque con mucho encanto

                                                    Todas las fotos de este post, son de Arusha
Casi al principio del viaje, escribi sobre las ciudades no ciudad. Ultimamente -Lilongue, Dar el Salaam y Arusha-, con lo que nos estamos encontrando, es con ciudades anti ciudad.
                           
            El fenomeno, se percibe mucho mas facilmente, de noche, que de dia, cuando viajas en el bus hacia ellas. Empiezas a ver luces, pero de repente, desaparecen y vuelves a estar en medio de la nada y asi, repetidas veces, hasta que -en ocasiones, despues de una hora-, llegas a la terminal de autobuses.

            La primera vez, que contemplas este fenomeno, resulta algo angustioso, sobre todo, si vienes de un largo viaje. Hasta bien has entrado en la ciudad, no llegas a saber, si se trata de esta o de nucleos rurales dispersos.

            En un continente tan poco abrupto como este, parece que el terreno no es un problema y este tipo de capitales, se construyen a lo ancho y no a lo alto, dejando espacios vacios, entre unos núcleos poblacionales y otros. No es de extranar, ver a todas horas, infinito numero de cacharros -microbuses-, que conectan el centro, con cada una de esas celulas de poblacion.
                                                                             Arusha
            A pesar de ser ciudad anti ciudad, a Arusha no le falta encanto. El asfixiante calor de Tanzania, da aqui un alivio al viajero. No hay excesivo caos y la limpieza es mucho mayor, que en Dar es Salaam. Tambien es un lugar, mucho mas urbanizado, con aceras muy nuevas en algunos tramos, fosos tapados -aunque, no todos- por rejillas o losetas y farolas encendidas por la noche -solo algunas-. Eso si, tampoco escapan en este lugar, a los cortes aleatorios de luz y agua.

            Empezamos a barruntar y dado el diferente estado de conservacion, que los males de las ciudades de esta zona del planeta, son mas achacables a la autoridades locales, que al gobierno de la nacion.
 
            Hasta la policia aqui, tienen sus chalecos nuevos -de un amarillo impoluto-. Y que decir, del encantador gran mercado, inmaculado, pero con mucho encanto y donde las vendedoras, se dejan fotografiar de cerca, como replica, a un exhasperante individuo, que corre tras nosotros, la grito de, "no photo, no photo". Al menos en Arusha, no nos han intentado robar, como si lo hicieron en dos ocasiones, en Dar es Salaam.

            Solo hemos visto una agencia de safaris. Es normal, porque no hay turistas a los que venderselos. Al entrar, se nos ha encogido el corazon: 850 dolares por barba, por cuatro dias en Serengeti!!. Y se trata del safari "budget", que no incluye ni el agua. Ni siquiera trató, de vendernos el "luxury”.

lunes, 7 de marzo de 2011

Y ademas, 50 dolares de visado

Desde antes de que salga el sol, ya me despierta el canto del muecin de la cercana mezquita. Si la llamada a la oracion, no me hubiera sacado de mi sueno, lo hubiera hecho el calor insufrible, pues otra vez se ha ido la luz y con ella, el alivio que significa poder dormir con aire acondicionado, en esta ciudad donde la temperatura, no baja de 35 grados a la sombra.
                                                          Zanzibar
            Despues de ducharme -hoy si que hay agua-, salgo a recorrer las calles del centro. Todavia es pronto, pero ya oigo a los ayudantes de los minibuses gritar su destino, a pesar de que lo llevan escrito en el parabrisas delantero. Los hombres- asno tiran de carretillas, cargadas con sacos, cajas y bidones, hasta limites insospechados. Los esquivo como puedo, pero en direccion contraria, amenaza con aplastarme una enorme hilera de cajas de Coca Cola.

Zanzibar
Me aparto, con el riesgo de quemarme con las brasas del chico de las teteras., que acaba de servir unos tes a los taxistas, que ya se encargan de recordarme agresivamente sus servicios. Al mirar atras, para decirles, "no thank you", casi me caigo en una de las zanjas, que adornan las calles de esta ciudad. El sudor empapa mi cuerpo, formando junto con el polvo una masilla, que impregna mi pelo.

            Al fondo de la calle veo un oasis, en forma de bar. Me acerco sedienta y con la lengua pegada al paladar, consigo que la camarera me entienda. Parece, que no soy la unica que tiene necesidad de colmar su sed: esta lleno de lugarenos, que sentados, miran al vacio, mientras los vendedores de perfumes, calcetines, camisas, libros para aprender ingles... pasean entre las mesas, intentando colocar productos, que nadie quiere o puede comprar.
                                                                                                                                              Zanzibar 
            El sol cae de plano, cuando me decido a volver a las calles: mostradores ambulantes de fruta, maices o zumos, recorren el asfalto, indiferentes ante la turista, que  les hace una foto. Sus vecino, sin embargo, son mas atentos. Tanto, que en un descuido, quieren ayudarme a limpiar mi cartera. Consigo esquivarles.

            Creo, que despues de comer, me acercare a un ciber cercano al hotel, para comunicar a la familia y amigos, que todavia sigo viva.

            Cuando termine, me refugiare en mi habitacion, con el aire aconicionado, -si ya ha vuelto la corriente electirca-, enchufado a tope, para esperar, que manana comience un nuevo y estresante dia. Y ademas de todo, 50 dolares de visado
                                                                                              Zanzibar 

El calor asfixiante y los pelmas hicieron, que Zanzíbar no cumpliera nuestras elevadas expectativas

Dar es Salaam
Dar es Salaam es caotica, polvorienta -algunas calles del centro estan sin asfaltar-, llena de cacharros de todo tipo, que no dejan de moverse y de puestos en el suelo, que venden todo lo inimiginable, que a uno nunca se le ocurriria comprar. Paradojas de la ironia, el significado del nombre de esta ciudad en arabe, es "remanso de paz".

            A pesar de lo anterior, nosotros le hemos cogido carino. Un buen hotel -con aire acondicionado, imprescindible aqui-, a ocho euros la noche, un ciber que funciona y san Soprite para comer, tienen la culpa de ello. Tambien, los puestos de calamares y pulpo a la plancha y de pescaditos fritos, que moran junto al puerto o los bares cercanos a la estacion de autobuses, donde llegamos la primera noche y que destilan un ambiente muy animado y caluroso.

            Si, tres cosas me quedaran en la mente de Dar, son los vendedores ambulantes haciendo chocar entre ellas las monedas de 20 shillings, el ruido y la imagen de los generadores de electricidad, que hay por todas partes -la luz va y viene, a su libre albedrio- y los dispensadores de te, con teteras apoyadas sobre brasas incandescentes, como si el fuego que saliera del suelo -estamos a mas de 35 grados y con humedad-, no fuera suficiente.
                                                            Zanzibar
            Tras unos dias aqui, nos fuimos para Zanzibar, donde no hay forma de librarse de pagar tres veces mas, que lo que abonan los lugarenos, por el billete de ferry. El viaje tuvo poco de idilico: barco abarrotado y antes de partir y al encender los motores, erupcion de la chimenea, lanzando sobre el pasaje montones de hollin, que tineron nuestros cuerpos y ropa. A la vuelta nos enteramos, que por el importe pagado, podiamos haber viajado en clase VIP (una estancia con ligero aire acondicionado y donde no hay cuatro personas tiradas, por cada metro cuadrado.

            Zanzibar es bello, pero no colmo nuestras espectativas. Parte de la culpa, la tuvo el asfixiante calor y los numerosos pelmas, que te dan la lata, bien para vender, bien para entretener su desocupado tiempo. Dispone de un casco historico interesante, aunque algo descuidado y buenas playas, donde me pico un bicho, causandome una erupcion en el pecho.

                                                                     Zanzibar
            Hay decenas de turistas, pero paradojicamente, es complicado tomarse una cerveza fuera de los caros hoteles o comer, a precios no extratosfericos, si no hace en los puestos donde almuerzan los lugarenos -deliciosas patatas fritas, con ensalada por encima y pinchitos de carne-.
                             Zanzibar
            Eso si. No parece, que te encuentres en Africa subsahariana: hay alcantarillas, relativa limpieza y no es necesario esquivar a cada rato, fosos y zanjas. El ambiente es absolutamente musulman y a pesar de haber viajado mucho, aun nos choca ver bajo el hijab, piel negra como el carbon.

            Por hacer amistad -al estar enredando, como casi siempre-, conocimos a uno de los vigilantes de la casa del presidente, de este territorio autonomo de Tanzania. Con pistola en mano, le reimos todas y cada una de las gracias, que nos fue haciendo, hasta que nos dejo marchar. En esta zona del planeta, un "no english, no english" a tiempo, te salva de muchas molestias, a pesar de que no se lo acaben de creer.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Otra vez, salvados in extremis

                                                        Kyela
Viajamos por Tanzania, sin guia, mapa o plano. Nada de ello hemos podido conseguir a lo largo de los 9 paises, que llevamos recorridos en Africa. Previsiblemente, igual ocurrira en Kenia. Aunque al menos, en Dar es Salaam, internet se muestra opertativo, siempre y cuando no este cortada la luz, que es muy frecuentemente.
                                 Kyela
            Con tanta imprevision, nos embarcamos en un viaje, que nunca debimos hacer de un tiron, entre Kiela y Dar es Salaam, distantes entre si, 1000 kilometros. Para colmo, nos enganaron. Cierto es, que el bus salio a las cinco y media de la manana, pero no llegaba a las seis de la tarde, como no dijeron, sino a las diez y media.

            El detalle era importante, porque ademas de tener que aguantar cuatro horas y media mas, de las doce y media previstas, nos supuso llegar por primera vez de noche, a una gran ciudad africana, sin siquiera saber donde ir.

            Aunque el autobus no era muy incomodo, el viaje resulto una tortura, solo aliviada, por la contemplacion esporadica de elefantes, cebras o jirafas, junto a la carretera. Lo demas, paisaje aburrido, nucleos poblacionales dispersos, asidos a su pozo de agua y miles y miles de tumulos -elevaciones de la carretera-, que el conductor salta a toda velocidad, con los consiguientes botes y caidas.
                                                                                                            Dar es Salaam
            Una sola parada para orinar, en 17 horas de viaje, en la que aprovechamos para comprar pollo con patatas fritas. Menos mal, que como el vehiculo va bien cerradito -como siempre-, se suda y se suda (los blanco, claro).

            Nuestra suerte podria haber sido peor, si nos hubieros visto involucrados, en un accidente entre un camion y un autobus, que han salido muy malparados y que provoca un enorme atasco en ambas direcciones, que aun demora mas nuestra llegada.

            Finalmente y sin creerlo, desembarcamos del bus ante el peor de los ecenarios posibles: no hay estacion. Nos hallamos en un enorme garaje sin techo, apenas iluminado y con decenas de inquietos taxistas y buscavidas, pensando en nuestro dinero. Nos movemos con firmeza, aunque con cierto temor, tratando de esquivar en la inmensidad de la noche, las numerosas zanjas y fosos, tan habituales en este continente.
                       Dar es Salaam
            Las unicas luces que nos guian, son las de un enorme edificio, que parece y es un hotel, de 120 dolares la noche y con recepcionista poco amable. Afortunadamente, mas simpatico resulta el vigilante del aparcamiento. Nos gestiona transporte -que aun nos atrevemos y conseguimos regatear-, con un coche del propio establecimiento. Por 4000 shillings, el conductor nos va llevando de un hotel a otro y preguntando la tarifa de la habitacion, hasta que despues de cuatro intentos fallidos, estamos conformes con el precio, de 25000 shillings (12 euros), que nos ofrecen.

            Al lado del alojamiento -que dispone incluso de aire acondicionado, muy necesario aqui-, hay una zona de bares y pubs, donde tomamos cerveza tras cerveza, hasta las dos de la madrugada.

            La unica duda que ya tenemos, es si nuestro angel de la guarda africano, sera blanco o negro.

Nuestra seguridad, otra vez en peligro

                                                        Nkhata Bay
      Entre las peculiaridades, que mas nos chocan del caracter subsahariano, hay dos, que nos sacan realmente de quicio: por un lado, que siempre te esten ofreciendo ayuda, cuando no la pides y que, cuando realmente la necesitas, nadie te haga ni caso. Por otro, esa desagradable risita forzada y nerviosa, que exhiben, cuando se sienten contrariados o enojados por algo.

            Ambas circunstancias se unieron, sin ni siquiera salir de nuestra habitacion, durante la ultima noche en Malaui (concretamente, en Karonga). Andabamos con los preparativos previos al sueno, cuando llaman energicamente a nuestro cuarto. Contestamos y nos indican, que se trata de la policia, que viene a comprobar nuestro visado. Por supuesto, no abrimos, pero comienzan a forcejear con la cerradura, que afortunadamente, tiene tres puntos de anclaje, que protegen la gruesa puerta.
                                                           Nkhata Bay
            No obstante y como persisten, gritamos por entre los barrotes de la ventana, pidiendo auxilio, a los despreocupados clientes, de un cercano club nocturno (no nos habiamos dado cuenta de su existencia, al tomar la habitacion). Solo un desganado hombre, muestra un ligero interes por nuestro caso y nada resuelve.

            Ante la amenaza de los golpes, arrastramos la pesada y maziza cama -como todas aqui-, para colocarla de tapon, junto a la mesa y la mochila, delante de la puerta. Se dan cuenta de la jugada y tras carcajearse, desaparecen. Es muy probable, que llevaran siguiendo nuestros movimientos por el pequeno pueblo, a lo largo de toda la tarde.    Karonga 

            Poco dormimos esa noche. Mas por la musica del infecto garito -cuyo altavoz, parecia estar encima de nuestra cama-, que por el preocupante incidente. Al dia siguiente, partimos para Tanzania, donde nos recibieron con gran simpatia y amabilidad, aunque no nos perdonaron los 50 dolares del visado (aqui al menos, te permiten estar tres meses y no 14 dias, como en Zambia). Juguetear con los cambistas de la frontera y los agresivos bicitaxis -que te acorralan con sus cacharros-, resulto ya, una agradable tarea cotidiana. Malaui, quedara en nuestro corazon para siempre.
                                                     Nuestro recorrido por África meridional

Amanece un nuevo dia

                                         Todas las fotos de este post, corresponden a Nkhota Kota
Otra vez oigo al gallo cantar. Ya comienza un nuevo dia. No quiero abrir los ojos. Me gustaria quedarme aqui, para siempre, asi tumbada y dejar pasar los minutos y las horas. Mi vida es igual todos los dias. Me levanto, apenas amanece. Cargo toda la ropa sucia de la familia y me voy al lago a lavarla. Mis manos tienen los mismos callos, que las plantas de mis pies. Cuando termino con la colada, voy al molino -si tengo algo que ofrecer a cambio-, para moler los granos de maiz, que anteriormente he desgranado de las mazorcas, uno a uno.

Despues, arranco las malas hierbas del huerto, donde crecen dos raquiticas matas de tomates, que algun dia nos recompensaran con alguno comestible. Riego el suelo de tierra apisonada, para que el polvo no se pegue a la garganta, mientras comemos la mshima -insulso pure de maiz-. Cargo a mi hermano con un barreno lleno de bollos, para que los venda en la zona de la carretera, donde paran los autobuses.

Cuando los hombres vengan con el pescado, freire unos cuantos y mandare a mi nina mayor, para que se siente a las puertas del mercado a venderlos. Ya solo me resta acarrear a la espalda a mi reciente bebe y el canasto de platanos en la cabeza, para recorrer toda la aldea ofreciendolos: "bananas, bananas...",

            Solo quiero, que llegue la noche, para poder descansar y confiar en que el dia de manana sea un poco mejor. Aunque, veo reflejado en los ojos de mis hijos, la misma tristeza, que yo siento en mi interior.

Un pais y un lago, llamados igual

                                                                              Michinji
Nos han machacado las pulgas o los acaros y tenemos el cuerpo lleno de granos, que pican como guindillas. Tras dos meses y medio por Africa, algo asi tenia que terminar ocurriendo. Peor lo ha pasado un norteamericano -que viaja, junto a su novia chilena-, que encontramos ayer, en Nkhata Bay. Cogio tifus en Angola, donde estuvieron unos meses, como cooperantes. Dicho pais, segun aseguran, esta en unas condiciones higienicas y sanitarias, muy deficientes y las ciudades se hallan medio destruidas, tras la guerra. Una pena, porque es una nacion, que posee muchos recursos naturales.
                               Michinji
            Por lo demas, nuestra estancia en Malaui, esta siendo placentera y tranquila, en uno de los paises mas baratos del mundo, salvo en la comida, donde al margen del desabastecimiento de casi todo lo que no sea maiz, coca cola, cerveza, snacks y dulces, los precios son mucho mas caros, que en Espana (hasta a 50 euros, hemos visto el queso de bola).

            Ingresamos al pais, por Mchingi, una localidad, con mucho encanto y ambiente, donde nos empapamos de su vida cotidiana y de la simpatia y hospitalidad de la gente (especialmente, los ninos).
                                                      Michinji 
            Lilongue -la capital-, es la ciudad anticiudad. Esta llena de rotondas, zanjas, fosos y calles sin asfaltar, por las que hay que hacer, autenticos trekkings. El trafico es caotico. Sin embargo, cuenta con dos extraordinarias mezquitas y varios acogedores mercados.

            Desde alli, nos dirigimos al lago Malaui. Primero, a Nkhota kota, que nos ha enamorado, por su extaordinario mercado -sobre todo por la noche, cuando venden a la luz de las velas y estan en su maximo apogeo, los bares tradicionales y los del chibuku- y el salvaje acceso al lago, donde se pueden contemplar con calma, todas las labores diarias de la pesca.

Unos ninos lavan la ropa en el agua, mientras otros, tiran de las redes a traves de una cuerda, que los mas pequenos van recogiendo. Las ninas esperan con el barreno, para recoger los chambos -el pez mas famoso del lugar- u otras especies. No muy lejos de alli, se realizan las labores de secado del pescado. En Nkhota kota, nos sentimos como los Beckan, siendo saludados a cada paso y a cada instante, por la alegre poblacion local.
                     Nkhota Kota
            Un par de dias despues, nos fuimos a Nkhata Bay. El pueblo no vale mucho, aunque las vistas del lago son bonitas y la cercana playa de Chicale, parece sacada de una estampa caribena. A pesar de ser de agua dulce, hay oleaje, que a veces, puede llegar a generar olas, de hasta cinco metros. Mas de 500 especies de peces, moran en este habitat, en el que es bastante frecuente, hacer snorkel, por parte de la mayoria de los blanquitos, que llegamos.

            Nuestro siguiente destino, fue Mzuzu, un lugar tan insulso, como agradable por su moderada temperatura. Tras visitar Karonga -a 30 kilometos de la frontera-, abandonaremos este maravilloso pais, rumbo a Tanzania. A ver si alli, volvemos a beber agua, porque en Malaui no sale a cuenta, comparado con el precio de la coca cola, la cerveza y hasta del mismo guisqui.
                                                                                           Nkhota Kota

La vida vista desde una bicicleta

                                                          Luangwa
Entrar en Malaui ha sido un soplo de viento fresco. Ya no solo, porque te permitan tomar algo de aliento, al no cobrarte visado, sino porque hemos vuelto a ver a los ninos sonreir y al mundo -aunque con sus cosillas de siempre-, no estar enfrentado consigo mismo, en batalla fratricida.

            La ultima reyerta que tuvimos en Zambia, fue con los cambistas de la frontera. Tambien nosotros, siempre nos vamos a hacer "bussines", con lo mejor de cada casa. No solo nos querian enganar con el cambio, sino quedarse con parte de nuestro dinero. Y todo ello, ante la atenta y pasiva mirada de la policia. Pero, con cuatro gritos lo arreglamos, recuperamos el peculio y de repente, aparecio un tipo, que nos dio mejor tasa de cambio que en el banco, para nuestras kwuachas zambianas sobrantes.
                            Chipata
            La penultima, tuvo lugar en el hotel, donde nos despertaron a las 6,45, para preguntarnos si nos ibamos a quedar una noche o si no avisarnos, de que el check-out era a las ocho. A lo primero, ya habiamos contestado el dia anterior. A lo segundo, ni preguntamos, ya que habiamos visto un cartel, en el que se indica, que el horario de la salida es a las diez y media.

            Comprensible es, que te quieran estafar los buscavidas de la frontera. No asi, todo lo que vieron ayer nuestros ojos, antes y durante el viaje, que nos llevo desde Lusaka a Chipata.

            Como siempre y para hacer cualquier tramite -en este caso, la compra de los boletos del bus-, te rodean ocho negros. El vehiculo sale, con tres horas de retraso, hasta que no cabe en su interior, ni mas pasajeros, ni mas mercancia. En tres ocasiones, pedimos la devolucion del dinero.
                                                                                                Chipata 
Mas que por el retraso, estamos indignados, porque como son 10 empleados los de la compania y no tienen nada que hacer y se aburren, se decian a reirse de nosotros, pronunciando nuestros nombres burlescamente o simulando peleas, mientras nos van acorralando por toda la estacion, para luego, partirse de risa. Ni sacando nuestro peor caracter, conseguimos que se inmuten o que nos reintegren el importe pagado (que por cierto, no es bajo). Anteriormente, habian intentado sacarnos tres euros, por subirnos el equipaje al vehiculo: naranjas de la China!!.
                                                                                                                                                                        Chipata 
            A los cinco minutos de partir, paran en una gasolinera, donde nos bajan a todos, mientras se abastecen de gasolina -de nuevo ocho negros, rodean al que la dispensa- y no nos dejan subir, hasta media hora despues.

            A la hora de camino, un perro cruza la carretera y sin frenar o hacer sonar el claxon, el conductor le embiste con el potente parachoques, ante nuestro horror, al contemplarlo desde la primera fila. Al subnormal, no se le ocurre otra cosa, que reirse.  A lo largo del dilatado periplo, estan a punto de correr la misma suerte, un ciclista, un nino y decenas de despistadas cabras.

            Llegamos ya exhaustos y de noche y al bajar del bus, casi nos aplastan los agresivos taxistas. Sin embargo, Chipata por la manana, es bastante distinta de Lusaka. Comparte con ella, un extraordinario mercado, aunque aqui la gente -sin ser amable-, la menos no es hostil.

            Esta poblacion, como su vecina Michingi -ya en Malaui, a unos cuarenta kilometros- pueden ser probablemnte, las que dispongan de mayor numero de bicilcetas per capita del planeta. Se utilizan para todo: el autotransporte, el de otros pasajeros -las mujeres, siempre van sentadas de lado-, el de mercancias -todas las que se puedan imaginar- y el de las dos ultimas cosas juntas: ciclista, con senora detras y esta, con un saco de maiz encima. Resulta impresionante, contemplar la destreza de transportadores y transportados.
                                                                                                     Chipata 
            Llevamos solo, unas pocas horas en Malaui y ya hemos hecho mas de 30 fotos -la media diaria es de 13. La gente es aqui, maravillosa. Adios a Zambia para siempre!!.